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7 min
¡Maldita Inspiración!
Fantasía |
07.10.08
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Sinopsis

Este relato lo publiqué en tusrelatos.com hace más de un año y tras el ''problema'' que surgió con ciertos relatos me vi obligada a eliminarlo. En su momento recibió unas valoraciones que ahora no puedo rescatar, pero me decido a publicarlo de nuevo para compartirlo con todos vosotros.

Se oyó el eco de una sirena en la lejanía y la luz se apagó.
El inquietante brillo de un par de ojos atentos, rompía la oscuridad de la habitación.
Fijamente, me observaban como hipnotizados. Parpadearon un instante. Al instante siguiente, ya se adivinaba una mirada más sosegada.

Dibujé dos garabatos sobre el papel.
"¡Maldita sea!"
¿Cómo podía a mano alzada caer siempre en las mismas monótonas curvas...? ¿Qué maleficio o infortunio, dirigía mis impulsos, atándolos a figuras fijas en mi mente?
Doblé el papel en tantas partes como me lo permitió la fuerza de mis manos. Maldiciendo mi mala dicha, lancé el papel rasgado con toda mi ira y éste se elevó casi rozando el techo, para descender danzando lentamente, como los copos de nieve, y depositarse cubriéndolo todo.
Me levanté y recorrí el perímetro del cuartucho, cuya estructura conocía al milímetro, tanteando las paredes y palpando cada rincón.

"¿Te preguntas qué es lo que hago pero te quedas ahí, latente, inmóvil, retando a mi paciencia limitada y al mismo Cronos que confabula en mi contra? ¡Increíble...!"

Pude advertir los ojos entornándose en señal de desaprobación.

Revisé toda la superficie hasta dar con lo que buscaba. Sin duda aquel era uno de mis mejores esbozos, aquel al que siempre recurría en momentos de sequía.
Lo redibujé mentalmente, a la vez que intentaba alimentar el ingenio afligido con una lluvia de ideas absurdas. Ninguna llegaba a germinar, ninguna me hacía sentir el escalofrío de la ocurrencia, ninguna podía hacer saltar la chispa que me desvelaría toda la noche hasta asegurar terminada mi creación.

"Tú solías formar parte de éste, mi inhóspito mundo, colaborando en lo que era menester y acariciando mi pelo cuando la jaqueca venía. Frecuentemente, me inspirabas de tal modo, que hasta el más azul de los cielos se quedaba pequeño para ser mi lienzo. ¡Ahora me observas integrada en la oscuridad, sin siquiera hablarme, te desvaneces...! ¡Y yo intercambiaría mi tuerta visión y mi luz del sol, por ese recóndito paraje desde el que tan apaciblemente me vigilas, negro como el azabache y de grano fino como la pizarra...la pizarra sobre la cual componía!
Déjalo. No quiero que me acompañes más. No puedo soportar el saber que ahí estás y que no puedo poseerte. El saber que con tu lengua serpentina murmuras a mis espaldas y que las figuras para las que fuiste molde, se han fundido en el calor de mi rabiosa agonía, como la cera..."

Cubrí el dibujo con la palma abierta de mi mano, como queriendo absorber toda su energía. Cerré los ojos. Una lágrima se descolgó por mi mejilla y estalló al tocar el suelo. Agarré otra hoja y la desafié con la pluma. Tracé una línea, luego otra y otra más. Nada. Aquella sensación me apesadumbraba enormemente. Ver cómo paría mi mano un conjunto de formas y sombras sobre el papel, que solo pretendía llenar ese hueco vacío. Para nada lograba asemejarse a lo que, continuamente, se anunciaba en mi mente tal que si de la genialidad más brillante se tratase. Lloré como un niño malcriado, gritando, pataleando, gimiendo. Sentí la mirada punzante en mi nuca y, por primera vez, deseé no haberla conocido nunca.

"¿Qué es lo que quieres de mí? ¡Responde! ¿Qué es...qué puedes exprimir de mi carne, si no soy más que hueso y sangre reseca?, ¿qué ansías aprovechar de mi mente si ya no recuerda, la muy bastarda, la última vez que sintió estímulo alguno...? ¡Tiernos ayes se compadezcan de mi miseria y me devuelvan la fe que me ha sido arrebatada!"

En semejantes circunstancias era inviable el seguir explotando inadecuadamente los sentidos, pues adulterados con el brío de mi enajenación, se perdían en cuestiones banales para eludir el esfuerzo requerido.
Me encendí un cigarro y dejé que el humo encapotara la habitación. La niebla de nicotina y alquitrán me drogaba, acentuando el brillo de los luceros todavía expectantes.

Con cada calada a la muerte dada, me apaciguaba y olvidaba de mis propósitos. Pensaba lo grandioso de poder prensar la desgracia en un cilindro tan pequeño, del dolor que se clavaba en el pecho y daba agudos coletazos, de lo maravilloso que sería transformar todo aquello en esa pieza anhelada.

"Ya sé que mi valor es elevado y que ya tengo obras que valen su peso en oro o diamante. ¿Y ahora me aconsejas? ¿Por qué lo haces? ¿Por qué me abandonas cual golondrina deja las zonas frías, para dejar que me axfisien las arenas movedizas de mi cordura? ¡Te necesito tantísimo, mi musa, mi todo! Me matas lentamente con tu intermitente existencia, que ahora me hace la miel en la boca con grandes éxitos, luego me deja solo para que corra en círculos queriendo morder mi cola y más tarde me compadece; una de cal y otra de arena!"

Apreté el pelo sudoroso con la mano y me froté la cara. La oscuridad rota por unos ojos atentos, me inquietaba...
Me abalancé hacia ellos, pero los atravesé como se atraviesa una caracola de humo de las que fluctuaban sobre mi cabeza. Caí al suelo.

La vela de la mesita no tardaría en consumirse y mi frustración no tenía trazas de desparecer.
De pronto, la mano comenzó a girar, y subir, y bajar, y volver a voltearse, para crear la más bella imagen a la que jamás yo hubiera dado vida. Fue expontáneo, impredecible, placentero, mágico, místico, desgarrador...
Lo coloqué junto a la que era la preferida. Juntas lucían tan bien que abrumaba el contemplarlo. Aquellos ojos se alegraban conmigo y se intercalaban cerrándose en sucesivos guiños.

"Gracias, mi fiel amiga, gracias. Yo nunca dudé de ti, tan solo...tan solo decidí revelarme contra el mundo, pues es la deseperanza mi mayor recurso expresivo. En mi vida siempre has estado tú, de incombustible presencia, y jamás he conocido de ti algo a parte de esa mirada. Esa a través de la cual filtro el mundo y lo magnifico como una lupa. Y quemo papel, y arden las ideas, y siempre acabas por sucumbir ante mis ruegos.
Es algo que solo alguien como yo conoce. ¿Un loco? Quizás. ¿Un artista? Nunca lo sabría si no fuera por tu supervisión, porque amada INSPIRACIÓN que me vacilas:

Te quiero tanto como a mí misma, nada haría sin ti más que llenar papeles con fruslerías sin sentido, que a ningún alma llenarían ni emocionarían...Así que este encierro que me toca vivir, en esta celda que unos llaman consciencia de la realidad y yo defino como real inconsciencia, sabré esperarte siempre aunque me hagas sufrir, aunque te busque y no te encuentre..."

"La inspiración es enemiga de la mente creativa"
[Dedicado a mis compañeros autores, porque sabéis tan bien como yo lo que es esa mirada, que nos otorga inspiración pero impasiblemente nos lleva a la locura]
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