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8 min
Maté la soledad
Amor |
03.04.15
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Sinopsis

Salí del oscuro pozo de la soledad en el que me encontraba gracias a alguien especial.

El reloj de mi muñeca izquierda mostraba que ya habían pasado diez minutos desde aquella hora acordada con mis amigos. Mi pie derecho, inquieto, no paraba de martillear el suelo con la suela de poliuretano, y al botellín de cerveza, con las pegatinas desgarradas, solo le quedaba el culín. Me encontraba un poco nervioso, llevaba semanas intentando sacarles unas horas de su tiempo para poder reunirnos todos de nuevo y poder vivir una última noche sin responsabilidades ni preocupaciones. Charlar nosotros, como en los viejos tiempos.

Pude ver como aparecía por la puerta la magnífica melena rubia de Michelle y, seguido de ella, Toni vestido de chándal, para no variar.

Di el trago final y, decidido, me levanté de la mesa para darles un cálido recibimiento.

  • ¡hola!- dije mientras le daba dos besos a Michelle- que guapa te has puesto esta noche.
  • La ocasión lo merece- dijo con una gran sonrisa.
  • Quizás alguien se podrá celoso hoy- dije en tono irónico saludando a Toni.
  • Hoy estoy demasiado cansado para ponerme celoso- contestó Toni mientras habría de par en par su boca para bostezar.

Después del recibimiento tomaron asiento y le pedimos a la camarera una ronda de cervezas. Estuvimos charlando como unos veinte minutos, nos absorbió tanto la conversación y el ambiente que nos aislemos de todo lo que ocurría alrededor. Hasta que de repente nos vimos sorprendidos por una mujer de baja estatura y un pelo rizado oscuro como la noche.

  • ¡buenas, chicos!- sorprendió efusiva Luna.
  • Buenas- conteste abalanzándome hacia ella para darle un fuerte abrazo- madre mía cuanto tiempo sin verte. Sí que te ha crecido la barriga desde la última vez- bromeé con el gran vientre que tenía Luna a causa del embarazo.
  • Muy gracioso, Abel- musitó luna, mientras se sentaba al lado de su gran amiga Michelle.
  • ¿Y Marcos?- Preguntemos Toni y yo al mismo tiempo.
  • Está hablando por teléfono en la calle- explicó.

Marcos terminó de hablar por teléfono y, por fin, nos sentemos todos juntos en la misma mesa de siempre, en nuestro bar de siempre. Como habíamos hecho durante diez largos años.

La noche transcurría como en los viejos tiempos, las conversaciones fluían, las risas y carcajadas brotaban con las anécdotas de cada uno de nosotros o a causa de algún chiste que contaba Marcos que, aunque eran muy malos, siempre nos sacaban la parte más graciosa que llevamos dentro. Las chicas llevaban toda la noche hablando de lo mismo. Del estado de encinta en el que se encontraba Luna. Hablaban de cómo debería ser la habitación del bebe, la ropita, la cuna y de otras muchas cosas, todas relacionadas con el bebe. Todavía le quedaban unos cuatro meses para dar a luz a su hijo o hija, no lo querían saber, preferían mantener el misterio hasta el final.

Conforme las horas pasaban pude observar que en algunos  momentos Michelle y Toni  cruzaban sus miradas y sonreían, como si tuviesen que decir algo importante. En un punto de la noche Toni se levantó para ir a pedir a la barra.

  • Voy a pedir, ¿Queréis algo?- nos preguntó a todos.
  • Llénate- respondió con mucha rapidez Marcos.
  • Te acompaño- me levanté y le seguí hasta la barra.

Ya lo tenía acorralado, era el momento perfecto para preguntarle si había algo que debiera mencionar.

  • Sabes…- me dirigí hacia él- no he podido evitar fijarme en que tú y Michelle escondéis algo. ¿va todo bien entre vosotros?- indagué aún más en el tema.
  • Sí, todo está perfecto ¿Por qué lo dices?- la expresión de Toni cambió totalmente.
  • Porque he visto que en toda la noche no habéis parado de echaros miradas- el interrogatorio subía de tono- ¿Qué escondéis?
  • Nada, nada… todo está bien- cogió las bebidas y volvió a su sitio.

Todo continuó como si no hubiese pasado nada, las miradas continuaron y mi interés por saber el secreto aumentó.

Cuando volví a mirar el reloj de mi mano izquierda marcaba ya la una y media de la madrugada. La noche había transcurrido tal y como yo lo tenía planeado, dejarnos llevar como antaño y disfrutar. Hasta que Toni y Michelle se marcharon a un rincón para hablar en privado, por lo que Marcos, Luna y yo comenzamos a hablar de la casa que se habían comprado a las afueras. Me fastidiaba que se hubieran comprado una casa tan lejos, es más, ahora con la distancia y todo el tiempo que les iba a ocupar el bebe solo nos podríamos ver en las ocasiones verdaderamente importantes, después de tantas experiencias compartidas parecía que llegaba el final del grupo. Aunque vanamente pensé en que podríamos seguir reuniéndonos aquí Toni, Michelle y yo.

Volvieron a sentarse en la mesa y reclamaron nuestra atención.

  • Chicos, tenemos que contaros una cosa importante-dijo Michelle con la cara de felicidad de una niña pequeña.
  • ¡Estas embarazada!- gritó entusiasmada Luna.
  • No, no. No ¿verdad?- dijo Toni mirándola preocupado Toni.
  • No.- zanjó Michelle-Es una noticia que nos ha llegado hace poco y queríamos compartirla con vosotros.
  • ¿Cuál es la noticia?- preguntó Marcos intrigado, al igual que todos nosotros.
  • ¡Me han ofrecido un puesto como diseñadora de moda en Madrid!- dijo Michelle llena de júbilo.
  •  ¡Enhorabuena!- cantamos todos al unísono.

 Todos nos situemos alrededor de la estrella durante un largo rato. En ese tiempo agasajemos a Michelle que, por culpa nuestra, estaba ahogada en una lluvia de palabras de felicitaciones y continuos abrazos y besos. Pero caí en la cuenta de que el trabajo no es en nuestra ciudad sino en Madrid.

  • Espera- interrumpí la celebración- el trabajo es en Madrid ¿os vais?
  • Si…bueno…- titubeaba Michelle- esa es la mala noticia, nos vamos.

Esa noticia fue un duro mazazo para todos, pero, sobre todo, para mí. Me alegraba de todo corazón por Michelle y Toni, que siempre estaba a su lado en las buenas y en las malas, pero la soledad me acosaba, y ya no sabía que arrebatarme porque ya me lo había arrebatado todo.

Nunca fui afortunado en el amor, ni en el juego, pero siempre tuve a mis pilares, mis puntos de apoyo, siempre a mi lado. Aguantaron con entereza mis fracasos para que yo no me derrumbara. Sufrimos, lloramos y aguantemos juntos, aunque creo que eso se estaba desmoronando, o quizás se había ido desmoronando con el paso del tiempo. Tal vez algo dentro de mí sabía que esto algún día pasaría, pero no estaba preparado.

Llegó la hora de recoger y marcharnos. Cada uno recogía sus abrigos y pertenencias, mientras, yo me acerque al sitio en el que se encontraba Toni.

  • No te ha sentado bien la noticia, ¿verdad?- preguntó Toni mientras me incorporaba.
  • La verdad, no mucho- conteste con una expresión acongojada- es una pena que os vayáis.
  • Lo entiendo-dijo.
  • Ya,- asentí- ojala pudiera impedir todo esto.
  • ¿impedirlo?, Abel, todo esto ya ha pasado,- dijo desconcertándome- lo del embarazo de Luna y su casa en las afueras, y la nueva aventura de Michelle y mía.- Prosiguió explicando- Esta fue la última noche que nos reunimos todos, hace cinco meses. Marcos y Luna ya han tenido el bebe, es niño y le han puesto el mismo nombre que el abuelo de Luna, Marcelo, y yo ahora mismo estoy en mi nueva casa con Michelle, muy lejos de aquí, y tú has estado mirando durante toda la noche tu botellín, recordando aquel momento. Fíjate bien, estas solo.

Y en ese momento lo vi claro. La pegatina hecha añicos y todo a mí alrededor vacío. Mi cabeza no paraba de repetirme lo último que me dijo aquella ilusión de Toni «estas solo». Lejos quedaron las largas conversaciones y, por desgracia, todos los buenos momentos, aunque el recuerdo era lo único que me quedaba, lo único de lo que podía disfrutar. La soledad se aferraba a mí y no tenía intención de soltarme, quería arrastrarme a un abismo oscuro del cual no podría escapar y así retenerme con ella a modo de castigo en una prisión eterna vacua. Sin embargo, para sorpresa de ambos, soledad murió cuando salí por la puerta de ese pintoresco bar, a la calle atormentada por la violenta lluvia. La culpable de ese asesinato fue una linda chica con un paraguas violeta que esperaba impaciente un taxi. En ese momento compartimos taxi y desde aquel momento lo compartimos todo. El despertar, las caricias, mil y una experiencias, las ocasiones dignas de recuerdo y otras muchas más. Desde ese momento el abismo que me invadía, que habitaba en mi interior desapareció, y nunca más volvió.

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