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6 min
Los triángulos rosas
Drama |
13.11.14
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Sinopsis

Durante la segunda guerra mundial los nazis impusieron los triángulos de colores en los campos de concentración para marcar a los individuos que creían inferiores.

Ha venido Adolf Hitler a Munich y todo el cuartel lo ha recibido con los brazos abiertos. Es de mi quinta y lo conocí de joven cuando empezó a hacer los discursos incendiarios en contra de los judíos, los comunistas y…los homosexuales. Nos ha dado una arenga donde el 80 % de los insultos y descalificaciones han ido a parar a los semitas pero ha repartido para todos. Himmler a su lado asiente con la cabeza y sonríe con una expresión de satisfacción. El es mucho más homófobo que el propio Hitler. Está en casa y sabe que Munich es una ciudad pionera en el auge del nazismo, por no decir que fue donde empezó todo. De hecho Dachau fue el primer campo de concentración que se construyó. En ese campo vi los primeros triángulos de color rosa, pertenecientes a los homosexuales. Una vez escuché jocoso a un oficial diciendo que a esos se los cargaban enseguida. Los judíos aún trabajaban pero algunos bujarrones eran más débiles que mujeres y se burlaban de su forma de caminar como un pato mareado, sus voces aflautadas o su amaneramiento. Solo pensarlo siento escalofríos.

Al hablar de los homosexuales me coge un calor repentino y un nerviosismo súbito que deseo disimular. Adolf los detesta tanto como los judíos y quiere exterminarlos. Avisa que no tolerará un episodio como el de Ernst Röhm que acabó con la matanza de los cuchillos largos no muy lejos de Munich y que cortó de cuajo el vicio que se movía entre jovencitos de las juventudes Hitlerianas  y altos cargos y oficiales nazis  que debían dar ejemplo. Adolf quiere que procreemos hijos con mujeres arias para que crezca un ejército de seres perfectos y superiores, con los rasgos nórdicos y el carácter que los alemanes llevamos en nuestra sangre desde tiempos remotos y que nos han dado una idiosincrasia líder y naturaleza arrolladora y luchadora. Considera a los homosexuales como personas débiles, poco luchadoras y encima malgastan su simiente en vano. Todos los allí presentes nos miramos de reojo. Escuchamos aquel sermón en silencio y muchos asienten como si refrendaran cada una de las palabras que suelta nuestro Führer.

Yo me siento inquieto, tengo el estómago revuelto. Mi cerebro está travieso y me proyecta unas imágenes íntimas entre mi amante y yo… Ambos estamos en la cama, amándonos con pasión, nuestros genitales se frotan y el placer es excelso, sublime. Nuestras bocas se devoran, las lenguas se tocan primero tímidamente y luego con insolencia. Yo lo penetro, él me penetra y de las dos maneras alcanzamos los respectivos orgasmos que nos dejan sudados y exhaustos. Me coge una tos nerviosa y más de uno me lanza una mirada asesina porque a pesar que Adolf grita como un descosido, les molesta que rompa la concentración. Me levanto porque no puedo detener aquellos esputos y corro al lavabo donde bebo agua y me lavo la cara que estaba roja por la dichosa expectoración. Me miro al espejo y me siento abatido. Tengo náuseas en la barriga y quisiera vomitar todo para que deje de subirme por la garganta aquella bilis amarga que me impregna la boca de un hedor fétido. Cuando vuelvo al auditorio, noto la mirada directa de Adolf que no le ha gustado que lo despistara y cientos de cabezas se giran y me acribillan con sus ojos fríos y despiadados, igual que el jefe.

Himmler ha propuesto un sistema de colores para identificar a los indeseables, los que deben ser exterminados como cucarachas y sin piedad, ya que como los parásitos no hacen más que vivir de los demás y succionarnos la sangre y la energía. Los que no son alemanes dignos y trabajadores deberán llevar un triángulo y según el color se podrán identificar rápidamente. Los amarillos para los judíos, los rojos para los comunistas…y los rosas para los homosexuales. De pronto he visto una imagen de Hans luciendo en su camisa azul cielo, un triángulo amarillo por su condición de judío y otro rosa. ¿Y los nazis homosexuales? Porque puedo asegurar que no soy el único. Todos escondemos nuestra naturaleza, algunos están casados y de vez en cuando lanzan una cana al aire. Otros son unos reprimidos que se contienen a base de pajas  y fantasías y luego están los de mi tipo que nos llaman asexuados porque solamente vivimos para el trabajo y la obligación y ni siquiera perdemos cinco minutos magreándonos a nosotros mismos. Si ellos supieran la verdad…ya tendría la soga en el cuello o a un pelotón de fusilamiento apuntándome.

Mientras degusto unos tacos de salchicha y bebo una cerveza, miro a mis compañeros que le hacen la pelota al Führer. Nunca lo he visto sonreír, aunque me contaron que solamente muestra su cariño con Blondie, su perra pastor alemán y los hijos de Goebbels al que llaman tío Adolf, pero que con la gente es áspero y seco. No es todo agua clara, pues corren los rumores que el propio Adolf dejó escapar a un amigo judío y que  su novia Eva Braun tiene sangre judía. En el fondo todos tenemos miedo. Es un solo hombre que tiene hipnotizado a millones de alemanes y de momento nadie le planta cara, todos le siguen como ovejas obedientes. Yo creía a pies puntillas sus primeros discursos pero ahora…ahora es diferente porque me estoy enamorando y mi corazón por primera vez en la vida domina al frío y calculador cerebro. Estoy perdido.


 

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Me hubiera gustado ser periodista porque desde pequeña ya me gustaba crear cuentos y relatos. Escribir es mi bálsamo y mi oasis en los malos momentos y me ha ayudado a salir de muchos baches. Esta web me colma de felicidad tanto por poder escribir como que seas leída. GRACIAS A TODOS.

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