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25 min
MANIPULACIÓN
Amor |
23.04.14
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Sinopsis

No penséis, amigos míos, ni por un instante, que ese futuro es posible. ¿O...?

Manipulación.

 

De nada le valió haber ganado la plaza. Vale, ahora disfrutaba de despacho con vistas y una gran mesa para él solo. Y, también, de una secretaria que atendía sus llamadas y le organizaba la agenda. Le habían nombrado Director General de Logística del Ministerio de Manipulaciones Cerebrales, todo un logro. Había conseguido llegar hasta el alto cargo sin haber sido, él mismo, manipulado, gracias a su excepcional genética cerebral que le dotaba de un coeficiente intelectual superior a los 280 puntos. Casi 80 por encima de la media.

Por eso, la llamada del ministro para anunciarle que, debido a su nueva y alta responsabilidad de Director General, ya era hora de que le manipulasen convenientemente el córtex, le cogió desprevenido. No lo esperaba. “No pretenderá usted ser distinto a todos nosotros”, medio bromeo el ministro. “No, claro, sr ministro, ya he dado órdenes a mi nueva secretaria de que busque una mañana en mi agenda para el Centro Principal de Neuromanipulación, al que acudiré gustoso. Mi único propósito, como usted sabe, es servir con la máxima eficacia a la Sociedad, a la Autoridad y a la Benéfica Jerarquía”. “Bien, bien, no esperaba menos de usted, Clodomiro”

Años de esfuerzo, de destacar sobre los demás por cualquier medio excepto la Manipulación, para terminar manipulado como todos. Se preguntó por qué le habían dejado llegar tan alto sin haber pasado por el Centro. Había manipulados que alcanzaban su 280: no todos, pero sí muchos. Se decía que 280 era el mínimo para llegar a ministro. ¿Qué coeficiente intelectual tendría el Primer Ministro Jefe? Era un misterio, aunque se decía que era excepcional: nadie le había sustituido desde hacía décadas; de hecho, desde antes de que él naciera. Además, el nombre del anterior Primer Ministro Jefe -como el del actual- había sido borrado de todos los archivos, y así era como si el mismo Jefe gobernase a la Sociedad y a la Jerarquía desde el principio de los tiempos.

Llegó a casa de mal humor. Antes de salir del despacho, ordenó a Aurora, su nueva secretaria, que le reservara un día del mes siguiente para ir al Centro. Un día sin obligaciones, para cumplir con la más penosa de ellas. Así se lo comentó a su mujer.

“No sé de qué te quejas, Clodo. La mayoría de la gente acude muy ilusionada a su manipulación. Dicen que luego ven la vida como más brillante y mejor” Maruja no había sido manipulada; era ama de casa, con un coeficiente de 140 bastaba para cumplir a la perfección con sus obligaciones: el Estado habría considerado su manipulación un despilfarro. El escucharla, Clodomiro se la quedó mirando, valorando si valía la pena contestarle. Llevaban casados nueve años. Tiempo suficiente como para que ella le conociera bien Pero no: para ella, él era un proyecto de exitoso futuro en la administración Central. Con 140, debía pensar ella, merecía un marido en las altas esferas y con un sueldazo. Eso era él para ella: un sueldazo, vacaciones lujosas, amigos importantes y guapos, caras intervenciones estéticas, una casa en la playa y un ático de 400 metros en el mejor barrio de la Capital.

Decidió que lo primero que haría la mañana siguiente al llegar al despacho sería ordenarle a su nueva secretaria que le reservase lo antes posible hora en el Negociado de Divorcios; sus 280 le llevaban a zanjar los problemas con decisiones simples y rápidas,  optimizando el esfuerzo. Era lo racional.

Aurora se  llamaba su nueva secretaria. Alta, esbelta, guapa. Así eran las secretarias de los altos cargos. Y con un coeficiente de 210, no estaba mal. Aunque tenían prohibido mantener relaciones sentimentales ni eróticas con ellas, la mayoría de los altos cargos las tenían; sobre todo las segundas. Para llegar a alto cargo, también era preciso ser guapo; eso lo arreglaba fácilmente la avanzada cirugía plástica del siglo XXVI.

“Aurora, bájese las bragas”. A ella le brillaron sus 210 en la mirada y sonrió abiertamente. Por supuesto, se las bajó. Cuando terminaron, Aurora le anunció que tenía hora para su manipulación para el día 13 de marzo por la mañana. Sólo faltaban dos semanas. “Gracias, Aurora, puede retirarse”

Ya no volvió a su casa aquel día; la eficaz secretaria le había alquilado un lujoso dúplex junto al Gran Museo, en la Avenida del Jefe. A Maruja ya le habrían entregado la citación para que acudiese al negociado de divorcios cuanto antes para dar el visto bueno. No le quedaría más remedio que allanarse a la solicitud de disolución del matrimonio: una ciudadana con sólo 140 no tenía derecho a oponerse… ni argumentos, posiblemente. Con esa “inteligencia” ¿quién le haría caso? En fin, el dúplex era magnífico.

*

 

Vaya dolor de cabeza. El doctor le dijo que podía suceder, pero sólo durante los primeros días, un par de semanas a lo sumo. Pero habían pasado tres meses desde la manipulación y la cabeza le seguía doliendo todas las mañanas. Menos mal que el dolor desaparecía en cuanto llegaba al despacho. Pero despertaba todos los días con una terrible migraña que no le abandonaba siquiera en la ducha. Se vestía, desayunaba y comentaba con la asistenta los asuntos domésticos del día con dolor de cabeza. Luego, de camino al trabajo, viendo la ciudad deslizarse debajo del aeromóvil, el dolor se iba difuminando. Llegaba al despacho con la cabeza clara, dispuesto ya para solucionar con su capacidad ejecutiva habitual los asuntos del día.

El ministro le había felicitado tras la intervención. Le trajo personalmente la placa distintiva a su despacho para que la colgara a la vista de todos. “Don Clodomiro X, ha sido manipulado en fecha 25 de marzo de XXVI, con excelentes resultados y nuevo Coeficiente de 297. Dios salve al Jefe.” Una hermosa placa grabada en titanio dorado.

¿Había notado algo como  una nueva lucidez, mayor velocidad de cálculo o un incremento en su memoria? No; lo cierto es que el único resultado apreciable de la intervención eran aquellas migrañas matinales. Quizás, 17 puntos sobre los 280 previos, no eran gran cosa. Eso se dijo, cuando  abandonó la idea de buscarse nuevas aptitudes.

*

 

Pasaron los meses y las migrañas no desaparecían. Ya no se lo comentaba al doctor. Tomaba un calmante todas las mañanas para que desaparecieran más rápido, aunque no estaba clara su eficacia: el dolor de cabeza menguaba sólo durante su recorrido aéreo al trabajo, como al principio; y eso era sólo una sensación. Hasta entonces, como mucho, las pastillas habían disminuido liegeramente la intensidad de su dolor de cabeza. La última vez que le habló al doctor sobre la persistencia de sus migrañas, éste le miró con preocupación y tomó nota en su bloc. “Venga el mes próximo: si esto sigue así…” Le sonó a amenaza; de forma que cuando, en la siguiente visita, el médico le preguntó sobre las migrañas, le respondió que habían desaparecido totalmente. Tal vez, su expediente médico no era todo lo confidencial que debiera. No, al menos, para la Jerarquía.

- Su pastilla, Señor

El no había pedido ninguna pastilla; pero Aurora le miraba desde el otro lado de la mesa con una pastilla azul en la palma de la mano, que tenía extendida hacia él. En la otra mano sostenía un vaso de zumo de naranja.

- ¿…? -qué decir; no recordaba haber comentado nada sobre sus migrañas a su eficacísima secretaria.- Yo… Aurora, no necesito ninguna pastilla, sabe…

- Es para sus migrañas -su sonrisa, que siempre le pareció de una gran belleza plástica, era hoy como más humana. No se había parado a pensar que tras esa bella que le traía documentos, fotocopiaba informes, organizaba su agenda y se bajaba ocasionalmente las bragas, hubiera una persona que se preocupaba por él. Y quizás no porque fuera su superior, sino por algo más.

- Gracias, Aurora - tomó la pastilla y la tragó con un sorbo de la naranjada. - Puede retirarse.

*

La frazada yacía en el suelo, junto a la cama. Permanecía echado, solo con los slips puestos, sin poder conciliar el sueño. Era curioso; durante toda la jornada había olvidado lo de la pastilla y Aurora. Pero, tras salir del trabajo, ya no pudo dejar de pensar en ella. ¿Cómo lo sabía? ¿Cómo se había enterado ella de sus migrañas? Estaba seguro de no haber comentado nada sobre ellas; cierto que era ella, como encargada de su agenda, quien había concertado todas sus citas con el doctor, pero él nunca le había dicho nada sobre el contenido de las consultas. Todo el mundo acudía una temporada al médico después de la manipulación, era lo normal.

Mientras cenaba en la cocina de su lujosos dúplex de Director General, rebuscaba con el rabillo del ojo posibles escondites de cámaras ocultas. Quizá le espiaban por las mañanas cuando tomaba su gragea azul contra la migraña. Es decir: quizá le espiaban siempre, a todas horas. Seguramente la explicación más sencilla era la cierta: el doctor no se había creído lo de la desaparición súbita de sus migrañas y lo habría comunicado a la superioridad. Si esto era así -dedujo con sus 297- entonces Aurora estaba en el ajo. ¿Informaría también de sus ocasionales bajadas de bragas a la superioridad?

Esta idea no le dejó dormir hasta entrada la madrugada.

*

 

- Aurora ¿usted comunica todo a la superioridad?

- Naturalmente, señor. Esa es una de mis obligaciones -¡qué bella es su sonrisa!, pensó Clodomiro, indiferente a la respuesta de Aurora. Lo más inteligente, por parte de ella, era responderle la verdad: con 210 sabía perfectamente que había delatado ese aspecto de su trabajo cuando le ofreció la pastilla contra la migraña el día anterior. Negar una evidencia no es propio de gentes con coeficiente intelectual elevado.

- Bien, creo que volveré a hablar con el doctor de esas migrañas.

- No es necesario, señor. Ya he informado yo de las mismas.

- ¿Cómo?

- Llega usted con algún botón mal abrochado en ocasiones, o  no tiene bien alineada la raya del peinado… incluso, en cierta ocasión, repitió usted los calcetines del día anterior. Comprenderá, señor, que esas señales no se pueden ocultar a una inteligencia como la mía que, sin ser del gran nivel de la suya, es considerable.

- Ya, ya… -la verdad era que no había caído en esos descuidos de los que le hablaba su secretaria. - Bueno, queda todo aclarado, Aurora. Ahora, quítese las bragas, por favor.

- No.

Lo dijo con amabilidad, sin descomponer la sonrisa; pero Colodomiro casi se cae de la silla de la sorpresa.

- ¿No?

- No - repitió ella sin dejar de sonreír.

- ¿Y se puede saber por qué?

- Porque usted y yo nos vamos a casar sr Director General; y, hasta entonces, no me parece conveniente que me siga tratando como a una secretaria cualquiera.

Lo dijo así, de un tirón, como si lo que decía fuera algo normal, casi sabido. Como si ya lo hubieran hablado antes, pensó sorprendido Clodomiro.

 - Como usted quiera, Aurora.

*

 

La boda se celebró en la oficina de la Delegación. Ofició Néstor, el  Primer Delegado de Sección.

- Ya puede besar a la novia -dijo Néstor, tras archivar el audio en el que los futuros esposos se habían dado el sí.

Al salir de la oficina, volvieron al trabajo.

- Clodomiro, escucha.

- Dime, querida.

- Ahora que soy tu esposa, no es conveniente que siga siendo tu Secretaria.

- A mí no me molesta.

- Ya… pero resulta que tengo instrucciones al respecto de esa cuestión.

- ¿Instrucciones? ¿De quién?

Ella señalo hacía arriba con el dedo índice.

- Claro… - estaba realmente hermosa Aurora, plantada frente a su mesa, con el dedo índice señalando las alturas. Clodomiro ya echaba de menos revolcarse con ella sobre la mesa con las bragas bajadas. Y más que lo iba a echar a faltar cuando ella ya no estuviera, pensó- Bueno, si Ellos lo dicen, tendrán razón, querida. A partir de mañana te cuidarás en exclusiva de mi agenda privada y de la casa. Tu último trabajo aquí será citarme diez candidatas para suplirte.

- ¿Coeficiente?

- Menos de 210 no, por favor.

Con ese coeficiente estaban todas para mojar pan.

*

 

Apenas recordaba ya aquellas migrañas. Desaparecieron después de que el Doctor le cambiara la medicación, “perdone, don Clodomiro, las pastillas que le di la otra vez no están a la altura para quienes bordean, como usted, el 300”, le dijo mientras extendía la nueva receta, y añadió: “tómeselas; verá como antes de un mes los dolores habrán desaparecido”

La nueva secretaria, Begoña: 95/60/95 y un metro ochenta. Perfecta, como no podía ser de otra manera: su coeficiente era de 222. Manipulado, claro. Nunca lo habló con Aurora; era lógico que se bajara las bragas igual que antes lo había hecho ella. Los celos no tenían cabida en una mente por encima de los 200. Eran felices. Tanto, que casi se le olvidó que le habían manipulado el córtex y que durante años no había querido que tal cosa le ocurriera. Sin embargo, algo no terminaba de encajar en su manipulación, ¿por sólo 17 puntos? Esa cuestión le generaba una extraña ansiedad, era una duda corrosiva, insistente: ¿sólo 17? Ocho meses después de la manipulación y siete después de su boda con Aurora, ya no podía ignorar que aquella incertidumbre le estaba amargando la vida.

- Begoña, cíteme con el Doctor esta tarde.

*

 

- No esperaba volver a verle por mi consulta, don Clodomiro.

- Bueno, Doctor… - no sabía muy bien cómo plantear el asunto; le parecía que poner en cuestión lo más sagrado, el sistema de manipulación, se podría considerar como una descortesía.

- Vamos, vamos, no se apure; a mí puede consultármelo todo, amigo mío -sonrió el doctor, seguramente convencido, al observar su apuro, de que había acudido por alguna cuestión venérea a su consulta.

- No… no es lo que usted está pensando -se apresuró a decir Clodomiro cuando se dio cuenta de lo que pensaba el Doctor.

- ¿Entonces?

- Mire, no se lo tome a mal; y discúlpeme si le planteo esta cuestión -daba rodeos Clodomiro y luego callaba.

- Me está usted empezando a asustar, amigo mío -el tono del Doctor seguía siendo afable, aunque era verdad que empezaba a alarmarse -Dígame lo que tenga que decir, sin temor, sin vergüenza por favor. Piense que soy un profesional y que lo que aquí hablemos es sagrado y secreto.

- Eh… -pensó en cómo había llegado el informe de sus anteriores migrañas a la superioridad; porque sólo con las suposiciones de Aurora no hubiera bastado. Pero se armó de valor; por otra parte, no tenía a nadie más a quien acudir con ese tema- Mire, Doctor, lo que me preocupa es la razón por la cual era tan importante que se manipulase mi córtex si mi coeficiente sólo iba a ganar 17 miserables puntos básicos.

Lo soltó de un tirón. El Doctor demostró su poca habilidad para el disimulo quedando boquiabierto unos instantes. Evidentemente, no esperaba que nadie cuestionase los procedimientos ni las motivaciones de la Manipulación. ¡Eran el sostén del  Sistema! Y llevaban años proporcionando seguridad y felicidad a los ciudadanos, en niveles que jamás alcanzados en la historia de la humanidad. Pero había otro aspecto que todavía preocupó más al buen doctor: ¿cómo era posible que después de haber sido manipulado, Clodomiro pusiera en cuestión el Sistema. Él mismo había intervenido en la manipulación del córtex de Clodomiro: todo había ido a la perfección. Y, sin embargo…

- Bueno, querido Clodomiro, quizás 17 puntos le parezcan miserables a usted; pero piense que cuanto mayor el coeficiente intelectual de una persona cada punto cuenta mucho y no es fácil de superar, a esos niveles, estrechos márgenes… -titubeó el doctor, pero siguió argumentado para Clodomiro mientras pensaba en cómo iba a denunciar esta anomalía a la Autoridad -Estese usted tranquilo, mi joven amigo. ¿Acaso no está contento con su puesto de trabajo o con su vida familiar? -aventuró, por si Clodoveo le daba alguna pista sobre su actitud al respecto de su manipulación. Porque el doctor sabía bien que, de eso a cuestionar el Sistema en su integridad, sólo había un paso. Un paso fácil de dar una vez vencidas ciertas barreras mentales.

No pasó por alto,  a Clodomiro, el apuro del doctor; ni que lo que éste le estaba diciendo no tenía el menor sentido. Si el Jefe tenía, según decían, un coeficiente superior a los 450, a él todavía le quedaba, antes de la operación, mucho recorrido. ¿Qué era eso de que un punto cuenta mucho y lo de los “estrechos márgenes”? Mentiras que, a todas luces, el doctor no podía, ni supo, disimular.

- Claro, claro, Doctor, no había pensado en eso -era mejor abandonar ese camino, pues ya no cabía duda de que el Doctor no le iba a contar la verdad. Y no quería despertar demasiadas sospechas, si es que estaba a tiempo todavía -Bien mirado, amigo doctor, ¡diecisiete puntos más! Es para estar contento. No sé que me habrá pasado por la cabeza hoy, vaya tonterías se me ocurren, eh. Será el cansancio, ya sabe…

- Bien, bien, amigo mío, a todos nos vienen dudas de vez en cuando - contestó el doctor y le puso la mano sobre el hombro, zanjando la conversación paternalmente mientras lo acompañaba a la puerta- Vuelva usted ahora con su encantadora esposa y tómese mañana el día de fiesta. Estas cosas ocurren por el estrés que, en ocasiones, la manipulación y el cambio importante de capacidades producen. Vaya, vaya con Dios -le despidió.

¡Y un rábano!, pensó el Doctor, secándose el sudor de la frente cuando hubo cerrado la puerta. Un manipulado no podía plantearse esas cuestiones, de ninguna manera. Que él supiera, eso no había ocurrido jamás. No iba desencaminado Clodomiro, 17 puntos no añadían mucha inteligencia a un coeficiente de 280, claro que no. Pero la manipulación a la que se sometía a los Directores Generales no tenía como objetivo elevar su coeficiente; simplemente se les extirpaba la pequeña zona del córtex en la que reside la capacidad de rebeldía. El Sistema, el Jefe, no podían arriesgarse que en esos niveles de poder pudiese colarse alguien que no fuera totalmente fiel; y cualquier cuestionamiento del sistema era considerado como un riesgo inaceptable. ¿Se habrían dejado algunas neuronas o algún gen de la rebeldía sin extirpar? No, eso había ocurrido nunca, que supiera el buen Doctor. En fin, sacudió la cabeza para despejarse, y corrió al ordenador y tecleó su informe sobre Clodomiro. Luego, decidió olvidar el asunto. Ya harían las Autoridades lo que correspondiera. Sin embargo, horas después al salir de la consulta, mientras bajaba las escaleras hacia la calle, el Doctor no pudo evitar recordar el día que él mismo fue manipulado. Sólo cuando ya cruzaba el portal se dio cuenta de que, por primera vez en su vida, no había tomado el ascensor para descender de la sexta planta, donde se hallaba ubicada su consulta, hasta la calle.

*

 

- La tortilla está exquisita, toma un poco más.

Aurora resplandecía en su bikini, recostada en la toalla. Piaban en la copa de los pinos gorriones y alguna alondra y su canto se entremezclaba con los chapuzones de los bañistas. Había decidido obedecer al doctor, otra cosa hubiera despertado más sospechas aún, así que se tomó el día libre. Le pareció que lo más natural era ir de picnic a la piscina municipal del Barrio Alto. Encerrarse en casa todavía hubiera sido peor. ¿Qué podrían pensar de alguien que cuestionaba las manipulaciones y se encerraba en casa en lugar de disfrutar de su día con su bella esposa 210 tomando el sol alegremente, como si de un domingo cualquiera se tratara? Esperaba que las cosas quedasen en nada; aunque lo que le había parecido ver en los ojos del Doctor no era muy tranquilizante. Por otra parte, tampoco le parecía tan terrible el haber preguntado por la escasa renta intelectual de su manipulación. Cualquiera sabía -dijera lo que dijera el Doctor- que 17 puntos básicos eran poca cosa. Quizás podía resolver algunos dilemas y tomar alguna decisión en algo menos de tiempo. No más de unos segundos, en todo caso. Pero la expresión del Doctor, boquiabierto y buscando respuesta, no se le olvidaba. No, no podía olvidarla. Esperaba no haber cometido una imprudencia de consecuencias impredecibles.

- Nadie hace la tortilla de calabacín y zanahoria como tú, querida -dijo, tomando el pedazo de tortilla que ella le ofrecía.

Los ojos de Aurora sonrieron como siempre que la lisonjeaba.

- ¡Bribón, sé bien lo que tú quieres! -bromeó ella.

Él le devolvió la sonrisa. “Bah, esto pasará…”

*

 

Begoña le trajo la carta de la Autoridad tan pronto llegó a la oficina.

- Señor Director General, ha llegado esto para usted.

El sobre rezaba “URGENTE” en azul, cruzado sobre su nombre: Clodomiro.

- ¿La va a leer ahora, o prefiere usted que cierre antes la puerta…?

Sonrió; Begoña sabía lo fogoso que era su jefe antes de empezar a despachar los asuntos del día y siempre estaba dispuesta a primera hora. Era la eficacia personificada.

- Cierra la puerta, Begoña -mejor no alterar sus rutinas; ya había despertado demasiadas suspicacias, seguramente.

Abrió el sobre minutos después de que saliera Begoña, ajustándose el vestido,  del despacho. No le cabía el corazón en el pecho y no era por el ejercicio realizado: nunca se había dirigido a él la Autoridad con esa urgencia.

“COMUNICADO URGENTE.

Sr. Director General.

Esta Autoridad ha sido informada del excelente trabajo desempeñado por usted y de la mejoras de rendimiento y aprovechamiento de los recursos que ha implementado tras su manipulación de fecha XXX. 

En consecuencia, teniendo en cuenta la alta efectividad constatada, esta Autoridad le urge a que se someta a una próxima manipulación lo antes posible, con el fin de situarle entre quienes se hallan en el arco 340/380, con vistas a un ascenso que le situé en lugares próximos a la misma.

Por supuesto, ésta es sólo una recomendación a la que usted, haciendo uso del derecho a la intimidad que reconoce  nuestra Constitución en el art 56, título tercero, puede oponerse.

Aunque es del convencimiento absoluto de esta Autoridad que sabrá usted valorar en lo que merece la recomendación que le hacemos. Si es así, le rogamos que lo confirme cuanto antes al Centro de Manipulación, que ya está avisado al respecto.

Atentamente,

La Autoridad”

 

Era imposible negarse.

- Begoña -dijo tras pulsar el botón del interfono que le comunicaba con su secretaria-, llame al Centro de Manipulación y solicite hora para mí.

Era imposible negarse, nunca había ocurrido.

- Señor Director General -Begoña sonaba más aguda en el intérfono-, en el Centro me han dicho que tienen hora reservada para usted, mañana a las 10 h.

Había una extrañeza mal disimulada en la voz de Begoña. Era natural: ella sabía que había sido manipulado hacía relativamente poco tiempo; y no era habitual que alguien se sometiera a manipulación por segunda vez. Aunque, en algún caso sí se había dado tan excepcional circunstancia, siempre habían transcurrido varios años entre ambas manipulaciones. ¿A qué venían esas prisas por parte de la Autoridad?

*

 

- ¡Oh, qué feliz soy por ti, querido!

Así le recibió Aurora cuando llegó a casa.

- ¿Cómo sabes…?

- Me ha llamado Begoña, querido. Ya  sabes que somos buenas amigas. ¡Está tan emocionada! ¡Y yo también! Bueno, yo mucho más porque soy tu esposa. Te van a ascender al rango de Autócrata. ¡Seguro! ¡Serás el Autócrata más joven de la historia, querido!

Aquella noche tuvo pesadillas. El membrete URGENTE se repetía en laberintos llenos de espejos en los que no se podía ver reflejado y que olían mal. Muy mal.

*

 

- Debímos aplicarle la eutanasia dado su estado de deterioro intelectual, Aurora: no hubiera sido feliz  y no era aprovechable en la cadena de producción, siquiera para manejar una carro de limpieza.

Ciertamente, había un dejé de tristeza en la voz del Doctor. Aurora asintió.

- ¡Hubiera sido un Autócrata tan bueno!- se lamentó.

- No, Aurora, no era ese el objetivo de su segunda manipulación -nadie le impedía contarle la verdad a la viuda de Clodomiro.

- ¿Entonces?

- Parece que durante la primera manipulación algo salió mal. Se nos quedaron algunas células de la rebeldía sin extirpar -explicó- Lo que ocurrió en la segunda manipulación, de hecho, fue algo muy simple, aunque excepcional. Son muy pocos los casos conocidos de este fenómeno.  Bueno, no sé si querrá usted conocer estos detalles, Aurora, son tan escabrosos…

- Prefiero que me cuente, Doctor -se podría imaginar una lágrima asomando en la mirada de Aurora, pero la verdad era que lo que expresaba su rostro era mera curiosidad.

- Si es su deseo. Lo que ocurrió en la intervención fue que, aunque encontramos enseguida esas células que se nos había pasado por alto en la primera manipulación, estaban tan aferradas que tuvimos que tirar de ellas con cierta violencia para extirparlas. Metidos en faena, no tuvimos la precaución de comprobar la causa por la que era preciso tanto  esfuerzo, simplemente tiramos más fuerte. Y ahí vino lo sorprendente del caso del pobre Clodomiro, sus células de la rebeldía habían criado raíces tan profundas que llegaban al centro mismo de su cerebro. Puede suponerse usted el destrozo que sufrieron los tejidos profundos, que se rasgaron como si fueran de tela de araña, deshilachándose, perdiendo conexiones neuronales… ¡un desastre! Hicimos lo posible por recuperarlo, créame.

- Claro, Doctor, claro. No me cabe la menor duda de su profesionalidad y de la de todo el equipo de manipulación -contestó Aurora, con la mesura que corresponde a quien está por encima de los 200 -Nadie está totalmente libre de sufrir algún accidente.

- Sí; un accidente, tiene razón usted. Podemos considerar todo este caso, lo que le ha ocurrido a Clodomiro, como un desdichado y lamentable accidente.

- Yo pienso lo mismo, sr Doctor; no se preocupe, jamás le podría responsabilizar a usted por lo ocurrido. Si, un accidente, un desdichado accidente -repitió Aurora, que había sido manipulada sólo dos días después de la aplicación de la eutanasia a Clodomiro- Ha sido lo mejor, con un coeficiente de ¿cuánto ha dicho? ¿70?,  ¿qué hubiera sido del pobre Clodomiro?

El doctor no había dicho nada sobre el cociente intelectual con el que despertó Clodomiro tras la manipulación, pero no objetó nada: por debajo de 60, recordó. Apoyó la mano en el hombro de Aurora mientras la acompañaba paternalmente a la salida, en un gesto que había repetido tantas veces en su ya dilatada carrera.

- No haga cábalas sobre la cifra del coeficiente intelectual con la que Clodomiro se presentará ante Dios. Él sabe perdonar, no lo olvide. Vaya, vaya con Dios, señora Directora General

No le cupo la menor duda al Doctor de que Aurora se iba conforme con sus explicaciones: su manipulación había resultado impecable.

Ya era tarde, hora de cerrar la consulta. Había atendido a Aurora -estos directores generales eran muy curiosos- a última hora, a petición suya. “Estoy tan atareada poniendo todo a mi manera, sabe.  ¡No entiendo cómo podía trabajar Clodomiro con este desorden!” se había justificado ella. “Venga la última, será un placer atenderla, Sra. Directora General”

Apagó la luz y cerró la puerta a sus espaldas. Se detuvo un momento en el rellano de la escalera. Finalmente, decidió tomar el ascensor. Mejor sería no despertar sospechas.

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  • que futuro mas sombrio
    Qué divertida y chocante y, sin embargo, qué familiar la historia que aquí se cuenta. El PM en J se transustancia con el cargo, de manera que siempre es el mismo PM en J. Algunas frases para enmarcar: 'Aurora, bájese las bragas'; 'su sonrisa, que siempre le pareció de una gran belleza plástica'; 'yo mucho más porque soy tu esposa'; 'Te van a ascender al rango de Autócrata. ¡Seguro!'. En conclusión, que no hay peor desgracia que a uno lo manipulen mal. Y observo que Mupwl todavía no está manipulado; ¿a qué espera?. Saludos.
    Excelente relato, a pesar de ser extenso no aburre en ningún momento y mantiene siempre un nivel importante de provocación a pensar. Muy lograda la historia, espero que continúe, saludos!
    por desgracia la manipulacion no es cosa del futuro no les hace falta cirugia
  • nunca sabes si estás...

    Raices del amor, la vida y la muerte.

    meditaciones en el vórtice.

    El tiempo, esa inapelable escoba con la que dios barre nuestros primeros amores.

    Lo imposible acostumba a suceder con naturalidad. Pero un día se termina. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ (hacía tiempo que no escribía un relato expresamente para TR, amigos. Como siempre, un placer.)

    micro relato filosófico para leer en 10 segundos y pensar un poco más. triller de una desaparición.

    Tenía dejado este lugar web, al que tanto quise. Pero unos pajarillos han venido a visitar mi correo, tirando de mí. Y aquí estoy.

    El título del relato es simple. Los significados, como los días, muchos.

    No todo lo que el mar se llevó era agua y trigo limpio.

    SI TUS PROBLEMAS Y TU ENFERMEDAD NO TIENEN REMEDIO Y ACUDES AL CURANDERO...

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Mejor ir a mi blog... http://serraniadepalabras.blogspot.com.es/ o ami otro blog: http://severodiletante.wordpress.com/

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