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17 min
Matices de una Guerra
Fantasía |
29.11.13
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Sinopsis

La vida da vueltas, aveces estas arriba y otras veces abajo.

El Que Reía.

Hace tiempo, cuando mis ojos veían con claridad, respiraba con libertad e ignoraba al resto del mundo, un evento, del cual desconozco su origen intento destruir lo que me pertenecía, mi país, mi familia y mis amigos pudieron perecer, pero yo no estaba dispuesto a aceptarlo. Me dijeron que “ellos” eran los malos, que querían acabar con nosotros y que si no lo evitaba defraudaría a mi gente. Que equivocado estaba.

La confianza crecía a medida que me hacía más fuerte, la prosperidad de mi mundo y la estabilidad a la que estaba acostumbrado eran grandes y nunca perdí mis esperanzas, era normal, jamás había estado triste y ahora que lo pienso, no hubiese estado mal haber sentido tristeza alguna vez, de esa forma hoy estuviera preparado para todo y nada me abrumaría.

Si, el mundo cambiaba y yo estaba consiente, pero a pesar de eso nosotros seguiríamos en pie, creciendo y siendo cada vez más felices. Era mi trabajo asegurarme de que así fuese.

“Tu vida darás” me decían, y yo así lo aceptaba. Empecé con gran rapidez y habilidad a dominar todas las artes de la guerra, mi preparación era exhaustiva, pero para mis maestros, porque yo siempre quería aprender más, no podía quedarme con lo que ya sabía y mi sed de conocimientos jamás se sacio. A pesar de eso no logre entender porque lo hacía, solo sabía que era mi destino y yo quería cumplirlo tal cual fue escrito.

Sin embargo lo que me emocionaba era sentirme admirado y querido por mi pueblo, pero a pesar de eso siempre sentí que me faltaba algo y el no saber que era no me desesperaba, al contrario me mantenía sereno, con la mente clara y buscando señales de ese “algo” que me faltaba.

La ciudad de los cielos oscuros.

La primera batalla llego, y no sentí miedo, fue fácil y rápido, en pocos segundos sus unidades de resistencias perecieron ante mi poder, fue satisfactorio ver como esos pobres diablos se consumían en el fuego de mis ataques, calcinándose lentamente y deseando morir por tan terrible destino que les aguardaba, yo no pararía hasta llegar a su líder y destruirlo.

 Avanzamos sobre su territorio y destruimos sus castillos, mientras la caballería y mis soldados arrasaban los campos de rosas a su paso sin querer evidentemente, pero era curioso que entre tanta maleza, tristeza, desolación y amargura de aquel territorio estas rosas tenían la osadía de surgir hermosamente en la tierra. Ojala hubiese detenido ese sacrilegio.

Llegamos a su fortaleza principal, esta era un poco más estable y más resistente pero nada a lo que mi artillería no estuviese preparada.

Al entrar encontré a su líder, vi su cara de miedo y de odio hacia mí, me hizo feliz eso, porque sabía que me había reconocido. Pudo ser fácil deshacerme de él, después de todo temblaba y sollozaba como el niño que era, pero una presencia que no había notado me detuvo. Una chica cuyo mayor poder era su belleza, o al menos eso creía, se interpuso entre mi espada y el cuello de su líder, me propino un golpe tan fuerte que me tumbo, huyo junto a aquel pobre líder a la velocidad del rayo. Huyeron, pero no descansaría hasta que acabar lo que había venido a hacer.

La negra noche.

Después de algunos años, de haber anexado aquel territorio a nuestro país, los rumores de una revuelta empezaban a sonar muy fuerte. Yo sabía que era verdad, vi a su mejor guerrero y líder huir, eso es lo más humillante que un hombre puede hacer, aparte de ser rescatado por una mujer. Nadie de mi ejercito creyó que esa “gentuza” podía organizar un complot lo suficientemente grande como para destruirnos, pero yo si lo creía.

Nos tomaron de improvisto esa noche, sobre nuestras guarniciones empezaron a caer flechas llenas de magia, y de odio. Los fuertes y castillos que habíamos conquistados empezaron a ser asediados por personas y no por artillería, para cuando quisimos reaccionar nos encontramos totalmente invadidos por la gente de ese territorio, todos se habían revelado ante nosotros, que éramos la autoridad y sabía que eso solo significaba una cosa, había comenzado la segunda batalla.

Mis soldados y mi ejército fue muy lento en propiciarse de su armamento reglamentario. Estaban sosos y fuera de forma, después de todo hacía años que no había nada de acción. Los médicos hacían lo que podían. La situación ameritaba mi presencia para lograr equilibrar un poco las cosas, y de hecho, así fue puesto que mis habilidades como guerrero eran superiores, pero todo cambio cuando a lo lejos, en una mezcla de fuego y arena vi llegar a un hombre, no tenía armas ni armadura más que un cuchillo que empuñaba fuertemente, y una mirada que no había cambiado en los años que pasaron. Odio era lo que destilaba y su seguridad me sorprendió, pero estaba lejos de asustarme.

Se abrió paso entre mis soldados, despejándolos a todos con una sola mano y sin quitar esos ojos malignos de mí. Me quería, lo sabía y yo lo habría de enfrentar, fue emocionante saber que tenía un rival, alguien a quien matar o por quien morir. Rápido, ligero y astuto, se movía con gracia y esquivaba mis golpes fácilmente, había sido entrenado como un asesino, lo note desde el principio, pero no tenía mi experiencia, la batalla fue bonita y divertida, pasamos un largo tiempo intercambiando ataques, hasta que empecé a notar que estábamos casi solos, nuestros ejércitos habían perecido uno contra el otro y destrucción total era lo que había. Muchos niños lloraban y eso me puso intranquilo.

Otra vez la presencia desconocida de una chica me asombro, ahora era una mujer y tan bella como la última vez. Se reía y estaba observando el combate, estaba confiando en algo. Se levantó y camino hacia nosotros lo que causo una pequeña pausa en la pelea.

-Estas solo, deberías huir- Exclamo la chica.

-¡Que va! Eso lo hacen los cobardes, huir de sus peleas.-Le respondí.

Volvió a reír y miro a mi oponente. Asintió con la mirada y de repente no  vi más, mis ojos se apagaron y al despertar, estaba de vuelta en mi país, jamás supe que ocurrió. Al preguntar solo me dijeron que perdimos la batalla y que “ellos” habían recuperado su territorio y ahora son independientes. Eso me agravo el dolor de cabeza, eso, y el hecho de que no podría caminar nunca más.

 

El Que Lloraba.

La vida suele ser injusta, no sé porque nací pero si se porque quiero morir. Desde muy pequeño la pobreza se me ha hecho familiar, la miseria hace que las personas saquen su lado negativo y yo conocí muchos lados negativos. Yo solo quería jugar, tenía amigos dentro de tanta inmundicia, amigos tan inocentes como yo. Pero nos robaron todo, las esperanzas, ilusiones y hasta la comida. Y se supone que todo eso era necesario, así nos decían nuestros líderes. “No podemos perder nuestra fe, ni nuestras creencias” decían.

Sobrevivir era necesario, y a tan poca edad tuve que entrar en el ejército, me necesitaban supuestamente. Allí conocí a la luz de mis ojos, una niña que al principio no soportaba por lo cariñosa que era conmigo, pero que ahora, tantos años después adoro con todo mi corazón. Ella estaba allí por alguna razón, en aquel momento no lo entendíamos pero suponíamos que era una razón muy importante. Me entrenaron duro, pero yo no tenía ganas de hacerlo, me deprimía muy fácilmente y era entonces cuando me golpeaban.

Decían que yo sería su líder, que estaba destinado a serlo porque “ella” me escogió. Pero yo no tenía ganas de ser líder, yo solo quería vivir en paz, esas cosas de la magia y de las artes de la guerra no me gustan. Prefiero pasar la vida viajando y conociendo otros lugares, que encerrado  en un calabozo tratando de tumbar a guerreros expertos y de dos metros de alto. A pesar de todo nunca tuve agallas para irme, y cuando empezó todo no supe cómo reaccionar.

Los Campos de Rosas.

Eran imponentes y magistrales, dominaban todo el terreno. Sus armaduras eran tan negras como el cielo que cubría a mi país, el país de los cielos oscuros nos decían. Nos arrinconaron y ninguna resistencia fue útil pues todo quedó reducido a cenizas en poco tiempo. “Mi ejército” vaya que no me gusta decir eso, pero se supone que yo era su líder, me miraba constantemente, como buscando de mi alguna estrategia y yo por dentro solo deseaba salir huyendo. Enmudecido completamente me senté y llore. No entendía porque estábamos en guerra.

Ella me miraba cálidamente, pero era más fuerte que yo, ella no lloraba. Me veía y me sonreía ¿De qué podría reírse ella? íbamos a morir.

Su tropa de elite llego a nuestro lugar, supuse que el líder contrario venía con ellos, al entrar en la habitación donde nos encontrábamos, vi su rostro por primera vez. Era tan joven como yo, pero a diferencia de mí, el sí sabía lo que quería. ¿Él era la causa de todo este terror? ¿Tan niño y ya tenía las manos manchadas de tanta sangre? Eso me molesto, y sentí entonces un profundo odio, me hubiese abalanzado sobre el de no ser por la espada que ya tenía en mi cuello, entonces lo odie mucho más y fue cuando ella se interpuso. Una luz brillante broto de ella y sentí que me tomo de la mano, y salimos volando hacia fuera, vi el cielo más oscuro de lo que recordaba, y también vi el rostro de la chica más hermosa del mundo, eso me calmo.

Huimos junto a los otros sobrevivientes a la tierra de nadie. Lleno de exiliados y bandidos y allí nos tocó sobrevivir de nuevo, como siempre.

Esperanzas.

El tiempo paso, pero no en vano. A los años de exilio se le sumo también el rencor de un pueblo que se vio resignado a perder su tierra, y también el dolor de un niño, que se volvió hombre y que no supero el ser tan débil antes. El plan era sencillo, invadirlos y recuperar lo que nos pertenece.

La vida en ese lugar era terrible por culpa de los exiliados y sus malos hábitos. Pero al entender porque fueron expulsados de sus países y desterrados para siempre, nos dimos cuenta de que poseían conocimientos y poderes que eran considerados prohibidos. Se unieron a nuestra lucha, nos entrenaron y enseñaron a comunicarnos con los que quedaron presos en nuestro país. A cambio de su ayuda, nosotros le ofrecimos una tierra y un lugar al cual pertenecer. Yo solo quería aprender lo más necesario para derrotar a quien me humillo pues mi lucha era diferente, yo no quería volver a esa tierra donde fue infeliz, y mucho menos conociendo la naturaleza de los humanos, que tiende a pervertirse aun cuando tienen la felicidad enfrente. Quería derrotarlo e irme, lo demás no me interesa.

Empezamos de noche, la chica de mis sueños tenía varios días desaparecida, eso me preocupo, pero siempre hacia eso, desaparecía y luego regresaba llena de sorpresas. Ante la situación en la que nos encontrábamos preferiría que se hubiese quedado conmigo, pero estaba ausente. En todo caso ordene la avanzada, la invasión había comenzado y lo definimos como un ataque Kamikaze genuino, eran ellos o nosotros, era todo o nada.

Para nuestra fortuna los pillamos desconcentrados y mal organizados, evidentemente subestimaron el poder de los olvidados e invisibles. Atacamos con nuestras precarias armas, pero en ese momento estaban envueltas en esperanzas por lo que eran imbatibles. Desde donde estaba veía todo el campo de batalla, fue relativamente sencillo destruir esas “fortalezas” y sus unidades de batalla hacían poco daño. Yo solo contemplaba el territorio esperando a que apareciera mi rival, no dejaría carne en sus huesos ni alma en su cuerpo.

Cuando apareció, todo se aclaró, pude divisar la distancia que nos separaba y entendí que su final y mi victoria, estaba cerca. Me moví, ágil y rápido como me enseñaron los rateros, apartando a los estorbos del medio, me sorprendió saber que podía deshacerme de sus soldados con una sola mano. Aproveche todo el terreno me acerque a él y empezó la batalla.

Era fuerte, buena defensa y buenos ataques, de no ser porque los esquivaba me hubiese destruido con el primero, por suerte no fue así. Lo atacaba y repelía, el me atacaba y yo lo esquivaba, mientras buscaba sus puntos débiles para explotarlo y agotarlo se pasó el tiempo, un largo rato vino con el cansancio de la batalla pero también se acercó a mí por fin la esperanza. Mi chica, mis sueños y mis esperanzas aparecieron frente a nosotros mientras todos los demás habían caído y la batalla terminaba. Sus ojos azules me llenaron de vida, su sonrisa me lleno de esperanzas, sabía que había venido a acabarlo todo, y estaba dispuesto a aceptar el destino de que ella elegiría para mí.

 

La Diosa que jugaba con todos.

Siempre me han parecido entretenidos los humanos. Son carismáticos y se esfuerzan por agradar a los Dioses, lo que no saben es que a nosotros nos parece un poco incordioso el hecho de tener que atenderlos. Sin embargo mi curiosidad por la naturaleza humana me ha llevado a través de la historia a experimentar con ellos. He producido rabia, rencor, odio, tristeza, felicidad y una larga lista de sentimientos en los hombres y mujeres, pero jamás he logrado producir el amor. ¿Sera que ese sentimiento de amor, es en realidad la mezcla de todos los sentimientos juntos? De ser así, el corazón humano es más complejo de lo que creía.

Para producir lo que es el amor, tenía que probar una estrategia diferente. Ya no solo era tomar posesión de una mujer hermosa y atractiva que “enamorase” a todos los hombres, eso no era amor, eso es lujuria y deseo, el amor es algo más complejo que eso.

Así que reencarne en una niña, y en un lugar y momento en el que era evidente que viviríamos una guerra, de esa manera probaría si es verdad eso que dicen los humanos: “El amor lo puede todo” semejante tontería no podía ser realidad. Cuando estaba pequeña los humanos no entendían mi poder, creo que jamás habían visto a una niña con ojos azules y por eso tenía y me pusieron en la tarea de escoger al niño que sería su líder. Yo no quería hacer eso, pero decidí seguir con esa labor. Aunque escogí básicamente al azar, no esperaba que en el transcurrir del tiempo este chico se volviese tan importante para mí.

Al principio era odioso, terco y malo conmigo, pero es extraño, yo seguía estando a su lado y siendo amable con él, lo hacía para llevar su contraria, para enfurecerlo, pero también porque me gustaba que en su inocencia el pretendía hacerse fuerte y no llorar por las cosas que le pasaban, obviamente jamás lo lograba y se apenaba de llorar frente a mí. Era noble, y es algo que no se aprende, si no que se nace con eso. No me extrañaba la guerra que empezó, y como nos utilizaban en nombre de religiones que ni siquiera existen, con interpretaciones erróneas de los dioses y la incapacidad de los humanos de ver más allá de sus narices, ¡Que simples son!

Pero este chico tenía algo especial. Así que cuando me necesito, no dude en salvar su vida, el pobre había sufrido mucho como para tener que morir y no poder defenderse, ni alzar la voz. Sin embargo, la fuerza del otro, del enemigo y del invasor era extraordinaria, me sorprendió tanta maldad y tanto conformismo juntos, me callo mal y desde ese momento lo condene.

Al pasar de los años este cuerpo creció también, supongo que para los hombres se volvió atractiva mi imagen y por eso decidí aprovecharla. Cree muchas ilusiones en las personas de aquel inhóspito y desolado lugar, los malhechores terminaron por creer que ir a la guerra era una opción viable. Al mismo tiempo mis ilusiones también viajaban conmigo hacia el enemigo, los seducía y les hacía creer que estaban bien, que jamás nada les pasaría y que con el territorio recientemente adquirido por ellos, tenían la felicidad asegurada de por vida.

Todo este trabajo, de hecho fue bastante sencillo, aunque suponía el alejamiento temporal con mi chico. Vaya, lo llamo mi chico, no sé exactamente como, pero en este mundo él era importante, y yo quería conservarlo, aunque jamás lo expreso claramente sabía que se había enamorado de mí, eso es normal, lo que es extraño es esa curiosa falta de aliento y preocupación que tenía cuando no estaba a su lado. Se me pego esa mala costumbre de los humanos de preocuparme por cosas que no tienen sentido, ni importancia. A menos que el si lo tenga.

En todo caso otra vez el pasatiempo favorito de los humanos, la guerra, hizo su aparición. Mi chico, estaba preparado, lo observe de lejos y me gusto todo lo que había aprendido, me gustaron sus movimientos y cada uno de sus golpes contra su rival me hicieron sentir orgullosa de haberlo salvado aquella vez. Cuando ya casi acababa con su rival comprendí que no era justo que se manchara las manos de sangre. Él siempre ha sido buena persona y merece tener una vida tranquila.

Ya había ganado la batalla, había recuperado su orgullo, se sentía bien de haberse hecho tan fuerte y ya era suficiente. Evite que le diera un golpe de gracia, así que decidí aparecer frente a ellos para acabar con todo. Solté todas las riendas y los desvanecí allí mismo.

El que antes reía, porque lo tenía todo, ahora llora porque no tiene unas piernas en las cuales caminar. Su orgullo quedo destrozado y aprendió que la soberbia no es un sentimiento confiable.

El que antes lloraba, porque no entendía su sufrimiento, hoy tiene esperanzas y se la pasa cabalgando y viajando por todo el mundo. Aun no se siente completo, anda en busca de algo pero confiando en que lo va a conseguir.

Y yo, pues aun miro a los humanos con desprecio, pero siempre observo a aquel niño, que se hizo hombre y que me conmovió. Después de todo no pude descifrar que es el amor, pero existe un sentimiento que te permite hacer cosas que jamás creerías que harías. No dejo de pensar en él, quizás algún día regrese.

 

 

 

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