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11 min
Mañana podría ser tarde
Drama |
29.01.15
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Sinopsis

Adrián es un joven se reencuentra con su ex novia después de dos años, pero lo que no sabe es que ella ya no está como antes, pues está enferma.

                                                                                                               Mayo, 2010        El timbre de Sara sonó. 

-Voy. 

La joven bajó las escaleras y se acercó a la puerta, se detuvo frente a la puerta y respiró. Estaba agotada. Después de un segundo abrió. Era Adrián, su novio. 

-Hola Adrián-Dijo con una frágil sonrisa. 

Él parecía muy enfadado. 

-Tenemos que hablar-Espetó. 

Ella le hizo una señal para que pasara. Ambos se sentaron en el sofá y se miraron fijamente. 

-Sara he estado dándole vueltas a lo nuestro y..No lo veo claro, ¿sabes?

Ella bajó el rostro.

-Ya no eres la de antes; ya no sales, nunca tienes ganas de nada, apenas nos vemos...Incluso te ha cambiado la cara, mírate, estás..Estás como enferma.  

-Adrián todo esto tiene una explicación.  

-Y encima-Apuntó él, ignorando su comentario- ayer te veo por la calle como si nada, justo antes de decirme que no puedes ir a verme porque estas ocupada estudiando. 

Sara rompió en llanto. 

-¿Se puede saber qué te pasa?-Dijo él alzando la voz- eres otra. 

Ella le miró fijamente a sus ojos verdes.

-No lo sé-Contestó volviendo a sollozar.

-Tú no eres la Sara de la que me enamoré, por lo tanto no voy a seguir con esto. Lo siento. 

Y con esas dos palabras, Adrián desapareció de su casa. A pesar de su enfado, no dió ningún portazo, tan sólo cerró la puerta suavemente, y se marchó en su moto. Él también parecía triste, pero no tanto como Sara. 

Ella, dándolo todo por perdido, se limitó a apoyarse en la ventana, y dejar caer unas enormes lágrimas por sus mejillas. En un momento, su frágil cuerpo se desplomó, como un peso muerto, y cayó al suelo, aún llorando y comenzando a temblar cada vez más, hasta que aquellos temblores comenzaran a convertirse en fuertes convulsiones. 

Su madre Nuria regresó a casa, y vio a su hija al entrar al salón. El bolso que sujetaba se desprendió de sus manos y cayó al piso. Corrió hacia ella para intentar reanimarla.

-Sara-Dijo mientras intentaba calmarla-¿¡Sara, cariño, qué te pasa!?..¡Oh, por favor, ayúdenme! ¡Por favor!

                                                                                                             Noviembre 2013

Adrián tenía ahora 21 años. Desde aquello, su vida había sido muy buena, tenía un trabajo, un coche, un enorme piso en el centro de la ciudad..Vivía como nunca antes pensó que viviría. Se había olvidado por completo del amor, y por lo tanto, también de Sara. Nunca más vovió a pensar en ella, la había borrado por completo de su mente. 

Un día, mientras caminaba por la calle, vió desde la otra acera a una mujer en la puerta del hospital. Lloraba desconsoladamente. Su cara le resultaba familiar, demasiado familiar, pero estaba seguro de que no era nadie que conociera. Sin embargo, eso no le detuvo, y siguió con su camino. 

De pronto el móvil le sonó, era la madre de uno de sus mejores amigos, no parecía importante, así que ignoró la llamada. 

Llegó a su casa y dejó el móvil sobre la mesa. Este sonaba sin parar, pero Adrián no lo escuchaba. 

Por la tarde, Laura, la señora que había llamado anteriormente tocó en su puerta. El joven abrió y ella se tiró a sus brazos. 

-Señora, ¿qué ocurre? 

-Es Borja-Dijo entre sollozos- le han diagnosticado cáncer de pulmón. 

-¿Qué?-Adrián miraba a la mujer con preocupación. 

-Estaba muy raro-Contó Laura- y ya sabes, fuma tanto que.. Yo sólo pensé que era una neumonía, pero cuando fueron a hacerle las pruebas, lo descubrieron..Intenté llamarte, pero no lo cogías.

La mujer volvió a romper en llanto. 

-Tengo que ir a verle-Dijo Adrián. 

El joven cogió su vieja moto, y se condujo hacia el hospital, y allí, entre habitaciónes y pasillos, dió con él. 

-Borja..-Dijo él mientras se acercaba- me lo ha dicho tu madre, no lo sabía. 

-Gracias por venir, Adrián, en serio. Eres un gran amigo. 

-¿Te pondrás mejor, verdad? 

-Eso dicen. 

-Eso espero. 

Adrián pasó un gran rato con su amigo, intentando animarle, reviviendo anécdotas, viejas historias que una vez trazaron un gran vínculo entre ambos jóvenes.

De pronto, una efermera entró y le agarró suavemente del brazo al chico. 

-Perdona muchacho, el horario de visita ya se ha acabado, pero puedes volver mañana a verle. 

-¿Se pondrá bien?

La enfermera le condujo hasta la puerta bajó el rostro. 

-Tiene los pulmones muy afectados y bueno, ya sabes que el cáncer se puede extender a mucho tiempo pero haremos todo lo posible, le cuidaremos bien, no te preocupes.

Adrián le dio gracias a la mujer y se encaminó por el pasillo con la cabeza gacha, mientras su cabeza se llenaba de pensamientos aleatorios, algunos buenos, otros no tanto. Le remordía la conciencia. No soportaba el hecho de que su amigo estuviera tan enfermo.

Desde la entrada de una de las habitaciones, pudo ver a la misma mujer que lloraba anteriormente en la puerta del hospital. Parecía débil, triste, como una marioneta sin cuerdas a la que han dejado tendida en el suelo. Estaba en una silla, con la cabeza apoyada en la pared, contemplando el techo. Hablaba con alguien.

-Yo quería hacer algo grande en mi vida mamá, quería hacer que estuvieras orgullosa de mí-Susurró una voz femenina desde el interior.

Ay Sara, has hecho lo que pocas personas harían, tú eres una luchadora, y siempre lo serás-Dijo la mujer. 

Aquellas dos voces le resultaban demasiado familiares.

Entonces recordó. ¿Acaso era ella?, ¿Sara?, ¿la chica ala que una vez había amado?. No podía ser, no quería creer. 

Marchó a su casa y se acostó en su cama. La conciencia le remordía, necesitaba saber si era ella se verdad, o no. En la noche no durmió, sólo pensó. Imaginó aquellas tardes junto a Sara, sus besos, sus caricias, todo aquello le hacía sentir nostalgia.

Al día siguiente, después de ver a su amigo, pasó por delante de la habitación, y se asomó.

Sólo había una joven, frágil, delicada, tendida en la cama. Atravesada por infinidad de tubos y agujas.

Adrián entró. 

Ella se volvió hacia el joven, descubriendo su rostro. Era Sara, aquella alegre y hermosa chica que una vez había sido su novia.

Estaba casi irreconocible; débil, pálida. Su pelo se había caído por completo, y se cubría con un gorro de lana rosado.

-Adrián...-Musitó.

Su voz era tenue y cálida, como una suave brisa marina.

-Sara..No..No puedes ser tú.

-Por desgracia sí, soy yo. 

El joven se acercó y le tomó la mano. 

-¿Qué te trae por aquí? 

-Mi amigo tiene cáncer de pulmón, se lo diagnosticaron ayer mismo, y está muy débil.

Adrián la miró con tristeza; preguntándole con la mirada qué era lo que le ocurría.

-Cáncer...-Susurró ella.

-¿De verdad?

-No creerás que estoy aquí de broma. 

-Y..¿qué ocurrió?

-Pues-Contó- estaba rara unas semanas antes, no salía, no tenía ganas de nada, a penas te veía..Y es que no sabía como decirte que estaba enferma, Adrián. 

El joven no sabía ni como reaccionar; sentía que poco a poco se le formaba un nudo en la garganta.

-Y es que te he hechado tanto de menos en todo este tiempo, te he imaginado tantas veces aquí, conmigo, diciéndome que todo va a salir bien y ahora por fin...Te tengo aquí. Es lo único que he pedido en todo este tiempo.  

Adrián dejó caer un par de lágrimas por sus grandes ojos verdes. 

Ella acarició su rostro suavemente, sonriéndole débilmente.

-Lo siento tanto, Sara..Ojalá pudiera hacer algo para..

-Shh-Interrumpió Sara-Lo único que importa es que estás aquí y ya está. No pido más. 

Adrián la besó en la frente. 

-Vendré a verte cada día, y te cuidaré siempre hasta que te pongas mejor, no va a haber un sólo día en el que no venga a verte. 

Y así fue, desde entonces, cada día el joven venía a visitar a Sara, sin olvidar a su amigo, al que ahora apoyaba más que nunca. Adrián le habló a Sara de Borja, y a Borja de Sara, incluso un día en el que se sentía con fuerzas fue a su habitación a conocerla, y se hicieron muy amigos. En aquellos días, Sara era más feliz que nunca, y había mejorado notablemente en salud. Su madre, que sufría depresión debido al estado de Sara, también mejoraba, gracias al apoyo de Adrián, y también de Borja. 

Mientras tanto, Adrián sentía que se estaba volviendo a enamorar de ella, pero aún no estaba seguro, pues se sentía tan débil a su lado, a pesar de que ella apenas se movía. Lo que más le gustaba de ella era su fortaleza, esas ganas de seguir sonriendo por muchos baches que irrumpieran en su camino. 

-Nunca he querido a nadie como tú, Sara-Le susurró una tarde al oído.

-Yo tampoco, Adrián. 

Y la besó.

Al día siguiente, después de visitar a Borja, se dirigió a la habitación de ella, pero cuando entró no había lo que él se esperaba. 

Encontró la cama vacía, como un nido del que los pájaros han volado. 

Entró. 

-¿Sara?

Nada, silencio 

Miró una y otra vez el número de la puerta; estaba seguro de que era ese. De todos modos, era ese, y lo sabía. 

De pronto millones de pensamientos malos le vinieron a la mente, y comenzó a correr por los pasillos hacia recepción.

-Disculpe señora, ¿Sara López?

-Sí querido, se fue ayer a su casa. 

A Adrián se le iluminó el rostro. 

-¡Muchísimas gracias!

-Pero..-Murmuró la señora. 

No la dejó hablar.

El joven cogió su moto y se dirigió a la casa de la chica felizmente, pues ya se había recuperado y se había marchado, o eso creía. 

Llegó al porche. Aquel porche que antiguamente había sido el último escenario de todas sus citas, sus cenas, sus acampadas..Todo lo que habían hecho, y que ahora pensaba que podría revivir, a su lado. 

Tocó la puerta con los nudillos y esperó hasta que la puerta se abrió, y la cara de Nuria, la madre de Sara, le desveló todo. No se había recuperado, se había marchado porque no se podía hacer nada más por ella. Adrián envolvió a Nuria con sus brazos durante unos largos minutos, mientras sentía que sus lágrimas mojaban su camisa.  

-Necesita verte-Dijo la mujer al desprenderse de aquel interminable abrazo. 

Adrián asintió. Subió las escaleras con pesadumbre, como si retrocediera más cada vez que avanzaba. Finalmente las subió, y dió la habitación de Sara. La puerta estaba entreabierta. Al pasar, su mirada se clavó en Sara. Parecía más fuerte que nunca, sus ojos azules brillaban de una forma especial, su piel era pálida y suave, sin una sola mancha, y su cuerpo débil, pero hermoso, como una flor. 

Ninguno de los dos habló, se limitaron a mirarse y abrazarse, mientras sus ojos se inundaban de lágrimas, y caían lentamente por sus mejillas. 

Adrián se sentía tan imbécil, pensó que si nunca la hubiera dejado, no estaría ahí, muriéndose, al menos aquel día.

-Lo siento tanto, Sara..-Susurró. 

Ella le besó y le acarició el rostro. 

El resto del día permanecieron así, juntos, hasta que llegaron unos amigos y familiares, y tuvo que salir. Se dio un paseo por la ciudad en su moto, y a la noche volvió. Se arrodilló frente a ella, le tomó la mano, y le colocó un anillo. 

-Tienes que ser feliz aún cuando yo no esté-Musitó Sara. 

-Sin tí, sabes que la felicidad no existe, y me costó darme cuenta de que sin tí, no estaba viviendo, sólo respiraba. 

Entonces ella sonrió y cerró los ojos. Él la abrazó, mientras sentía que todo se derrumbaba. 

Al día siguiente fue al hospital y le contó a Borja lo que había pasado; fue inevitable hacerle soltar una lágrima.

Llegó el día del entierro; el joven contemplaba la escena detrás de un árbol, era incapaz de acercarse. 

Desde ahí, aprendió la importancia de valorar a las personas, porque hoy están aquí, pero mañana podría ser tarde.

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