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4 min
¡Matala Manuel!
Humor |
16.06.15
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Sinopsis

Una riña entre Madre e hijo puede ser un tanto ridícula y más cuando se trata de un problema tan simple. En una familia simple, se puede conocer que tan tercos y gritones podemos llegar a ser los Mexicanos.

Era un sabado sábado, llegaba la hora más tranquila de la tarde, la hora de la comida. Las horas interminables de estudio, la inmensidad de la compleja Contabilidad y el insoportable calor, agobiaban a Manuel con una pesadez y lentitud que desesperaría a cualquiera. Sin embargo y en contra de las circunstancias, Manuel sabía que debía terminar los sistemas de inventarios perpetuos; un error en los resultados no solo representaría fracaso de su responsabilidad sino, que tendría que comenzar todo el trabajo de nuevo.

—¡Hay! ¡Mátala Manuel! ¡Mátala!

La señora de la casa, su madre, gritaba en la cocina haciendo un enorme disturbio que resonaba hasta la casa más lejana del vecindario. El joven aspirante de contador, que ya había dejado de darle importancia a su trabajosa empresa, se sobresaltó y atravesó la pequeña estancia. Tal era la conmoción, que ignoró del todo el hecho de que el cuaderno de contabilidad aún seguía en su mano cuando salió a toda prisa. Entró rápidamente a la cocina con cuaderno en mano y para su sorpresa, su madre se encontraba saltando y buscando algo en el piso.

—¡¿Qué pasa, mamá?! ¡¿Qué ocurre?!

—¡Una enorme araña, Manuel! ¡Mátala! —Contestó su madre— ¡Mátala Manuel! ¡Mátala!

Manuel suspiró, y pudo ver a la pequeña intrusa dirigirse directamente a la pata de una de las sillas de madera que rodeaban la mesa. Tomo un trozo de papel del cuaderno que traía consigo y se acercó con mucho cuidado. Rápidamente, el pequeño animal pasó a posesión de Manuel al utilizar una simple técnica: como si se tratara de una pala acarreando tierra, la subió en la hoja para después colocar al animal en otro sitio.

—¡¿Qué haces, hijo?! ¡Mátala! —dijo la mujer alarmada.

—No voy a matarla —respondió Manuel, para sorpresa de su madre— tan solo la sacaré de la casa. No creo que tenga que matarla.

—¡Te va a picar! ¿Qué no vez?

         En un impulso fóbico, la señora golpeó la mano del estudiante, derribando el trozo de papel que contenía a dicho arácnido. Fue tan repentino que Manuel quedo sorprendido por la velocidad de la mano de su madre; el joven sintió que fue atacado de una forma repentina, e incluso creyó que la agresividad fue exagerada. Seguido de esto, la señora se dirigió rápidamente al bicho resonando los zapatos en el piso. Pero antes de llegar, Manuel se interpuso entre la mujer y la araña.

—¿Qué haces, mamá? Tranquila, no pasa nada. —dijo Manuel, tratando de apaciguar a su madre.

—¿Qué hago de qué? ¡Pus’ voy a matarla!

—No mamá, ya déjala ¿Sólo por ser una araña vas a matarla? ¿Pus’ que te hizo el animal?

Manuel se agachó y con el mismo método que utilizó la primera vez, volvió a recoger al insecto.

—¡Claro que sí! —alegó la madre, incomodándose por la presencia del animal que aún seguía con vida—Ta’ re fea la mendiga y nos puede picar.

—Pus’ a mí no me parece tan peligrosa —respondió Manuel, observando al animal— No veo su crimen ni un jurado que la juzgue. Deja la saco para que ya no estés fregando, y me dejes trabajar.

—¡Pero nos puede picar, hijo! ¿Y si te pica? Ya no la defenderías y la matarías como yo. ¡Ya no seas payaso y mátala!

—¡Ya madre! Si me picara sería mi culpa, porque es una araña y ella va hacer cosas de arañas. Yo soy humano y puedo sacarla pa’ que no me pique, no necesariamente matarla. No me gusta matar sólo por que sí.

—¡Ah hijo! Qué cosas dices —respondió la madre, la cual sentía que se trataba de una ridiculez— son puras barbaridades. Ya mátala o si no, no te hago de comer. Las burradas de éste chamaco.

         —¡Yo no digo burradas! —Dijo Manuel indignado— ¡ahora de puro coraje no saco a la mentada araña!

—¡Entonces mátala!

—¡Que no la voy a matar!

—¡Entonces la mato yo!

—¡Que no la mates!

—¡Pues no comes!

—¡Pero la voy a sacar!

—¡¿Y la vas a matar?!

—¡Carajo! ¡Que no!

Después de un rato de más gritos y maldiciones, el arácnido es despedido de la vivienda de Manuel y su madre. La comida fue totalmente tranquila después del pequeño incidente de la araña. A la mañana siguiente, Manuel despierta con una picadura de araña de lo más punzante y su madre, con una enorme sonrisa en la boca.

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