cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

3 min
Mesa redonda
Suspense |
13.03.15
  • 0
  • 0
  • 569
Sinopsis

Esa misma noche, los tíos de Elvira se reúnen alrededor de la mesa redonda para discutir los acontecimientos, sin imaginar jamás que a algunos kilómetros de ahí, en otra casa y en otra mesa redonda, se estaba decidiendo su condena de muerte por familiares cercanos de la odiada mujer.

Mesa redonda

            Los tíos de Elvira están sentados en la mesa redonda esperando que les diga la razón por la cual los citó.

            Ella, sin preámbulos, les dice que dos días antes estuvo en la tienda donde trabaja, la mujer  que había defraudado a la abuela.

—Pero, ¿cómo sabes que era ella?, —preguntó la tía Socorro—, si tú nunca la conociste.

            —Por una foto que me mostró mi mamá, —contestó Elvira—. En la foto está abrazando a la abuela como si de verdad la hubiera querido. No ha cambiado mucho; sigue usando el mismo corte de pelo y se sigue tiñendo de güera oxigenada. Además, ¿cómo olvidarla si ustedes tienen años hablando de ella? Parece que le caí muy bien porque luego, lueguito empezó a contarme cosas de su vida.

            —Si mijita, —intervino Soraya—. Así es ella. Se hace de confianza para ver la forma de despelucarte.

            —Yo hasta ahorita no entiendo cómo es que esa mujer le sacó a mi mamá la firma de ese contrato para quedarse con la casa que tanto esfuerzo le costó a mi papa, —se lamentó Socorro—. ¡La desgraciada nos dejó sin herencia!

            —A mí se me hace que falsificó la firma, —continuó Soraya.

            —Ya sabes que el juez resolvió que la firma si era de mi mamá, —aclaró Socorro—. ¡Maldita zorra! después del juicio  no volvimos a saber nada de ella. ¡Pobre de mi madre! todavía  en el lecho de muerte se acordaba de su casa y nos pedía perdón por haber sido tan ingenua.

            Elvira les dice que sabe la dirección donde vive porque había pedido unas cajas de botellas de licor. 

—Me dijo que era para la quinceañera de su hija, —agregó Elvira—. Pensé que les pudiera interesar la información.

            — ¿De qué sirve si ya legalmente no podemos hacer nada? —dijo Socorro resignada.

            —Pues podemos hacer un escándalo y arruinarle la fiesta, —puntualizó la otra hermana.

            —Ja ja ja, como sí eso le fuera a importar, —contestó Socorro.

            El tío Carlos que hasta entonces se había limitado a escuchar a sus hermanas, tomó la palabra:

            —Ya déjense de tonterías. Esa cabrona lo que necesita es un buen escarmiento. Hay que hacerle como en estos tiempos. Cualquier mono te cobra quinientos pesos por una calentadita. A ver si molacha y coja le quedan ganas de seguir defraudando a la gente.

            —Pues no es mala idea, —indicó pensativa Socorro—. Pero, no nos vayamos a meter en un lío gordo.

            —No pasa nada, ustedes denme permiso y yo me encargo —finalizó Carlos.

            Después de varios argumentos, los hermanos quedan de acuerdo en confiarle a Carlos el castigo que a su buen juicio considerara para la mentada ladrona.

            Pasaron varios días y la primera en enterarse fue Socorro. En la noticia del periódico decía que habían violado y asesinado a una mujer de manera brutal, pero que afortunadamente habían atrapado al delincuente y pronto se sabría el móvil del crimen.

            Esa misma noche, los tíos de Elvira se reúnen alrededor de la mesa redonda para discutir los acontecimientos, sin imaginar jamás que a algunos kilómetros de ahí, en otra casa y en otra mesa redonda, se estaba decidiendo su condena de muerte por familiares cercanos de la odiada mujer.   

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Este relato no tiene comentarios
  • Este relato no tiene valoraciones
  • Era una locura no lucir esta segunda piel sin imperfección. Cero varices, arrugas, celulitis y estrías. Quien no ha recorrido con la mano esta piel lisa, inmaculada se ha perdido la esencia de estos días: un avatar que te permite ser lo que quieras.

    Cuando dos personas tienen una conexión se presenta la ley de la anticipación. No se requiere de un vínculo muy especial o fuerte, basta que se abra una rendija en el subconsciente de ambos.

    Esa misma noche, los tíos de Elvira se reúnen alrededor de la mesa redonda para discutir los acontecimientos, sin imaginar jamás que a algunos kilómetros de ahí, en otra casa y en otra mesa redonda, se estaba decidiendo su condena de muerte por familiares cercanos de la odiada mujer.

    Supe finalmente cuál era el infierno del soldado: un hambre que recorre el cuerpo como un látigo, un abismo que se instala en el estómago, escalofríos que te empujan a querer comer lo que sea. Pero también supe cuál era el paraíso...

    De pronto, todo lo tuvo claro: se acostaría con él. Decidió que se volverían dos mexicanos que la gente apuntara con el dedo cada vez que pasaran.

    Las personas que estaban en la pista de baile se dividieron como si una mano invisible las hubiera separado para dejar pasar a la extraña pareja. Bocas abiertas, ojos como platos, exclamaciones de indignación. La música no cesó, al contrario, se escuchaba más fuerte...

    En esta historia los contratos con sangre siguen vigentes.

    Sin darnos cuenta nuestra historia puede ser la repetición de otra. El personaje de este cuento debe tomar conciencia de esto, sino está condenado a repetirse una y otra vez.

    La vida de un hombre depende de un objeto; en realidad, el objeto y él parecen ser un sólo ser.

    La insensibilidad puede estar en todas partes, pero ¿por qué se concentra en los juzgados?

  • 14
  • 4.55
  • 308

Muchas historias las he descartado por miedo a que no fueran lo suficientemente buenas. Entonces me di cuenta que tenía que vencer esa inercia: no tengo que escribir cuentos perfectos para publicarlos. El deleite está en compartir.

Tienda

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta