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5 min
Mancha de tinta
Reflexiones |
24.06.15
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Sinopsis

Breve experimento literario que pretende demostrar lo flexible y manipulable que es una historia de un relato.

 

La noche caía con rapidez atrayendo estrellas y oscuridad. El frio comenzaba a imponerse al sol y las sombras de los árboles bañaban el suelo del parque como manchas en un mar de piedra. El viento rugía agitando las hojas ya marchitas y los árboles más jóvenes se balanceaban con elasticidad. Eloy se cubría el cuello con su bufanda y se abrochaba los últimos botones de su chaqueta de cuero mientras observaba la luna, aparentemente inmóvil. Le costaba acostumbrarse a la falta de luz y sus ojos solo encontraban reposo en su móvil casi sin batería.

Había salido un momento para pasear, a solas con sus pensamientos pero la noche había llegado antes de lo previsto. De todos modos sus preocupaciones eran otras. Mientras el gélido viento le acariciaba el rostro él se hallaba inmerso en su mente. Recordaba la confusa situación con dificultad. Él caminaba por la acera, ajeno a cada coche o persona. Quizás a causa de esto se había chocado con un corpulento hombre calvo, más alto que él y por supuesto más ancho. Eloy habría jurado que era un portero de discoteca si no hubiese vestido con un traje azul marino. De la fuerza del choque había caido al suelo desorientado. Al extraño señor no parecía haberle afectado el encontronazo, su cara reflejaba paciencia mientras sus negros ojos se clavaban en los de Eloy como dos canicas brillantes donde casi podía verse uno mismo. Se levantó rápidamente disimulando el dolor en la espalda.

  • ¿Se encuentra bien? – Articuló con voz grave y potente.
  • Disculpeme ha sido culpa mía- Dijo Eloy amablemente, con más timidez que cortesía.
  • Hacia donde se dirige?- Dijo el alto hombre con una mueca que Eloy no alcanzó a entender.

Esa pregunta le descolocó un instante, lo justo para decidir si era sensato decirle a esa persona la verdad, pero evitando un incómodo silencio.

  • Volvía a casa, ¿Nos conocemos?- Preguntó sabiendo la respuesta.
  • No lo creo, era simple curiosidad, pronto caerá la noche, estoy seguro de que usted no es de por aquí ¿Me equivoco?- Dijo con cierta ironía.
  • He venido de vacaciones- El hombre había acertado y Eloy supuso que en un pueblo tan pequeño no solían ver caras nuevas, aun así la perspicacia de aquel desconocido le pareció asombrosa.

 

Se había trasladado a un pequeño pueblo cerca de Asturias unas semanas para descansar, Eloy todavía estaba cautivado por la belleza de aquellas montañas y su característico olor a vegetación y humedad. Justamente aquella tarde había llovido con fuerza y el frio se hacía más intenso.

 

  • Pues bienvenido a Valle Victoria, aquí encontrará esa tranquilidad que tanto ansía- Su rostro tranquiló cambió bruscamente a preocupación y su sonrisa se esfumó como la brisa durante un instante. Agarró a Eloy con firmeza por el brazo pero sin agresividad y le acercó el oído para decirle un susurro; -La noche no trae paz en este pueblo, la oscuridad es símbolo de pánico y mi deber es advertirte-

 

Suavemente se alejó de su cara y se marchó sin decir nada más. Un escalofrío le erizó el vello de la espalda e hizo que el corazón de Eloy trabajase con más fuerza. Se quedó inmóvil mientras aquel hombre se alejaba.

 

 

El banco de madera donde reposaba Eloy a la vez que la noche invadía el pueblo crujía por el peso de un asustado visitante. Eloy había intentado retener aquellas palabras en su cabeza pero cada vez que las repetía cobraban menos sentido. Espera un momento Eloy, tu nombre y tu vida no tienen sentido, puedes perder tiempo pensando en lo que te ha dicho ese señor o puedes ir a su casa a pedirle explicaciones. Puedes quemar el bosque o coger tu coche y obligarme a describir otros hechos en otro espacio. No te engañes, esta narración no dependerá de lo que tú hagas porque eres simplemente una invención pasajera. Puedes ser un borrador o un best-seller, puedo inventar una frase pegadiza para tu personaje si lo deseas, puedes tener una mansión o un yate, pero no disfrutarás de ellos a menos que yo lo escriba. No sientas claustrofobia pues eres solo una prolongación de mis sueños, un espejo que refleja la información que ya no cabe en mi cabeza y que no quiere desvanecerse. Yo modelo tus sentimientos como arcilla, con el fin de transmitir algo a tu costa. Tu vida dependerá de la imaginación que se digne a fluir en palabras y frases, de la batería del ordenador o de la tinta sin usar, aquella que plasma mis pensamientos e inquietudes. No te preocupes por el pueblo, puedo llevarte a la playa o al cielo, no te preocupes por el frio de la noche puedo darte sol, lluvia y hielo, tampoco te preocupes de la ortografía o el estilo, puedo escribir en diálogos, en prosa o incluso en verso.

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