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8 min
LSH: SELENE. CAPITULO 3
Varios |
17.03.14
  • 0
  • 0
  • 2009
Sinopsis

Cuarta entrega de LSH: Selene.

Capítulo 3: Entre animales y un mago errante, se esconden algunas verdades

Dayanna toma un bocado  absorta  en sus pensamientos. Sobre ella se posan constantemente las miradas de muchos hombres, pero ella ni siquiera lo nota. Le intriga saber que ha pasado con Elisa. Tom, su halcón, regresó en la mañana teniendo en su pata la misma nota que ella había enviado. No encontró  a Elisa. Algo malo pasó, y eso significa que tiene que ir a Selene. Toma otro bocado y alza la mirada percatándose de la presencia de una mujer con el rostro cubierto por un velo. La joven también le mira. Sabe inmediatamente de quién se trata. Conoce muy bien esos ojos color café. ¿Qué hace la princesa aquí? Nohemí también parece reconocerla. Se levanta de la silla y camina hacia ella. Cuando se encuentra a un par de pasos de la mesa, ve a un hombre posar su mano sobre el hombro de Nohemí. Conoce a ese hombre. Es Jared. Aquello le sorprende mucho, pero logra disimular y en lugar de detenerse al llegar hasta Nohemí, sigue de largo hasta  la barra. Desde allí ve como Jared toma la mano a la joven princesa y la saca del lugar.

Dayanna decide seguirles.  

Los sigue hasta un callejón cerca de la taberna. Les encuentra abrazándose muy cariñosamente, ella alza su rostro y él se agacha para besarla. Ella sonríe. Platican sobre algo que Dayanna no alcanza a escuchar. Nohemí se altera y al poco rato comienza a llorar. Él la consuela. Dayanna arquea las cejas. La hechicera permanece vigilándolos durante poco más de unos minutos, hasta que se aleja, a la espera de que Nohemí regrese al castillo. Desea hablar con ella y conocer que le sucede, y sobretodo saber sobre su relación con Jared.

Al cabo de varios minutos, Nohemí sale del callejón y se aleja de la taberna apresuradamente. Dayanna le da alcance.    

- Hola Nohemí. –dice Dayanna. La joven princesa parece no escucharle. O hacerse la que no escucha, piensa Dayanna.

- Sé que eres la princesa.

- ¡Por favor no me delates! –ruega la joven volteándose a mirarla.

- No lo voy a hacer –dice Dayanna-. Tranquila. ¿Me recuerdas? Soy amiga de tu prima Elisa.

- Sí –responde-. Recuerdo haberte visto un día en el castillo. ¿Has sabido algo de ella?

- No.

- La extraño.

- Supongo que es así.

- Te acompaño hasta el Castillo –se apresura a decir Dayanna-. No es bueno que andes sola a estas horas.

- Gracias –dice Nohemí ofreciendo una cálida sonrisa.

Las jóvenes avanzan en silencio a través del camino de piedras hacia el castillo en lo alto de la colina. Nohemí es la primera en hablar.

- ¿Me reconociste en la taberna verdad?

- Así es –responde Dayanna-. Y también te vi con Jared.

- ¡No le digas a nadie por favor! –dice deteniéndose-. Si se enteran, me matan.

- No diré nada. Tienes mi palabra.

- ¿De verdad? –dice Nohemí dubitativa.

- De verdad –dice la hechicera-. ¿Cómo lo conociste?

- Estuvo un día en el Castillo, trabajando en la cocina. Desde que lo vi, me enamoré.

Dayanna percibe el brillo en sus ojos de la ilusión que produce el amor. Aquello le produce indignación. Pues sabe quién es Jared. En ese momento desea decirle que él es un mujeriego. Decirle que incluso ha tratado de seducirla a  ella misma. Pero calla, pues sabe que es una locura decir aquello. Apenas está conociendo a Nohemí. No le creería. Además, Dayanna sabe que el amor es capaz de hacer que nosotros mismos nos engañemos, y creamos en mentiras.

Mientras las jóvenes continúan caminando sobre la colina, Nohemí se anima a contarle a Dayanna su miedo de convertirse en reina de Solland.

- ¿En cinco días?

- Sí Dayanna –responde-. ¿Crees que podría ser una buena reina?

- Creo que puedes llegar a ser buena en todo lo que te propongas.

- ¡Gracias! Eres muy buena.

Dayanna le sonríe con ternura.

- Oye, ¿qué te parece si mañana vas al castillo? –dice Nohemí entusiasmada-. En el castillo todo es muy aburrido Serás mi invitada de honor.

- Me encantaría ser tu invitada. Pero no voy a poder –dice Dayanna haciendo pucheros-. Estaré fuera de Urbem por unos días.

- ¿Adónde iras?

- A Selene. Voy a visitar a tu prima.

¿En serio? ¿Puedes mandarle un mensaje de mi parte?

- ¡Claro!

- Dile que por favor vuelva pronto. Que la necesito aquí.

- Se lo diré.

La niña y la mujer se mantienen calladas el resto del camino. Dayanna observa a Nohemí, inocente, pura, llena de inseguridades. Su baja estatura y su delgadez parecen confirmar aún más la fragilidad de su alma.

Al llegar al castillo, Nohemí le muestra a Dayanna un pasadizo secreto.

- ¡Ay Dios! ¿Cómo descubriste ese túnel?

- Mi padre me lo enseño.

- Debes quererlo mucho…

- ¡Sí, lo amo!

- Debes ser fuerte Nohemí.

- Lo intento.

- Cuando regrese, espero seguir siendo la invitada de honor de por la entonces ya reina de Solland. Y poder ser amigas.

- ¡Sí! –Dice Nohemí-. Creo que podemos ser buenas amigas.

Dayanna se despide y camina de regreso a su hogar. Desde la colina puede observar el lago al este del castillo. La Luna se ve reflejada en sus aguas. Aquel lago le trae recuerdos melancólicos. Sus pensamientos vuelven a Nohemí. Le preocupa dejarla sola. Necesita estar allí, cerca de ella. Evitar que Jared le haga daño. Después de todo no puede permitir que cualquier idiota le haga daño a su media hermana.

*****

Por fin estaba allí, en Selene. Donde su felicidad comenzó y terminó. Donde también comenzaría su venganza.

Alberto ve su reflejo en las aguas del río. Una barba descuidada, cabello largo alborotado. Mirada fría, dura, vacía. Lleva días caminando. A veces como un gato, otras veces como un lobo. Pronto pondrá fin a quien le causo tanto daño. Escuchó  rumores de la presencia de una bruja en Selene. Una mujer fue  convertida en chigüire. Tiene que tratarse de aquella bruja, la misma que le arrebató su felicidad.

Detrás de la enfermedad del rey también deben estar los conjuros de aquella mujer. Algo debe tramar, pero aquello no le preocupa en lo absoluto. Si de él depende, que los humanos se vayan al infierno junto a los hechiceros. Le importa un bledo Solland.

Mientras sigue viendo su reflejo en el agua, Alberto reza unas palabras y su cuerpo escuálido se transfigura en un gato. Siente dolor en cada transfiguración, pero ya está acostumbrado. Su magia multiforme cada día deteriora más su salud y su cordura. El uso de esa magia prohibida le recuerda eternamente a ella. La que fue y ya no es.

Y allí está de nuevo. Selene, la de los techos azules, la ciudad de los ríos, los cultivos, las  haciendas. A pesar de todos los años que han pasado desde la última vez que estuvo allí, la ciudad no parece haber cambiado mucho.

Alberto en su forma felina avanza con calma, anónimo para el resto de las personas, a excepción de una joven que le observa con extraña fascinación.

- ¡Un gato! –dice la joven pequeña y de tez morena acercándose. Alberto trata de salir corriendo tan rápido como sus cuatro patas se lo permiten, pero entonces unas manos toman su pequeño cuerpo de gato.

- Deberíamos adoptarlo Michel –dice una voz masculina-. Es raro ver gatos aquí en Selene.

- ¡Sí! –dice la mujer emocionada-. ¡Me encantan!

- Decidido entonces, es tuyo.

- Gracias Gabriel –dice ella. –Debo pensar  un nombre.

Demonios, no debí cortarme las uñas ayer, se dice Alberto tratando de zafarse, pero las manos del hombre le aprietan con firmeza. Sin posibilidad alguna de hacer magia en público, al mago no le queda otra opción más que resignarse. Desde los brazos de Gabriel, Alberto observa como otra joven se acerca a ellos.

- ¿De dónde sacaron a ese gato?

- Estaba en la calle –responde Gabriel.

- ¡Amiga es lindo!

- Si Michel… -dice la mujer-. Qué enfermedad…

- Teffy si pudiste querer a una chigüire, puedes querer a un gato –dice el hombre.

- Es diferente. Alejandra no tiene la culpa de que le convirtiesen en un animal. Sigue siendo una persona.

- A Alejandra le va a encantar como a mí –dice Michel.

- Sí, pero si a mí me dejas sola con ese gato, lo boto.

Los magos antiguos jugaban a favor de Alberto después de todo. El destino lo había llevado hasta las personas adecuadas. Debía conocer a Alejandra y saber quién la hechizó.

Los magos antiguos parecen apoyar su venganza. Como agradecimiento, Alberto ronronea.

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  • Una simple reflexión de la vida diaria.

    Pensamientos que fluyen un domingo por la tarde...

    ¿Sueño cumplido?

    Tercera parte del cuarto capítulo. Octava entrega de la historia.

    Previamente: Elisa viajó a Selene en busca del Libro de Hechizos, teniendo que huir a Ciudad Carmesí al presenciar un homicidio y descubrir que la Magister Lenrys es una hechicera. Esto obliga a Dayanna a viajar a Selene en busca de Elisa, encontrándose en la ciudad con un curioso gato negro. Mientras tanto en Urbem, Nohemí está a punto de ser coronada como Reina de Solland.

    A veces debes aprender a decir adiós...

    Y quizás haya alguien que comprenda el significado de las alas, y del ronroneo. Y quizás alguien ignore lo que esconden algunas letras. Lo siento, no tiene un final feliz, dependiendo desde la perspectiva que se le mire.

    Historia de la creación de los Sehrli. Perteneciente al mundo de LSH: Selene.

    Quinta entrega. Un capítulo de descubrimientos y acción.

    Historia escrita en conjunto con la usuaria y amiga "Ann", con la cual me alternaré la publicación de cada capítulo de esta historia. Espero les sea de agrado. Ella y él. Él y ella. Platicaban todas las noches. Se deseaban buenos días, todos los días. Sus conversaciones estaban llenas de emociones y sensaciones gratificantes, de palabras bonitas y promesas. Se extrañaban el uno al otro y podría decirse que se querían. Pero… no se conocían. ¿Qué eran ellos? No eran pareja absolutamente, tampoco amigos. Pero a la distancia, algo especial los unía. Cada día ese sentimiento que los unía creció y creció hasta que las ganas de conocerse fueron más. Ella y él en dos mundos diferentes. Ella lo tiene todo, él tiene poco. Pero él tiene lo que a ella nadie le ha dado. Y ella tiene lo que él jamás ha conocido. ¿Será más fuerte el amor? ¿O las diferencias? Son ella y él, queriendo ser ellos, queriendo estar juntos, en un amor nacido en una red social. Viviendo un amor en tiempos de redes sociales.

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24 años. Amante de las letras, de la música, del arte, de las personas, y de la vida.

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