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7 min
Masoquista
Terror |
12.03.15
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Sinopsis

Bueno, en realidad no supe en qué categoría poner este escrito. Trata de un masoquista, eso es claro. ¿Pero qué será? ¿Drama?, ¿suspenso?... ¿Terror? Véanlo y díganme por favor qué es y qué piensan. *Posibles efectos secundarios: náuseas, sentimientos encontrados, estremecimientos, entre otros* (Posdata, narra un muchacho)

Desde que conozco el dolor, me ha parecido extrañamente agradable. Lo encuentro placentero. Es algo que por mí mismo no puedo explicar. Usted desea que me desahogue, que le cuente todo con confianza, doctor, pero no es que no me fíe de usted, sino que ya lo he dicho muchas veces, y no sé las razones de mi comportamiento, pero así es.

Mis padres nunca me pegaron, ni por las más rebeldes travesuras que les hice de pequeño, y mucho menos me golpearían ahora. Había sido un pésimo hijo hasta que comenzó mi gozo. Empecé con pequeños golpes en medio de la ira, golpeando la pared hasta deshacer mis nudillos, con ambas manos. Luego las rodillas me parecieron más útiles, escondidas y moradas en mis pantalones o jeans. Si alguna vez mamá o papá las veían, era fácil decir que fue un accidente. Las manos se excusaban como peleas en la escuela, o accidentes también, o eran escondidas en guantes de cuero. Luego varió a otras partes ocultas de mi cuerpo. Los hombros, brazos, piernas, entre otros. Algún par de veces vi mi pie en tan alto grado de morete, que detonaba varios colores mientras se curaba. De negro a morado, rosa, e incluso hasta verde pastel. Claro que nunca se borraban, pues seguía golpeándolos, y ya no sólo cuando seguía furioso o enojado. Se  hizo una costumbre hasta que no encontré lugar escondido entre mis suéteres y pantalones que pudiera complacerme.

Mis padres todavía no se habían enterado. Comencé a usar cuellos de tortuga antes de empezar con mi cuello. La primera semana, sospecharon y me hicieron enseñarles que todo estaba bien. Seguí con mi nueva moda, y tras acostumbrarlos, me permitieron agregar otro espacio a mi colección.

Así seguí con los cinturones de mi padre. La sola sensación de acercarlo a mi garganta me producía (y sigue haciéndolo) escalofríos de gozo. Solía apretarlo con furia mientras, tirado en el suelo de mi habitación, fantaseaba con algún mafioso en las oscuras calles de Morelos, masacrándome. Me veía bulleado en la escuela por los de tercer grado, y me golpeaba a la vez mis moretones, hasta que la fuerza y energía se me agotaba y debía parar.

En vacaciones, era a diario, así que al entrar a la escuela, no pude hacer excepción. Deshacía, doctor, todos los sacapuntas que podía encontrar, y ya en el recreo los encajaba en mi lunch para luego descubrir sus navajas traspasando mi laringe, desgarrando cada milímetro, hasta destruir mis cuerdas vocales. ¡Y no decir por dentro! Me lograron curar las tripas, no sin antes extasiarme de placer, pero no encontraron las causas, ni las buscaron, gracias a Dios.

Comenzaron a hacerme bullying por el cuello de tortuga, lo cual aplazaba mis excitaciones sobre aquellas fantasías que ya dije. Comencé a idear las formas, los planes, para enfurecerlos más, y cumplir mi deseo. Les retaba a la salida, con poca gente o en callejones, sus problemas personales y reacciones instintivas me ayudaron a lograr mis objetos varias veces. Y mis propios moretones  endulzaban cada puñetazo o patada suya, como miel en las agujas de mis cenas. También crearon otros, con pretextos cuidadosos. Se había convertido, doctor, en una adicción de la que no me quise deshacer.

Duré con esto por casi dos semanas, pero había uno no tan imbécil, que descubrió mis sonrisas y gemidos de gusto al serme destrozado. Así empezó a hablarme a solas, y fue que entablé amistad con Jem, mi único amigo de la secundaria. Tuve que contarle mis razones de las peleas, y entendió con sinceridad y empatía, pues él, doctor, tenía el mismo problema, pero golpeando a otros. La amistad perfecta. Para corregirlo lo metieron a clases de boxeo, al cual me invitó más de una vez.

Recibí las clases con él, aunque para no causar sospechas, tuve que contenerme, y no dejar que me golpearan tanto. Saliendo, invitaba a Jem a mi casa, y como nunca están mis padres ahí, él me podía pegar hasta incluso dejarme inconsciente. La primera vez fue difícil convencerlo de la locura, pero luego fue tan común que lo hacíamos a diario. Los fines de semana nos encerrábamos en mi cuarto, me ponía cinta en la boca, y me entusiasmaba más.  Aunque luego mamá me sacó de allí, asustada por mis varias heridas con las que empecé, hacía dos años.

Poco antes de entrar a la preparatoria, ya empezaba a acostumbrarme a los golpes de otros. Cada vez era menos placentero. Jem me preguntó alguna vez terminando por qué no me cortaba, y con vergüenza e ironía tuve que admitirle de mi miedo a la sangre, mía o ajena. Intentamos, en aquella ocasión, que él me cortara. El miedo se combinó con el gozo, haciéndome sentir una extraordinaria mezcla de agonía y deleite, revolviendo mi estómago. Aunque Jem tuvo que limpiar la sangre después, fue asombroso. No lo intentamos de nuevo, pues él empezaba a preocuparse por mí.

Días después, él me sugirió violarme. Así, literal. Yo, inocente, no sabía qué era eso, ni me lo imaginaba. ¡Fue la delicia más suculenta que pude experimentar en la vida! Acababa de tragarme varias navajas de sacapuntas, lo cual agregó dolor interno, además de los moretes y de la gran cogida que recibí. Me perdí en mi mente más de una vez. Sentí que llegaba a las estrellas y las encajaba puntiagudas en mi pecho. Dolor, placer, gozo, sufrimiento. Me maltrató como nunca antes. Usó el cinturón para ahorcarme mientras lo hacíamos, me arañó hasta sacarme sangre, desgarró mi camiseta, me arrancó cachos de cabello, y me perdí. Hasta ahí recuerdo. Disculpe, creo que me prendí de sólo recordarlo, espéreme un momento.

¿En qué estábamos? Ah, sí, Jeremy,  o Jem, como le decía todo el mundo. Entonces desperté en la camilla de un hospital. Jem se había asustado y llamado a una ambulancia. Al parecer las navajas me hicieron un gran daño con tanto movimiento. Mis padres denunciaron a Jem y lo enviaron a una correccional. Al enterarme sentí una gran tristeza, lloré varios días, sintiendo sonrisas en mi sufrimiento. Mi único amigo, aquél que me comprendía, está en prisión por mi culpa.  ¿¡Y todavía  podía sentir placer en eso!? No. No iba a ser así. Inmóvil, logré tirarme al suelo, empeorando mis heridas y enyesados. Se desconectó la morfina, y pude sentir placer otra vez, mientras gritaba que lo dejaran irse de prisión, hasta que llegaron mis padres con varias enfermeras que pudieron anestesiarme, y hacerme dormir.

Fue de esta forma, doctor que llegué a usted. La verdad no me interesa si me cura o si me controlan sus enfermeras. Estoy sufriendo, y eso me excita.

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  • Muchísimas gracias a todos :) me alegra que les haya gustado :D en verdad Cristofer, sí deberían agregar ese género jaja o dejar que usemos más de una categoría XD y me alegra que lo hayas disfrutado. La Rosa Blanca, también te agradezco, y pienso que tienes razón, aunque no supe si a la gente que le gusta leer drama le molestaría o perturbaría... Jeje, igual y lo cambio para ese género XD.
    Buenísimo, tan extremo y a la vez entretenido, lo leí de un tirón. Felicidades.
    Hay mucha gente que se excita y siente placer con el dolor, solo que en este caso, es muy extremo, roza los límites y por eso yo lo calificaría de "Drama", porque el propio protagonista es consciente de algún modo, que está fuera de los "parametros normales" dentro del comportamiento humano, se esconde al principio tanto como para hacerse, como los resultados de lo que ha hecho, no puede manifestarlo de forma pública.... De cualquier manera, aplaudo tu imaginación, el orden de tus ideas y la forma de transmitirlas... Felicidades, un muy buen relato ;)
    Soy argentino, pero voy a usar prestada una expresión española... ¡Ostia qué relato! ja Me ha gustado mucho, no solo porque esta escrito de una forma genial y sutilmente, sino porque es el género que me gusta: "psicológico" del estilo paranoico. Que de hecho deberían agregarlo como género, ya que varios de mis relatos no se donde ponerlos. Nuevamente, muy buen relato, excelente de hecho. Saludos y gracias por tan buenos 7 min. jaja
    Muchas gracias, xD Me alegra que te haya gustado :)
    Uno de los mejores relatos que he leído en un buen tiempo. No puedo decir nada más, excelente. Me emocionó y realmente no sé cómo clasificarlo, tengo el mismo problema cuando no escribo sobre monstruos o demonios, pero de igual forma tu relato es perfecto. Por cierto gracias por dejarme saber lo de mi relato "Arañas" creo que sí me excedí con el nombre Jacob. En fin, saludos y sigue así por favor...
  • Historia de un ángel y un demonio, basado en un sueño real.

    Uno de mis favoritos, pero no sé en qué categoría ponerlo. Si alguien tiene una sugerencia por favor dígame xD (Hace años que no publicaba, espero que valga la pena y que no resulte escandaloso)

    Soneto sin nombre, por favor propongan en los comentarios algún título xD PD: Lo escribí una noche de lluvia agridulce

    Igual que mi otro cuento Masoquista, no sé en qué categoría ponerlo. También lo publico con un poco de miedo por las malas opiniones, pero pues, ¿a qué he de temerle? No es algo que no suceda a menudo o de lo que no se deba hablar...

    Éste es de mis primeros microcuentos, aunque no sé qué categoría ponerle, por favor coméntenme qué piensan.

    Un día normal de clase, hasta que empieza a temblar, pero nadie reacciona...

    Para los alumnos estresados en clase xD

    En cuanto el niño cerró los ojos, las arañas se arrastraron por las paredes. Sus patas puntiagudas trinaban una canción a lluvia lejana mientras, de los hoyos y rincones, se acercaban trepando o bajando a la cama del niño. Él, sin sospechar, soñaba tranquilo, respirando con suavidad y ternura...

    No espero que lo entiendas, espero que lo disfrutes. No está escrito al azar, tiene su historia, tiene una historia mía, pero tú puedes interpretarlo como desees. Después de todo, es un juego de ajedrez.

    [Helechos rotos caen sobre la arena como copas de cristal. Un duende en tu almohada no te deja dormir, te recuerda el sueño que tuviste esa noche, el sueño, ¿fue un sueño? La familia del jamás, jamás incesto, ¿por qué?, porque somos familia, no de sangre, pero sí familia. Una locura incierta te despierta de nuevo, fue un sueño, sólo un sueño, nunca pasó, nunca ha sucedido. Un terremoto interno rebota dentro de mí, y no sé qué hacer, no sé qué pensar, no sé qué decir]

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-¿Por qué escribes? -Yo sólo quiero sacar estas ideas que me quiebran la cabeza xD

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