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10 min
Marionetas
Terror |
22.07.15
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Sinopsis

6 Chicos son engañados por una secta satánica para vender su alma al diablo y así conseguir lo que desean.

El reloj marcaba las 3:00 de la madrugada, él estaba sentado en el suelo de aquella enorme sala mirando fijamente el pentagrama que trazo hace un par de segundos, llegaba el momento así que cerró los ojos y pidió con toda su alma que el malo se apareciera. Una ráfaga de viento inundo el lugar por completo, lo extraño era que aquella quemaba en lugar de sentirse fría, sabía que se encontraba allí.


Marshall era un chico bastante fuerte en cuanto a personalidad o al menos eso aparentaba ante la sociedad, era rudo y solitario, siempre cargaba un cuaderno donde escribía canciones que no le mostraba a nadie pues hablaban sobre su vida y los problemas que tenía en casa. Su curso había terminado y decidió inscribirse en un taller de verano de música pero su madre no estaba de acuerdo.


—Solo pierdes tu tiempo—hizo una pausa—Aunque pensándolo bien tu podrías sacarnos de pobres, tu padre ya no volverá nunca, lo he cachado con otra mujer ¡Que estúpida soy!
—Madre no te digas así—salió rápidamente a la calle.


Molesto y con el ceño fruncido camino lo más rápido que pudo hacia la vuelta de la esquina cerca del roble pues ahí se sentía cómodo. Pasaron unos minutos y el se había quedado dormido hasta que una camioneta negra lo despertó con el ruido del claxon. De ella se bajó un tipo robusto con barba de candado y unas gafas semitransparentes, el hombre se acercó a él y estiro la mano dándole una tarjeta con unas instrucciones al reverso, después la camioneta arranco y se perdió a lo lejos de la calle.


Alicia estaba más pálida de lo normal, ya no podía resistir más, era tan débil y vulnerable, el cáncer la mataría en cuestión de segundos. Recostada en la camilla agarro su libro favorito y lo leyó, al cambiar de hoja encontró una tarjeta blanca con letras negras en la parte de atrás, se levantó y salió del consultorio.


Fernando estaba en la cumbre del éxito de su carrera como actor de cine, todo iba de maravilla hasta que su ego comenzó a apoderarse de él haciendo que tratara mal a su novia y a sus padres. Había discutido con ellos una noche antes de la filmación de las primeras escenas de su película, lo cual afecto su actuación. Con llamas en los ojos se encerró en su camerino hasta que tocaron la puerta con fuerza.


—¿Quién es? ¡No estoy de humor! —gritó muy enojado.
—Le mandan esto—contestó mientras deslizaba una tarjeta por debajo de la puerta.


Se acercó y la tomó, al reverso venían unas instrucciones.


—¿Y esto? No creo necesitarlo, soy lo bastante exitoso como para andarme con tonterías—pensó por un segundo—Aunque podría obtener más dinero, ¡Sí!-dibujó una sonrisa avariciosa en su rostro.


Mónica era una chica muy atractiva, morena, alta y de cabello rizado, le gustaba sacar provecho de su físico para buscar hombres que estuvieran dispuestos a complacerla sexualmente, sin embargo ninguno era suficientemente bueno como para saciarla. Una noche caminaba rumbo a su departamento que quedaba a unos minutos del bar donde trabajaba, sintió que alguien la seguía y creyendo que era algún pretendiente, se dispuso a entrar en acción.


—He notado que me vienes siguiendo, creo que te agrado—dijo bajando el tono de su voz para seducirlo—No seas tímido, no muerdo corazón-se mordió el labio.
—¿No eres prostituta? —preguntó serio.
—¡Por supuesto que no! —respondió lanzando una mirada molesta.
—Entonces solo eres una lujuriosa-guardo silencio y sacó algo de su bolsillo—Es para ti-extendió la mano.
—¿Qué es esto? —preguntó desconcertada.
—Todos deseamos algo—mostró los dientes aquel hombre misterioso y luego desapareció.


Abraham destruyo las ventanas de su casa, los vidrios quedaron hechos mil pedacitos, la furia incontrolable que corría por sus brazos lo hizo alocarse y perder su capacidad para controlarse. Estaba harto de las injusticias de la vida, su hermana menor estaba en coma y para colmo, su padre los había abandonado. Desesperado por encontrar una solución, cogió la tarjeta que le había regalado la señora del supermercado la mañana en que fue a hacer sus compras, leyó las instrucciones y espero a que dieran las 3:00 de la madrugada.


Lucio había salido del tutelar de menores de la ciudad, le habían otorgado libertad bajo condición, el aseguraba estar bien pero por dentro moría de rabia, tenia sed de venganza. Regreso nuevamente a su hogar donde lo esperaba toda su familia y el juro jamás volver a hacer una tontería como la que cometió hace dos años. Cuando la cena había terminado el subió a su habitación y realizo lo que venía en el tarjeta que recibió por parte de un oficial.


El reloj marcaba las 3:00 am. La hora del demonio, aquella tarjeta extraña traía una seria de pasos a seguir:


1. Dibuja un pentagrama en un lugar amplio y vacío.
2. Pide con toda tu alma ver al diablo.
3. Cuando se manifieste evita mirarle a los ojos, el te preguntara que es lo que deseas.
4. Pídele lo que deseas.
5. Al siguiente día ve a la capilla con fachada morada que se encuentra a las afueras de la ciudad y tu deseo se verá cumplido.
6. No quemes la tarjeta, solo guárdala en un lugar seguro.


Así lo hicieron.


—Marshall, ¿Qué es lo que deseas? —preguntó la voz tétrica.
—Quiero ser un insensible, ¡Ya no quiero que me importe nada! —dijo con enojo.
—Alicia, ¿Qué es lo que deseas?
—¡Salud! ¡Desaparece el cáncer! Odio estar en este estúpido hospital.
—Fernando, tus deseos son órdenes.
—¡Fama, dinero, mujeres, más dinero!
—Mónica, doncella de la lujuria ¿Qué necesitas?
—Un hombre que sea salvaje en la cama, que me llene de ¡placer! —pidió mientras se revolcaba en el piso.
—Abraham, dime—guardo silencio.
—Quiero que mi hermana abra los ojos, por favor—Hizo una pausa—¡Despiértala! Y que mi padre…¡Muera! ¡Que muera por su abandono!
—Lucio has salido—Rió con sarcasmo—¿Qué pasa contigo? Puedo oler la venganza.
—¡Que todos se pudran! Yo viole a una niña y por eso me violaron en el tutelar, ¡Viola a todos aquellos que me lastimaron y que mueran lentamente! —Sus ojos se tornaron oscuros.
—A cambio de esto me darán su alma, ¿De acuerdo? —Pronunció el demonio.
—¡Sí!


Dieron las 3:15 de la madrugada y el demonio había desaparecido dejando un silencio abrumador en cada uno de los espacios del lugar. Cada chico borró el pentagrama y fueron a dormir. A la mañana siguiente Marshall corrió hasta llegar a la capilla, ahí se encontraban únicamente cinco personas reunidas y con él serian seis en total, ninguno se dirigió la palabra hasta que el hombre de barba se apareció ante ellos.


—Veo que siguieron las instrucciones al pie de la letra—Comenzó a caminar alrededor de ellos—Nosotros somos una secta cuyo fin es alentar a jóvenes idiotas con desesperación a ofrecer algo valioso a cambio de esas tonterías que pidieron.
-¿De que está hablando? ¿Acaso no se nos concederá? —Habló Fernando.
-¡Por supuesto! Así será, ya está hecho todo y sus almas pecaran por siempre en el infierno, ¿Qué ninguno cree en Dios? —decía retándolos.
—Estoy dispuesta a entregarme a Lucifer con tal de conseguir lo que quiero—Dijo Mónica—¿Nos crees idiotas? Ya estamos lo suficientemente grandes como para saber que esta bien y que esta mal, ¡Fue nuestra decisión! 
—De lo contrario no estaríamos aquí—Comentó Alicia.
—¿Por qué no me sorprende? —Sonrió alagado.


Todos los chicos comenzaron a discutir el tema excepto Marshall, quien permanecía en silencio mirando al suelo.


—¿Arrepentido por lo que hiciste, Marshall? 


El chico no respondió. El hombre dio la orden a todos de que los dejaran un momento a solas. Se postró frente a él con una mirada desafiante y continuo hablando.


—¿Por qué no alegas como los demás? —insistió.
—¡Esta mal! ¡Estoy mal! —Gritó agarrándose el cabello.
—¿Qué ocurre? No me digas que te sientes culpable.
—¡Cállate! Tu que sabes—Respiró con dificultad.
—¿Estas desafiando al gran Lucifer? ¡Dime! ¡Lo haces! —su tono cambiaba de burlón a agresivo.
—¿Y si lo estoy haciendo a ti qué? Solo eres su servidor, su esclavo, ¡Su marioneta!
—¡Estás hablando con Lucifer! En carne y hueso.


El hombre cambiaba de apariencia, su cuerpo humano se transformaba hasta quedar convertido en un macho cabrío de dos metros con noventa centímetros de altura, con largo y filosos cuernos que llegaban hasta su espalda, unas pezuñas más grandes que el tamaño promedio de un cerebro humano y unos ojos que sacaban fuego, acompañados de una mirada de todas las emociones negativas que podían existir. Marshall se quedó helado del miedo por un instante hasta que reacciono, se puso de rodillas y comenzó a rezar a Dios con desesperación. 


El demonio intento tentarlo y lo amenazó diciéndole que hiciera lo que hiciera su alma ya la tenía el y difícilmente se la devolvería. Lo golpeo y lo arrojo por toda la capilla haciendo que se lastimara gravemente los huesos pero eso no le importó. ¿Cuánto valía su vida, su alma?


Cerro los ojos para no tener que mirar los de esa horrenda criatura, desde afuera los demás observaban esa pelea y deseaban morir en ese momento, no podía aguantar tan cruel trato, lagrimas mojaban sus rostros y consumidos por el miedo hicieron lo mismo que Marshall, rezaron con todas sus fuerzas. Aquel acto desató la furia del demonio, los torturaba en sus mentes y en sus corazones, pues era lo único que les quedaba.


—Hijos míos, ¡Arrepiéntanse de todo corazón por sus malas acciones! Aún existe el perdón—escucharon una voz celestial.


Así lo hicieron. Un destello de luz ilumino su vista y la posaron hacia el cielo, la tormenta del infierno había cesado y todos se encontraban tomados de las manos, lentamente fueron abriendo sus ojos. Mónica y Fernando huyeron del lugar cada uno por un camino distinto, Lucio sacó la navaja que siempre cargaba y se la clavó, al poco rato murió. Abraham estaba pálido y lo primero que hizo fue regresar a casa con su hermana ansiando que hubiera despertado.


Alicia se acercó a Marshall ya que se encontraba tirado en el suelo, sollozando y temblando.


—Todo termino, eres el único que se atrevió a desafiarlo, gracias—le sonrió—Todo te lo debemos a ti.


Marshall volvió a casa, saca su cuaderno y comenzó a escribir: “Vendí mi alma al diablo y nunca la tendré de vuelta o al menos eso pensaba”.

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Me llamo Elena, siempre me ha gustado mucho escribir, las historias que hago son basadas en sueños que tengo durante las noches, inspiradas al oír alguna canción, ver un video, leer libros y de temas que me gusten. Amo los monos y los gatos. Me gusta el rap, dubstep, reggaeton, etc. Adoro el cine y me gustaría hacer películas cuando sea más grande.

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