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2 min
Mátame mientras duermo...
Reflexiones |
18.05.18
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Sinopsis

El resultado de estos tres años me mata

La mirada de una súcubo me alienta

No fui capaz de dominar mi tormenta

Lo único que queda, mi alma, al mejor postor, en venta

Estos podrían ser los versos de un bello poema que busca nutrir los anhelos de aquellos que desean encontrar la metafísica en la banalidad imperante de sujetos y predicados simples, en conjunciones mediocres, adverbios y en toda esa mierda, pero no. Aquí no hay belleza, solo hay podredumbre. Autodestrucción. Escaleras de caracol en una sola dirección: terrenos a los que ni el mismísimo Hades osaría plantearse bajar.

La conclusión, la encontré en una día como otro cualquiera, plagiando al Quijote, de cuyo nombre no quiero acordarme.

Aquel día me enfrenté a al resultado que puede aportar una vida dedicada la estupidez, o eso creía. Pero no, aquel día me dí cuenta de que era lo que que tenia que hacer en este lapso temporal efímero, etéreo y demás adjetivos que puedo escribir con el fin de que cierta pedantería, que no llega ni a ‘snobismo’ y que, más bien, se acerca más al apodo vulgar de “pseudo intelectual frustrado”, provoque reacciones dispares. Debía morir, nací para ello. Comprendí que todo es un trámite de una lenta y densa burocracia que tiene como únicos funcionarios a los reyes de la galaxia: los átomos y los gusanos.

Y estando yo allí, entre iguales que fueron capaces de anteponer la potencia al hecho, sumergido en los ruidos de la química y de las batas blancas, de los pensamientos afligidos y del arrepentimiento, encontré la verdad.

No hay nada más placentero que afrontar el destino. No es desidia ni dejadez, es comprensión, es un grado de inteligencia que no son capaces de plantearse rozar los gurús y dioses modernos a los que las revistas y periódicos no dejan de hacer felaciones.

Mátame mientras duermo...

 
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