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3 min
Metro de Madrid. Vuela.
Varios |
26.07.15
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Sinopsis

Una historia cualquiera del metro con final perverso.

"Ding dong ding! Próxima parada Ventura Rodriguez."
Allí estaba yo sentado en el metro. A mi derecha estaba una chica morena con gafas, que le daban cuanto menos un toque  interesante, por no decir morboso, la misma tenia un piercing en la aleta izquierda de la nariz, de haber estado en la derecha probablemente no me hubiese percatado del detalle. Leia. Con sus gafas leia a Julio Cortazar. No recuerdo bien el título del libro. ¿Rayuela? No, me habría acordado.
No puedo recordar más detalles porque algo desvió mi atención, me molestó que eso captara mi atención más que la joven de la derecha.
Miré al frente y ahí estaban los tres sentados: un borracho con aspecto infame, una mujer con una pulsera con la rojigualda que llevaba una bolsa con ropa de trabajo dentro,por lo que supuse que seria asistenta, y un señor trajeado con unos zapatos relucientes y unos gemelos posiblemente de plata, aunque yo de joyas no entiendo.
El borracho acababa de sentarse junto a los otros dos, que debían de llevar alli desde que el metro partió de Moncloa. La señora miró con cierto desprecio al recién incorporado, mientras que el caballero trajeado lo hizo con total desprecio. Podría decirse que ya tenían algo en comun la asistenta y el directivo y eso que les unía era la repugnancia hacia una persona.

Entré en escena, dejé de mirar a la gafotas del piercing y me centré en preguntarle a la chica que a que se debía ese desprecio. Me respondió que no me incumbia. Y no se equivocaba. No me incumbia en absoluto. Sin embargo, conseguí sin quererlo que el hombre del traje respondiera. Me dijo algo asi como que esta gentuza eran la lacra de la sociedad. Me eché a reir.
Tras unas carcajadas, le pregunté que si creia en el sistema en el que viviamos (un eufemismo para evitar la palabra capitalismo). Antes de que respondiera, proseguí con la argumentación explicándole de forma muy sencilla que para que él pudiera ir así vestido, había otros que tenian que ir malvestidos. "Es decir, que para que unos como usted estén arriba otros como este señor tiene que estar abajo. De hecho debería estarle agradecido a este señor de que usted esté arriba, ya que si no fuese asi, quizas sería usted el que estaría abajo y profundamente ebrio". 
Cuando acabé la argumentación levanté la cabeza. Y para mi sorpresa no habia nadie. Quizás fuese yo el borracho de aspecto infame.
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