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7 min
MARTA ON THE ROCKS #SF
Amor |
25.11.19
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Sinopsis

La vida te da sorpresas... sorpresas te da la vida

Nunca me había fijado en ella. Es lo que tienen las fiestas familiares, te aburres tanto que te da tiempo para todo. Marta es muy guapita, cuarenta y algunos, algo regordeta, bajita y culona, pero proporcionada. También tripita, pero su cambio de peinado y sus nuevas gafas surtieron efecto. Lo reconozco, las chicas guapas con grandes gafas y cabellos favorecedores me chiflan. Ese día la casa rural se quedó vacía. Bueno, ella y yo solitas. Ya en el border line de la menopausia, los dolores menstruales la habían hecho renunciar a la excursión. A mí me estaban vedadas ciertas actividades por la misma razón de que me jubilara anticipadamente, así que Marta y yo languidecíamos en la agradable y acogedora sala frente a la chimenea, ella con el último premio Planeta y yo con mi iPad retocando fotos para mi cómic.

 

Todo comenzó como casi todo, con una conversación.

 

— qué haces Gaby? — Preguntó asomándose a la pantalla.

 

— editando una foto para un cómic.

 

— haces cómics? Qué guay. De qué va ese que llevas en marcha?

 

— un poco de ciencia ficción. En una futura sociedad autoritaria hay un feroz matriarcado y se juntan varias historias. Si te interesa te lo pasaré.

 

— vale... oye, y de qué va esa imagen?

 

— es la heroina, una gladiadora; retoco el makeup. Le dejo a la chica con el sexo depilado. No quiero que le asome el vello por encima de la braga de luchadora.

 

— ¿y porqué... qué tiene de malo el pubis peludo?

 

Realmente no tenía nada de malo pero no me había planteado que asomara pelo.

 

— no tiene nada de malo Marta, solo que no sé...queda mejor... creo.

 

A continuación vino el punto de inflexión.

 

— te gustan los coños depilados, Gaby?

 

— tienen su gracia, no?

 

— no me digas que te lo has depilado?— preguntó con un poco de sorna

 

El fijarme en ella algo más que de costumbre tuvo lugar al llegar con su marido y sus hijas a la casa rural. En el momento de formularme esa pregunta el interés subió muchos enteros.

 

— no... no me lo he depilado. Quizás lo haga algún día.

 

— leí no sé donde que los hombres tienen menos aprensión al sexo oral si están peladitos. Es eso lo que anima a muchas chicas a hacerlo.

 

Había que echar un poco de leña al fuego.

 

— nunca he tenido ese problema con el mío. Y tú?

 

Agachó la cabeza. Dejó el libro. Y se giró hacia mí.

 

— A tu sobrino le da aprensión hacerlo.

 

— pero no le da aprensión a que tú se lo hagas a él verdad?

 

— ja ja... no, ninguna. Además, me echa el semen en mi cara, cosa que detesto.

 

Esa confesión me resultó esclarecedora. Estaba claro que me abría la puerta a hablar de intimidades. Ella iba todavia con pijama: pantaloncito y camiseta escotada. No llevaba sujetador.

 

— Marta... y porqué lo haces?

 

Su rostro se ensombreció.

 

— todas hacemos cosas que no tendríamos que hacer. Tú no?

 

— nunca te has planteado pedírselo abiertamente cuando él quiere que le hagas una mamada?

 

— ay Gaby... lo hacemos tan pocas veces que si me pusiera en ese plan... lo entiendes?

 

El eterno drama. ¿Qué mujer casada no pasa por eso? Marta era una víctima... como yo... como muchas.

 

— Marta, ¿me permites una pregunta personal? 

 

— claro.

 

— ¿cual fue la última vez que tuviste un orgasmo? No hablo de másturbación.

 

Sonrió, pero no era de felicidad precisamente.

 

— ya ni me acuerdo. No suelo masturbarme Gaby. No es algo que me guste, sabes? Reconozco que los hombres cuando pasan de cierta edad no lo tienen fácil. Siempre pendientes del gatillazo, de si no llegan hasta el final.

— esa es una torpe excusa Marta. No solo tienen el pene. Hay muchas formas de pasarlo bien, pero se obsesionan con que lo único que nos gusta es que nos la metan y saquen. No intentan saber qué es lo que nos gusta en la cama. Y sabes? Conozco algunas lesbianas. Nunca las he oído quejarse.

 

— ellas lo tienen fácil. Gaby... has estado con chicas?

 

— sí... he estado, como dices.

 

— tal como hablas lo imaginaba. Oye... te parezco atractiva?

 

Venía observando durante la conversación que sus pezones se manifestaban cada vez más. Marta y yo estábamos entrando en terrenos resbaladizos. Ella necesitaba sexo y yo estaba dispuesta a dárselo.

 

— sí Marta. No me lo pareces... eres atractiva.

 

Ella estaba a mi izquierda, mi lado bueno. Me miraba a los ojos, y yo a ella. La Luz verde estaba encendida. Le quité las gafas y me acerqué a ella. Entreabrió los labios, ya muy cerca de los míos. Mi mano se depositó sobre su pierna. Por fin establecimos contacto, muy suave, muy tierno... fue su lengua la que empezó a buscar la mía. Y la encontró. Y un beso prolongado hizo el resto. Y su olor me cautivó. Mi mano paso del muslo a buscar bajo la blusa su carne caliente y mullida. Ahí caí definitivamente al pozo del deseo. Al llegar a su pecho y atraparlo jadeó. Con mi pulgar acaricié su pezón. Suspiró y gimió sin dejar mi boca. Y fui bajo el elástico del pijamita dispuesta a explorar su sexo, a que su intrincado caramelo conociera mis dedos, que después de acariciar su acogedora tripa iban a deslizarse bosquecillo abajo. 

 

Se abrió de piernas invitándome a seguir, y mi dedo medio llegó donde debía, causándole un estremecimiento que la obligó a despegar sus labios de los míos.

 

— Gaby... no sé...

 

Por toda respuesta apreté más mi dedo introduciéndolo en la más profundo de su alma hasta saciarlo de su néctar, que fluía hablando por ella. Su gemido hondo y sincero me confirmó lo que deseaba.

 

— bájate el pijama y recuéstate,

 

Tomé uno de los cojines y lo puse en el suelo entre sus pies. Me quité la camiseta y el sostén, y desabroché los tejanos. Al bajármelos Marta se incorporó y besó mis bragas. Agarré su cabeza y la apreté contra mi vientre.

 

— muerde Marta... muérdeme por favor.

Casi me desmayo del mordisco. Estaba entregada y me entendió al instante. Tuve que separar su cabeza. Me arrodillé y la besé de camino. Tenía sangre en sus labios.

 

Y bajé entre sus columnas de carne trémula, se lo comí, buceando entre un espeso y ensortijado vello castaño. Lamí entre sus puertas hinchadas todo lo que ocultaban, todos sus miedos, todos sus deseos. Marta temblaba, se movía, saltaba, se retorcía... hasta que un repentino exabrupto la alzó en el aire... permaneció ahí arriba, escapando de mis fauces hambrientas. Y cayó presa de su orgasmo mientras yo me agarraba a sus muslos y volvía a infiltrarme entre ellos pegándome a su herida como un bebé busca la teta de su madre.

 

No sé cuánto tiempo estuvimos así, pegadas mi boca y rostro a su vulva. Es para mi una sensación indescriptible, tener mi triunfo al alcance de mis labios, nariz, lengua, ojos... aspirando el aroma y calidez de sus genitales agotados y rendidos. Lo que vino después carece de importancia: dos mujeres ansiosas que acaban de descubrirse, desnudas y retozonas en un sofá frente a una chimenea, apurando el tiempo entre obligaciones y compromisos, con la implícita promesa de volver a intentarlo.

 

 

 

 

 

 

 

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