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3 min
María Herminia
Varios |
22.09.14
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Sinopsis

Es un relato que hice como ejercicio para un taller de escritura. No es que sea nada del otro mundo, pero me sirve para ver cómo se publica aquí. Como curiosidad, el nombre es de una profesora (la idea se me ocurrió durante su clase).

María Herminia llegaba tarde al trabajo y por eso no se molestó en lavar la taza del desayuno, pero sí se preguntó, mientras salía de la cocina, de donde habían salido esas manchas de color tan peculiar. No eran de café, ni de chocolate, ni de pintalabios,  y estaba segura de que no estaban allí cuando guardó la taza el día anterior.

Dejó de pensar en ello, era una tontería, e imaginó en cambio el cachondeo en clase si llegaba con mucho retraso, ella que siempre se tomaba tan en serio la puntualidad  y regañaba a los que tardaban tres o cuatro minutos de más en aparecer.  En realidad no le importaba mucho, pero María Herminia era una buena profesora y como tal necesitaba alguna manía que sus alumnos pudieran criticar.

Aparcó el coche, corrió hacia el edificio y subió los escalones de dos en dos. Vio a dos chicos a punto de torcer por el pasillo, pero consiguió entrar al aula antes de que la vieran y se sentó justo a tiempo.  Sonrió disimuladamente y se quitó el sudor. No estaba ya para carreras. No se dio cuenta de que lo que le caía de la frente eran en realidad pequeñas gotitas del mismo color que las manchas de su taza.

La primera hora pasó sin novedad, igual que la segunda. Pero en la tercera, notaba como los alumnos la miraban extrañados. A la hora del recreo  fue a mirarse en el espejo del baño y descubrió que tenía  el cuello de la camisa empapado de un líquido de color claro. Ya le podían haber avisado.  Se puso una bufanda y volvió a las clases, pensando que habia solucionado el problema.

Pero a mitad de la cuarta clase la bufanda chorreaba y los chicos empezaron a preguntarle si estaba enferma. No lo entendía. Ella se sentía bien. Así que bajó otra vez al baño y descubrió que estaba horriblemente pálida. Había muchas más canas en su cabello  y cuando se pasó una mano por él, la retiró impregnada del color que solía tener. Se secó en los vaqueros y cuando se miró las manos, habían perdido todo su color. Salió, ya asustada, dejando un rastro de los colores de su piel, de su pelo, de sus uñas.

Cogió el coche para volver a casa. Por el camino veía en el espejo como se "desteñía" poco a poco. Nada más llegar se metió en la ducha y dejó que el agua arrastrase aquella especie de pintura , esperando quizá que su cuerpo volviera a la normalidad. Sin embargo, lo que pasó es que, al cerrar el grifo y descorrer la cortina, se encontró con un reflejo que parecía sacado de una foto antigua. 

Desde entonces no ha querido salir de casa. Le contó lo ocurrido por teléfono a algunos conocidos.  Ellos, al principio, pensaron que era una broma. Luego, al insistir, la tacharon de loca. Y supusieron también que había pintado su casa en blanco y negro para creerse sus propias imaginaciones.

Eso creen ellos. Porque un espectador más atento puede notar como el césped se oscurece alrededor de la casa de María Herminia.

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  • Ah, muchas gracias, Chris. No había vuelto a visitar el relato, me alegro de que alguien lo lea.
    ¡Oye, no está mal! Bastante interesante la propuesta. Bienvenido/a a TR.
  • Es un relato que hice como ejercicio para un taller de escritura. No es que sea nada del otro mundo, pero me sirve para ver cómo se publica aquí. Como curiosidad, el nombre es de una profesora (la idea se me ocurrió durante su clase).

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