cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

2 min
MEMORIAS DE TITO FLACO. Episodio I
Humor |
16.01.18
  • 4
  • 11
  • 1709
Sinopsis

 

Me llamo Tito, aunque todos me llaman Tito Flaco, y soy el menor de 7 hermanos. Mi nacimiento aunque se preveía breve, casi un trámite, se hizo esperar. Y es que cinco kilos de carne sonrosada no se liberan así como así. Fueron necesarias dos noches de contracciones interminables, de apretones continuos, hasta que mamá pudo escuchar mi primer llanto. Un llanto cansino, pesado, insufrible, que no parecía tener fin, y que únicamente se saciaba con leche materna.

Ciertamente es complicado llorar cuando se tiene una teta en la boca. Así que mamá, viendo los resultados, decidió no retirarla y dejarla ahí de continuo, es decir, todo todo el rato.

Para mi alegría era una teta hermosa, grande, versada en el arte de cebar criaturas. Con semejante elixir crecí rápido, hasta cumplir los nueve años. Momento en que mamá, tal vez por hastío, tal vez porque mi incipiente bigote le cosquilleaba la piel, estimó había llegado el momento de que prescindiera de su pecho. Lo que hizo al descuido y a traición, aprovechando un pequeño bostezo.

Mi padre cuando se enteró de la noticia se alegró sobremanera. Después de tantos años podía disponer otra vez de mamá al completo, con todas sus bondades y sin competencia. Así que sin dudarlo la instó, ipso facto, a poner un cubierto más en la mesa. La decisión era irreversible, a partir de ahora compartiría cazuela y no teta con el resto de mis hermanas.

Volvieron entonces los lloros y un desasosiego que calaba el alma, pero papá no cedió. Me negué a hacer pis, pero soy de vejiga pequeña y aguanté poco en este envite. Me negué a ir a misa, pero papá era apóstata. Renuncié a la vida, pero la juventud es reacia a morirse.

Mi mundo había cambiado y no podía hacer nada. La resistencia no era una alternativa. Debía asimilarlo más pronto que tarde. La lactancia era pasado. Un nuevo mundo de experiencias y sabores  se me presentaba,  por lo que aprovechando que la mesa familiar estaba preparada y la caldereta  recién servida y humeante, me decanté por iniciarme en ese mismo momento . Y a decir verdad me gustó...

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 45
  • 4.63
  • 5

No hay mejor historia que la que está bien contada...

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta