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6 min
Manglar ( 2ª Parte)
Históricos |
22.03.17
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Sinopsis

Ficción ambientada en uno de los llamados "escenarios secundarios" de la 2ª GM. Espero que os guste y os abra la curiosidad. ;)

 

 

2

 

Llevaban un buen rato caminando, aunque ninguno de ellos sabría decir cuánto, pues habían perdido la noción del tiempo cuando se dieron cuenta de su situación. Ya solo les acompañaba el tenue resplandor de la luna llena invernal, que se filtraba a través de las copas de los árboles de aquel cenagal. Cada paso que daban era una total incertidumbre, una ruleta rusa, una invitación al horror.  El agua les llegaba ahora hasta más arriba de la cintura, y aunque pisaban en tierra firme bajo ella, si es que a un lodazal se le puede llamar de esa manera; los rayos que reflejaba la luna no permitían captar lo que les rodeaba más que a unos pocos metros.

 Los pocos miembros que seguían vivos de la compañía eran conscientes de que no quedaba más remedio que seguir adelante a pesar de lo que estaban intuyendo. La tensión era insoportable, tanto que alguno se había quedado parado sin continuar, a pesar de las llamadas de sus compañeros, a lo que poco después pudieron escuchar un disparo solitario, que acababa con la posibilidad de la muerte más terrible.

-¡Sargento! ¡Sargento! ¡Por aquí! ¡Parece que está despejado! – le apremió uno de los soldados que iba un poco adelantado, y al que la presión de la situación le estaba ganando.

- ¡Hiroshi estúpido! – Le contestó el sargento entre dientes, llevándose el dedo a la boca. –Por favor… Baja la voz imbécil. Se te olvida donde están….

En ese preciso instante la enorme criatura emergió entre Takeshi y su sargento, llevándose a éste último al fondo del agua con su potente mandíbula. La reacción de Hiroshi fue la de marcharse a toda prisa en solitario a merced de los dueños del manglar. Takeshi, por su parte, se quedó petrificado, temblando de pies a cabeza. Ahora el miedo se había apoderado completamente de él. Ya le había pasado horas atrás en la playa, cuando los obuses del acorazado inglés les hostigaban y caían por doquier, como una lluvia infernal; en una escena digna de aparecer en el apocalipsis.

Ahora se lamentaba de no haberse quedado allí, junto a su amigo Kaoru, que al menos habría tenido una muerte más digna y rápida. Era preferible sin duda. Habría caído bajo las explosiones y la metralla. Una manera plácida de abandonar el mundo le parecía ahora, un mundo que se había vuelto loco en estos últimos años embarcándose en una orgía de guerra y muerte, y en el que a Takeshi le había tocado hoy el peor lugar y momento posible.

-Ojalá me hubiera dado la vuelta con aquellos soldados.-Acertó a pensar, mientras frente a él podía observar la macabra coreografía de la que su sargento estaba formando parte a apenas dos metros de él. El enorme reptil le había atrapado por las piernas; y en cuanto las fauces se cerraron, le llevaron bajo el agua. Una vez allí el terrible depredador comenzó a girar sobre sí mismo para así facilitar su tarea desgarradora. Los alaridos que profería su teniente entre el sonido burbujeante dejaron a Takeshi bloqueado, y en medio de aquella situación casi surrealista, lo único que sentía de su cuerpo era una sensación cálida que le bajaba recorriendo las piernas hasta las frías aguas del manglar.

Lo que quedaba de su compañía quedó ya disuelta, cada uno optó por un camino diferente, y los disparos y explosiones se sucedían en muchos cientos de metros a la redonda. Los ataques eran ya continuos a todo aquel desgraciado que daba un paso en falso. Las armas eran inservibles contra los depredadores que se encontraban en su terreno y a los que la sangre de las heridas de los soldados los atraían irremediablemente, convirtiendo lo que fue una batalla en el mayor festín que hubieran tenido jamás.

Una sacudida del monstruo devolvió a Takeshi a la plena consciencia. Sin duda aquella bestia que había optado primero por su sargento estaba ya dando buena cuenta de él, terminando su primer plato. No tardaría demasiado en ir a por el segundo, y ahora se encontraba solo en aquella posición. Debía moverse aunque no sabía dónde, ni en qué dirección. Para colmo no contaba más que con su cuchillo y un poco de comida…

-¡Vamos imbécil! ¿ Qué te has quedado mirando? ¡Muévete!¡ Hay que salir de aquí! – le exhortó la voz de un muchacho desde detrás de unos árboles que hundían sus raíces en el agua. No lo conocía personalmente. Era de otra compañía. Posiblemente se hubiera extraviado también. Y es que todos lo grupos se habían roto. La cadena de mando ya no existía. La situación se había convertido en un sálvese quién pueda.

Aunque el brillo de la luna era insuficiente, sí que se acertaba a ver sombras encaminándose como ellos a través de las aguas. Aquí y allá explosiones y disparos, y sobre todo los gritos, el sonido seco de huesos quebrándose bajo las fauces de los saurios, y el sonido del agua batida, que a Takeshi le pareció el sonido más inmundo que pudiera existir bajo el cielo, y posiblemente también en el infierno. Aún en estado de shock Takeshi se encaminó tras el muchacho, con la mirada vacía como un zombie; y se adentró más en aquel manglar de Ramreé. Nunca supo si el Alto mando lo sabría cuando les ordenaron cruzar hasta el otro lado de la isla, pero aquel lugar era una de las mayores concentraciones de cocodrilos marinos del mundo, bestias de más de seis metros, que estaban teniendo el mejor día posible a costa de las tropas japonesas…

 

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