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10 min
Matrioska
Varios |
28.12.12
  • 4
  • 6
  • 2920
Sinopsis

Esta es una colaboración que he aportado al blog de None y Venerdi "480 km de palabras"

1

    La tarde estaba gris, lloviznaba. En el silencio del salón el reloj de pared marcaba los segundos con cruel insistencia, su martilleo era el único ruido que se oía en la casa, esparciéndose por los rincones. Miró a través de la ventana el aire desangelado de la calle, pocos transeúntes a primera hora de la tarde, el tic tac de la esfera imponía su presencia y solo el paso del autobús era capaz de interrumpir su tiranía cada diez minutos... Pero diez minutos pueden resultar una eternidad en una casa vacía. De las cuatro habitaciones solo la suya estaba ocupada, el resto aguardaba las visitas de turno. Ellos venían a menudo, le querían, pero su presencia era la excepción en la soledad que enquistaba sus horas. Gritos afuera, la bronca casi diaria dos portales más abajo, no tardaría en llegar la policía acompañada de la ambulancia. Insultos soeces, gritos desesperados, antes le sobresaltaban y ahora le entretenían.

    Sentado en el sillón sucumbió por minutos a la mortecina luz que le llegaba de la calle, impregnándose en su melancolía. El televisor le amenazaba desde su ubicación pero prefería aquel silencio claveteado por las agujas, la pantalla del portátil dañaba ya su vista y leer a aquellas horas le producía somnolencia, claudicaciones de la edad. La casa vacía, la soledad reverberando y el silencio acuchillando los minutos, no pasaba nada. Pero siempre había sido un luchador y no se resignaba, tomó el cuaderno y el Pilot. No pasaba nada pero haría que pasara...

 

    La conocí en la estación de Atocha, a la vuelta de un fin semana que pasé con una viuda sevillana a la que visitaba de vez en cuando por aquello de  la química sexual, mientras contemplaba las tortugas del estanque del depauperado jardín tropical, tomando una cerveza en la terraza próxima y admirándome de cuanto habían crecido desde que cabían en la palma de mi mano. Estaba sentada en un poyete y garateaba sobre un bloc, a su lado un ejemplar de “Mujeres” de Bukowski, yo releía el “Sexus” de Henry Miller que me había acompañado en el viaje. Tenía los ojos grandes y achinados, marrones, inquietos, relámpagos que escrutaban con avidez su entorno cuando los levantaba del bloc. Sus labios eran carnosos, ligeramente hinchados como si estuviesen en perpetuo estado de excitación y acotados por los extremos de su peinado paje de corte informal en un cabello negro y lustroso. En una de sus pasadas visuales reconoció mi libro y mostrando el suyo me sonrió, la invité a sentarse a mi lado con un gesto de mi mano. Pechos menudos y caderas deliciosas se marcaban bajo el vestido negro de vuelo que le llegaba hasta por encima de las rodillas, aprecié mientras se acercaba.

    Me miró con descaro mientras le repasaba las curvas, luego hizo lo propio y se relamió en mi entrepierna, o a mí me lo pereció. No era Lolita pero a sus veinticuatro le sacaba treinta años, como averiguaría después.

    — ¿Qué quieres beber? —pregunté.

    —Eso mismo —señaló mi botella de cinco estrellas— ¿Cuál de los dos te gusta más?

    Se refería a los libros. Llamé al camarero y pedí mientras me lo pensaba.

    —Depende de la escena, la angustia existencial la relego a un segundo plano que ya tengo bastante con la mía. Pero a tu edad me lo creía todo.

    Me contempló entre divertida y confusa, nos tanteábamos mutuamente. Tomé su bloc, hizo un gesto como si fuera a arrebatármelo pero finalmente me dejó hacer.

    — ¿Qué estabas escribiendo? —pero ya estaba leyéndolo.

    “La gente que sube, la gente que baja, la gente sentada, la gente de pie, la gente con maleta, la gente con paquetes, la gente con macuto, la gente con bultos, la gente que espera algo, la gente que  no espera nada, la gente que espera el regreso, la gente que espera irse, la gente que no espera nada, la gente que lo espera todo, la gente que llora la vuelta, la gente que llora la muerte, la gente que llora todo, le gente que no llora nada, la gente que no llora” La letra iba aumentando de tamaño conforme lo había escrito. Soledad, obsesión, histerismo casi.

    — ¿Estás con la regla? —le pregunté.

    Su primera reacción iba a ser de indignación, pero no llegó a concretarse. Acabó en risa.

    — ¿No follas con regla? —intentó sorprenderme.

    —Ningún problema, a mí no me duele.

    —A mí tampoco, disfruto más.

    —Las hay sufridas y gozosas, serás de las últimas.

    — ¿En tu casa? —dijo desafiante.

    —Vamos.

    Las botellas de cerveza se quedaron con su líquido, nos habían entrado prisas.

    Pusimos al taxista como una moto. En las escaleras del edificio donde resido mi polla y sus labios trabaron conocimiento.

    Comenzamos una relación que duraría tres años. Se llamaba Marisa pero yo la bauticé Matrioska, por su aire a una muñeca rusa que me habían regalado. Ambos éramos conscientes de que nuestra relación estaba abocada al fracaso, pero desafiábamos al destino. Ninguno guardaba fidelidad, no la necesitábamos para desearnos, era a los otros a los que les éramos infieles. No estoy seguro de que era lo que buscábamos en nuestros apasionados encuentros, tampoco de lo que encontrábamos, lo que puedo asegurar era que éramos como la nicotina que el otro necesitaba aspirar. Y sí, acaso nuestro vínculo tuviera algo de enfermizo. Mis propósitos eran más transparentes, me negaba a perder la juventud y trataba de aferrarme a ella en su piel. Su edad formaba parte del encanto y yo, vampírico, trataba de succionársela. El mañana siempre era hoy y el resto poco importaba porque me sentía vivo en cada poro y en cada terminación nerviosa. Los motivos de ella quizás fueran menos nítidos, sin duda existía un componente de Lolita, pero importaba más su afán por sublimar el sexo en busca del amor, empecinada como una niña chica. Nuestras estaciones de destino eran diferentes pero montábamos en el mismo tren.

    Al principio solo fue el morbo. Bueno, el morbo y las pastillas azules. Cuatro horas de erección permanente dan mucho de sí. Cuando me corría solo tenía que chupármela un poco y de nuevo estaba dispuesta. Normalmente en esas cuatro horas solo me corría dos veces, el resto era una polla enhiesta dispuesta para su gozo, y ella la sabía aprovechar. Jugábamos a la oca del Kama Sutra, maravilloso cuando la penetraba y aquello no parecía tener fin, me devolvía la juventud y cada orgasmo suyo era como una bocanada de vida. Pero incluso así mi resistencia física tenía un límite, no era ningún atleta. En ese punto ella me cabalgaba y yo me convertía en espectador. Arreciaba el ritmo hasta llegar a la meta y luego vuelta e empezar, en esos momentos mi polla ya no era mía, le pertenecía y hacía con ella lo que quería.

    Que suerte tienes, cabrón, pensaba mientras bebía a través de mis ojos su cuerpo desnudo de amazona galopándome, mis dedos rozando sus fieros pezones y mi polla impactando en cada rincón de su vagina. Sexo, sexo, sexo...follábamos desbocados. Y el morbo, siempre revoloteando a nuestro alrededor, provocando, ella explotando su papel de Lolita perversora, mitad niña y mitad mujer.

    Cuando me acaramelaba gustaba de contarme sus experiencias sexuales con el amante que tuviera de turno, sabía que me ponía el oírla contar como se la follaban los otros. Y a ella le ponía que me pusiese. En mi avariciosa ruindad traté de convencerla de que sexo y amor eran caminos paralelos pero no convergentes y terminó creyéndome, estuvo ocho meses conviviendo con un tal Diego una simulación de amor y no por ello dejamos de vernos. Pobre Diego infeliz, la relación estaba montada sobre un andamio cojo y no podía sobrevivir.

    Cualquiera tiene el día tonto y en ese decidí que tenía que dejarla volar, que viviera sus triunfos y sus fracasos sin mi sombra amenazante. Lloró cuando se lo solté de sopetón, de otra manera no hubiera podido, pero supo que llevaba razón. Bukowski y Miller tenían que pasar a la historia. A ninguno se nos ocurrió quedar como amigos, preferimos quedarnos como un recuerdo embriagador en la mente del otro. Yo ahora ando en eso de los mantras, no fumes no bebas no jodas, pero les hago un corte de mangas a ellos y al doctor. Y por aquí sigo, viendo crecer a las tortugas bajo las hojas de palma a mi vuelta de Sevilla.

 

    2

    Habían sido diez días a doce horas, con el agravante de que uno de ellos solo durmió cuatro horas y otro nada porque fue la cena con los compañeros. Una cura de sueño de nueve horas le había devuelto a la normalidad. Le habían encargado una historia y quería terminarla esa tarde. Comenzó a teclear...

 

    La tarde estaba gris, lloviznaba. En el silencio del salón el reloj de pared marcaba los segundos con cruel insistencia, su martilleo era el único ruido que se oía en la casa, esparciéndose por los rincones. Miró a través de la ventana el aire desangelado de la calle, pocos transeúntes a primera hora de la tarde, el tic tac de la esfera imponía su presencia y solo el paso del autobús era capaz de interrumpir su tiranía cada diez minutos...

 

    3

    Estaba harto, los personajes se le escapaban por entre los dedos y ninguno parecía hacerle caso. No era justo, tendría que reconducirlos. ¿Cómo era? Escritor escrito. No, mejor Matriuska. Abrió el portátil y empezó la historia...

 

    Habían sido diez días a doce horas, con el agravante de que uno de ellos solo durmió cuatro horas y otro nada porque fue la cena con los compañeros...

 

    4

    ...

también en http://480kmdepalabras.blogspot.com.es/2012/12/matrioska.html

en Twitter @enderJLduran

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  • Como ya te comenté en el blog, me parece un relato magnífico. Muy redondo. Muy sensual. Parece escrito de manera muy fluida, casi sin dificultad, y el resultado es espléndido.
    Muy buen relato, me encanta leer historias que mezclan el sexo y el erotismo sin tapujos de ningún tipo. Lo mejor, la naturalidad con la que fluyen siempre tus escritos. Una gozada leerte. Saludos!
    Ya me he enamorado más de una vez de tus relatos, y sobretodo de estos, tan espontáneos, eróticos y excitantes. Y como no, una vez más, y sin esperar menos de ti ender, lo has vuelto a hacer. Me descoloca tu narrativa sin censura...y me encanta el sabor de boca tan picante que me deja. Un saludo
    Benditas tardes grises de llovizna... Cómo inspiran, escritor escrito...Saludos, feliz año nuevo, y ojalá este último día de mes tengamos también uno de tus poemas, si puede ser.
    aunque no tenga mucho tiempo es un placer siempre leerte
    Enigma permanente del destino de las relaciones basadas en el sexo, como dices, nunca se está seguro de lo que se busca, ni tampoco de lo que se halla, pero en ese inter, el semáforo sigue en verde a saber porque razón. Un saludo!
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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