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13 min
Memorias de un sueño
Drama |
13.11.14
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Sinopsis

Un músico es aquel que toca con el corazón y muestra su alma en cada composición. No se trata de estar en un escenario y solo tocar bien, se trata de dejar en cada nota un fragmento de tu vida, de la belleza que se esconde en lo más simple… tampoco se trata de estar sano o tener una discapacidad, se trata de tener el alma de un verdadero músico.

La vida tarde o temprano nos da lecciones que nos hacen fuertes, o que tal vez nos derrumban, siempre tomamos decisiones algunas malas, unas buenas y otras tienen dos partes, una negativa y otra positiva todo depende del curso que tome el incierto destino. Este fue el caso de Alicia Simón una joven chica que a la edad de 17 años dio a luz a un pequeño varón al cual ni si quiera un nombre le pudo dar, pues la joven lo dio en adopción, no tenia los medios para criar al niño. No crean que para ella fue fácil, para ninguna madre es fácil desprenderse de su hijo y menos en la situación de Alicia, su pequeño hijo era autista lo que la joven temía era que ninguna familia quisiera adoptarlo, rogaba cada noche a Dios que alguien con buen corazón le diera amor, y la vida que ella no le podía dar, las suplicas de la joven fueron escuchadas porque al cabo de 5 meses un matrimonio se enamoro del pequeño ignorando su condición, Carlos y Victoria anhelaban un segundo hijo pero lamentablemente la mujer al dar a luz a su primer hijo el cual tenía ahora 8 años había quedado estéril por una infección que daño su aparato reproductor, el matrimonio vivía en una zona lujosa de Zaragoza, Vivian en una hermosa villa con vista al mar, Carlos era un arquitecto muy conocido y  Victoria una abogada respetable, la llegada del pequeño quien ahora llevaba el nombre de Abel Bascuñán fue una alegría para la familia y amigos, lo que despertó ciertos celos en Daniel el hijo mayor del matrimonio, el chico estaba acostumbrado a ser el centro de atención, el tener que compartir ciertas cosas con un chico el cuál no llevaba su sangre no le parecía justo. O eso era lo que las voces en su cabeza le decían, Daniel era un chico inteligente, o era tal vez la arrogancia y el egoísmo que lo hacían pensar de manera astuta…Ante sus padres Daniel se comportaba como el hermano ideal que ellos querían que fuera, pero una vez no era observado por ellos mostraba el desprecio que le tenía a la criatura, así fue pasando el tiempo, Abel fue creciendo sin faltarle absolutamente nada, tenía el mejor médico dándole tratamiento, unos padres que lo amaban, protección, un hogar cuantioso, un futuro asegurado. Solo había un problema a pesar de que Abel había respondido bien a su tratamiento, pues con esfuerzo y dedicación pudo mover los brazos, caminar, y hablar claro el hablar no era tan fluido pero tenía movilidad más que todo en los brazos, a pesar de esto sus padres lo sobre protegieron mucho tal vez de una manera extrema por así decirlo, al cumplir los 15 años de edad un acontecimiento cambio la vida de Abel por completo sus padres murieron en un accidente automovilístico, quedando huérfanos Daniel de 20 años y Abel de 15, lo fuerte de esta historia es la traición, la bajeza que Daniel le hizo a su hermanastro, un día le dijo a su Abel que irían a Estados unidos para pasear como lo hicieron en las navidades pasadas con sus fallecidos padres, el joven emocionado e ilusionado partió con su hermano en un caluroso jueves de verano. Al llegar a los Ángeles Daniel llevo a su hermano a una plaza durante un rato se sentaron en una banca para supuestamente descansar, entonces el joven se levanto y le dijo al chico que miraba absorto el agua que salía de la fuente frente a ellos, que iría por un algodón de azúcar tal cual como lo hacía su madre el chico sonrió asintiendo con la cabeza, con una sonrisa de satisfacción Daniel se alejo del lugar tomo un taxi y dejo en esa plaza a su pobre hermano, las horas pasaban y Abel esperaba a su hermano, comenzó a sentir miedo mirando a todas partes el chico comenzó a dar vueltas en la plaza buscando al joven castaño, habían quienes lo miraban al chico con curiosidad, y otros con cara de burla, y fue así como los días pasaron y Abel tuvo que adaptarse, en un lugar desconocido donde nadie hablaba su idioma y donde él no podía entenderlo, había trascurrido un mes y ya Abel se había establecido en un callejón sin salida, y había improvisado lo que se asemejaba a una tienda de acampar con cartones y plástico, Abel era muy observador y el al ver que los mendigos de la zona dormían bajo esos cartones hizo lo mismo para resguardarse. También se las ingenio para conseguir alimento, cada noche traspasaba la plaza y llegaba a un restaurante donde en la parte trasera estaban grandes cubículos de basura, donde la mayoría de las veces encontraba sobras de comida, al terminar de comer se dirigía a la fuente y saciaba su sed, el estado del joven era deplorable, estaba sucio, haraposo, delgado, y con la piel destrozada por el sol, y la falta de higiene.

Abel se encontraba sentado en la acera comiendo un pedazo de pan duro, cuando un sonido armónico hizo que levantara la mirada en dirección a la plaza, sin entender cómo o por qué, algo en ese sonido lo llamaba, escuchando más atento que nunca el chico se dirigió a la plaza entonces justo frente a la fuente en la que él solía tomar agua vio a un hombre alto, rubio, de piel pálida y contextura delgada tocar un violín el cuál estaba conectado a un amplificador de tamaño mediano, las personas que pasaban por allí le dejaban algo de dinero en el estuche del violín que estaba abierto y reposando en el suelo, el chico se quedó aproximadamente a un metro de distancia, observando y escuchando fascinado. Pasaron unos cuantos minutos cuando el hombre dejo de tocar para tomar un poco de agua, las personas que lo escuchaban ya se habían dispersado, solo Abel seguí allí de pie esperando por mas, el hombre no se percato de la presencia del chico, luego de haber  tomado ese pequeño descanso volvió a posicionares para tocar el violín, era increíble lo que en ese momento Abel estaba sintiendo, era una mezcla de alegría, ansiedad, confusión y admiración, el tiempo pasaba pero Abel seguía fiel escuchando, miraba con atención las manos del hombre como si tratara de descubrir la manera en la que la hermosa tonada nacía, y así pasaron los día y siempre Abel estaba allí para escuchar, para observar, y admirar, un día frio de invierno el hombre que ya había observado al chico decidió hacer algo más que devolverle la mirada y una sonrisa, entonces tras poner a guardar la botella de agua en su mochila se giro sobre los talones, y con un gesto de sus manos llamó al maravillado Abel el cual se quedo inerte…

−Ven aquí, ven no temas.

Le dijo con voz suave, un poco vacilante Abel se acerco al hombre, este le sonrió nuevamente posando una mano en el hombro del chico

−Hola, ¿hablas español? ¿Me entiendes?

El chico asintió con la cabeza, el hombre que era de nacionalidad española al igual que él, no pudo evitar ver algunas heridas en las manos del chico.

−Me llamo Gabriel ¿y tu campeón cómo te llamas?

−A…. Abel.

−Abel, anda pero que buen nombre suena a nombre de músico, es un placer Abel.

Le dijo el hombre extendiéndole la mano, Abel miro la mano pálida y fina, pero rápidamente bajó  la mirada, el hombre lo miró  extrañado.

− ¿Qué pasa? Venga chaval que es de mala educación dejar a una persona con la mano extendida

−Sucias.

Dijo el chico levantando sus manos lastimadas sucias, el hombre sonrió y tomo su mano derecha.

−Ves es así como se hace ¡ALA! Que no importa como tengas las manos.

Abel sonrió ante el gesto pues se había acostumbrado a las miradas de asco de las personas, el hombre le soltó la mano e inclinándose para mirarle a los ojos le preguntó.

− ¿Te gusta el violín? Sabes que lo que toco se llama así, violín.

−Sí, me gusta.

− ¡Venga! A mí también me gusta mucho, es muy guay... ¿Quieres que te lo preste? y así lo ves mejor.

El chico abrió los ojos como platos con una sonrisa de oreja a oreja, asintió con la cabeza, el hombre lo tomo de la mano y se aproximaron al amplificador donde estaba el violín, el hombre Lo tomó y girándose se inclino y se lo dio al chico el cual lo tomó como si fuera de cristal, con toda la delicadeza posible.

−Yo tenía 7 años cuando mi padre me regalo el que sería mi primer violín, sabes me esforcé mucho para tocarlo muy bien… Y lo logre.

El chico que miraba con maravilla el instrumento lo posiciono igual que el hombre y comenzó a tocar, Gabriel lo miro sorprendido pues el chico tocaba con facilidad la pieza que él había tocado la primera vez que estuvo en la plaza, el joven iba bien hasta que un sonido brusco de la cuerda equivocada estropeó  el sonido armónico, la cara del chico se oscureció ante el error, el hombre que lo observó perplejo, se inclino nuevamente

− ¿Abel, antes tocabas el violín?

−No.

−Me estas tomando el pelo ¿verdad?

−No, no a mi madre no le gustaba que mintiera.

−Vaya entiendo…. ¿y cómo has podido tocar esa pieza de Mozart?

−Recordando.

− ¿Recordando que?

−Los dedos… lo que usted hace para que suene.

−¿Es decir que tu miras lo que hago y lo guardas en tu cabeza Abel?.

−Si señor ¿está mal?.

−No, no lo está,  para nada, solo que…. no se puede tocar una pieza solo viendo… Abel ¿tu quieres aprender a tocar el violín?.

La mirada del chico se lleno de luz al escuchar esas palabras y asintió con la cabeza emocionado, el hombre le sonrió, mientras le despeinaba el cabello con unas de sus manos,

− ¿Abel tú tienes familia?

−Hermano.

−Ah vale,  tienes un hermano, ¿y donde esta?

−En casa, lejos

− ¿En España?

−Sí.

-¿Y tú qué haces aquí solo?

−Lo espero.

−A tu hermano... ¿estás esperando a tu hermano?

−Sí.

−Entiendo, tu hermano es grande.

−Sí.

− ¿Qué tan grande?

−Como usted.

El corazón de Gabriel dio un vuelco enorme, fue entonces cuando comprobó que Abel espera a alguien que nunca llegaría, pues lo habían dejado allí a voluntad de Dios, soportando las ganas de llorar y buscar a el hermano del chico para romperle la cara, respiró  hondo erguiéndosele ofreció su mano al chico y este la tomo.

−Qué tal si mientras espera a tu hermano, vienes a pasar los días conmigo, así estarás más cómodo, ¿Qué dices?

− ¡Sí!

−Perfecto, ¿pues qué tal si mientras yo llevo esta cosa, tú llevas el violín?

Dijo el hombre mostrándole el amplificador Abel asintió con la cabeza mientras el guardaba el violín en el estuche y se lo entrego al chico, ambos emprendieron la marcha hasta un pequeño departamento en el cual vivía Gabriel, fue entonces así como Abel tuvo alguien con quien tocar, y un sueño por cumplir, los meses pasaron, Abel estaba feliz y reluciente, había subido de peso, de alguna manera se desenvolvía más, hablaba más y actuaba con normalidad como si su condición ya no existiera, las clases de violín al principio eran un poco complicadas dado a que Abel no entendía algunas cosas y se desanimaba, pero allí siempre estaba Gabriel animándolo, porque algo era claro Abel tenía un talento infinito y llegaría muy lejos, llegaría tan lejos que aquellos que lo rechazaron lo admirarían y se arrepentirían. Era 14 de febrero y Abel estaba nervioso, al llegar a la plaza Gabriel conecto el violín al amplificador, y esposó al lado de Abel y lo miro

−Ya quita esa cara hombre que eres el mejor.

−Eso es gracias a ti.

−Lo sé, soy la hostia, venga a tocar.

Sin decir nada más ambos comenzaron a tocar, pero esta vez la tonada no era la misma, no era una más era algo especial pues estaba compuesta por Abel y Gabriel, la gente no pudo evitar escucharlos con más atención, algunos sin evitarlo dejaron escapar algunas lagrimas, algo en esa melodía les llegaba, los enamoraba los conmovía, esta vez no era un grupo de 10 personas, eran muchas tal vez más de 30, con sonrisas en sus rostros ambos tocaban como si fuera la última vez.

Y así de manera casi fantástica el dúo se dio a conocer, en la ciudad se comentaba que dos violinistas muy talentosos estaban causando gran impresión, esto llegó  a oídos de un hombre poderoso dueño de una disquera, un día el hombre tomó  un vuelo hasta Los Ángeles y  llegó hasta la plaza en la que el dúo se presentaba mezclándose entre la multitud, el hombre llegó hasta la parte delantera los escuchó por largo rato maravillado, al terminar de tocar los chicos dieron las gracias y el hombre se aproximo a felicitarlos y a ofrecerles grabar un disco. Fue entonces como el dúo pasó de tocar en la calle a grandes escenarios, en varios países alcanzando el éxito inimaginable.

 

Un músico es aquel que toca con el corazón y muestra su alma en cada composición. No se trata de estar en un escenario y solo tocar bien, se trata de dejar en cada nota un fragmento de tu vida, de la belleza que se esconde en lo más simple… tampoco se trata de estar sano o tener una discapacidad, se trata de tener el alma de un verdadero músico.

 

 

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    Porque estas rejas no me detendrán, tengo sed y pienso calmarla.

Hola, los relatos que publicare no son míos, no escribo, pero soy un muy habitual lector, me gusta leer, me gusta el arte en general, muchos de los relatos que publicare me parece buenos, son de alguien cercano a mi, que me parece que hace buenas historias, pero creo que no lo sabe!. En fin si quieren saber mas de mi, pues adelante, intenten conocerme!.

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