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4 min
Mal sueño
Drama |
08.11.17
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Sinopsis

Soñar con estar desnudo frente a una multitud es un sueño muy recurrente. Pero la realidad suele ser mucho mas dura.

Hace una eternidad, solía tener un sueño recurrente.

Estaba en una fiesta, o en un gran salón atestado de gente. De pronto al bajar la vista descubría que tenía los pies descalzos. Eso no era lo peor. Al seguir contemplándome, veía que estaba en ropa interior. Algunas veces, completamente desnudo.

Entonces me daba cuenta que la multitud me estaba observando y se reía abiertamente de mí. No encontraba nada con que taparme, ni lugar donde esconderme. Desesperado, divisaba una puerta al fondo del salón; corría hacia ella pero al tirar del picaporte no podía abrirla. La vergüenza era terrible y me despertaba sudando y tan agitado que me costaba volver a conciliar el sueño.

Pero bueno, aquello me pasaba en los buenos tiempos. Hoy en día ya no tengo tales sueños; creo que quien vive diariamente en una pesadilla no se da el lujo de soñar por la noche.

Por entonces yo tenía un buen pasar, a qué negarlo, y podía permitirme pagar unas horas de terapia a la semana, para desarrollar ese y otros temas problemas.

Por lo que aprendí en las sesiones, soñar con estar desnudo en público puede representar nuestra timidez y nuestro temor a que descubran quienes somos en realidad. El hecho de avergonzarnos de estar despojados de ropa, representa baja autoestima, miedo a tener que enfrentarnos a nuevas situaciones o personas y el pánico a hacer el ridículo o actuar mal ante ellos.

Es un sueño muy común entre la gente. El brillante consejo que me dio el profesional fue ignorar el tema. Traté de tomar el asunto con naturalidad; sin embargo las pesadillas volvían esporádicamente.

Transcurrieron varios años, hasta que la gran guerra llegó a las puertas de mi ciudad.

La calamidad. La persecución. Perdí mi casa, mi libertad, mis derechos. Al tiempo, mi colectividad había sido trasladada en masa a un ghetto. Los padecimientos y privaciones que sufrí allí fueron terribles. Pero ya lo dice el dicho: “Cuando falta manteca para el pan, todavía no es necesidad”.

Hace unos días nos metieron a cientos en un tren de carga. Viajamos durante horas sin luz, apretados y asfixiados, hasta este complejo en donde me encuentro ahora. Creo que somos mucho más de mil, hacinados en grandes tienda de campaña junto a polacos, rusos, húngaros…

Esta mañana los guardias nos levantaron de la cama bien temprano. Se hizo una selección y fui separado de los demás en un grupo aparte. A los empujones y golpes fuimos llevados hasta una vieja barraca. Nos ordenaron a los gritos que nos quitáramos ropa y pertenencias y colguemos todo en unos percheros numerados.

“No olviden su número -gritaban los guardias-, no olviden el número donde dejaron sus cosas, para poder recogerlas luego”.

“¡Vamos, rápido -me apremió alguien-, sácate todo de una buena vez, hombre!”

El sueño recurrente volvió a mí: verme desnudo frente a una multitud.

Desprotegido, patéticamente flaco y famélico, expuesto ante la mirada y las risas de los demás.

Fui incapaz de quitarme nada.

Miré a mi alrededor. Ví que varios más también se resistían, hasta que los guardias empezaron a amenazar y golpear con bastones de madera.

Finalmente todos obedecimos.

Yo debo haber sido el último.

Y tal como en mis sueños recurrentes, me encontré completamente desnudo frente a la multitud…

Solo que esta vez la multitud también estaba desnuda.

Y yo, uno más entre todos, no era el centro de la atención de nadie.

Algo extraño ocurrió en ese momento…

Todos bajamos la vista al suelo, en un empático gesto de vergüenza universal… como obedeciendo un pacto secreto previo…

“Vamos, entren  –vociferaban los guardias empujándonos al fondo de la barraca, hacia una pesada puerta de metal-, entren a las duchas”

¿Duchas?

Yo sabía muy bien que una vez allí dentro, no habría ninguna ducha esperándonos.

Pero todo era como en una de mis viejas pesadillas.

Y como en un mal sueño, entramos.

 

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