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6 min
MI ASESINO
Suspense |
12.05.16
  • 5
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Sinopsis

¿Qué pasaría si el amor se cruza en tu vida? Y no es lo que imaginas, lucharías por el o morirías a manos de tu asesino. Averígualo.

CAPITULO UNO

Me desperté como todas las mañanas. Fui al cuarto de baño, desayune, me prepare los libros. Y la rutina de siempre conectarme al ordenador para darle los buenos días a mi amor.

Una vez hecho. Me despedí de mis padres y mi hermano pequeñito haciéndole una carantoña, mi amiga me esperaría fuera de casa para ir juntas a la parada de autobús.

Estaba nerviosa, tenía que contarle muchas novedades sobre mi amor, tenía que decirle que estaba en América y me quería conocer a mí una chica de 16 años recién cumplidos.

Todo me parecía un sueño del que no quería despertar.

El era mayor que yo. Según me había dicho el tenia 26 años, pero eso a mi no me importaba era mi príncipe y anoche me mando una foto que escañe enseguida para que la viera mi amiga.

Era árabe pero a mi eso no me importaba, era tan guapo...
Encendí mi móvil por el camino y de portada lo tenía el, Con su turbante, sus hermosos ojos azules, su barba de dos o tres días y su hermosa sonrisa habían robado mi inocente corazón.

Mi amiga estaba en la parada de autobús. Me llamaba a gritos y corrí a su encuentro.

—Llegas tarde.

—Lo siento —le conteste.

Sin más le enseñe la foto.

—¿Quién es? —me pregunto.

Se lo conté y su respuesta fue.

—Estás loca. Deberías decírselo a tus padres. Es mayor que tu y para colmo árabe, No recuerdas el atentado que nos hicieron.

—Sí, lo recuerdo. Pero no todos tienen que ser iguales.

—Yo no me fiaría de ellos. Y cambiemos de tema llega el autobús.
Mi amiga estuvo muy callada hasta llegar al Instituto.

Nos separamos porque a primera hora teníamos asignaturas diferentes y nos veríamos en la siguiente clase.

Sobre las 10:00 acudíamos a nuestra siguiente clase.

Cuando...

Nos miramos las dos ¿Qué ocurría? ¿Qué eran esos gritos? ¿Por qué hablan en extranjero? ¿Quiénes eran? Nos empujaron hacia las clases, quemaron nuestros libros.

Unos ojos me miraron y yo los observe también.

No quería creerlo, no podía ser él. Iba vestido de negro y su rostro lo cubría un pasamontañas que solo dejaba ver aquellos hermosos ojos azules y inconfundibles para mí. Me deje caer al suelo y mi amiga me ayudo a levantarme y al hacerlo dije su nombre.

—Abdul.

Me golpearon y arrastraron fuera de esa clase. Llevándome a otra distinta donde esa persona me dijo.

—No deberías estar aquí, sino en casa.

—¿En casa? —le pregunté,

—Si, en casa —me contestó. En mi país lo están.

—Pero en el mío no —le conteste. ¿Qué quieres de nosotros? —le pregunté.

—Haz lo que yo te diga si no quieres morir. Vais a morir todos modos, nuestro Dios nos lo exige, Pero...

—Pero que...

—Calla —me ordeno golpeándome con la culata de su arma y gritándole a un compañero.

—Llévatela y al menor movimiento extraño que haga, la matas.

—Abdul —proteste.

—He dicho que calles.

—Callarme ¿¡Por qué!? Me has engañado verdad. Quiero saberlo. Contéstame por favor. Quería que te conociera mi familia. Lo deseaba, pero ahora ya no. Prefiero que me mates a creer en tu amor Abdul.
—¿¡Quieres llevártela!? O...

—O que Abdul. Mátame si es tu deseo.

Esos ojos no dejaron de observarme y entro dentro de la clase y salió poco después con una chica a la que le disparo diciéndome.

—Ella, por ti.

Cuando vi a quien disparo grite.

¡¡¡Eres un hijo de puta!!! ¿Por qué ella? —le pregunté.

—Lo tenía escrito en sus ojos. Y ahora harás lo que yo te diga si no quieres ser la siguiente Hanna.

—Prefiero morir que someterme a ti.

—Hanna...

No le conteste me abrace a mi amiga, sollozando que esa era mi muerte y no la tuya, que dirán tus padres cuando lo sepan, me echaran a mí la culpa como siempre lo hacen. Esos pensamientos bombardeaban mi cabeza una y otra vez. 

¿Por qué entraste en mi vida Abdul? ¿¡Por qué!? Maldito sea el día que te vi en la red y me enamore de ti ¡¡¡TE ODIO!!! Soy solo una cría no te diste cuenta cabrón o en tu país eso no importa dije en voz  alta.

—Estoy casado Hanna, pero eso ahora no importa. No deseo tu...
 Quiero...  Alguien se acercaba Abdul dándole ordenes y él se cuadro ante esa persona. Me apunto con su arma y me empujo hacia la clase tirándome al suelo.

—Todos igual que ella o disparo.

Todos obedecieron, vi de reojo a Sara y unas lágrimas resbalaron por mis mejillas.

"Siempre estarás en mi corazón"

Sonó el móvil de mí amiga que debía hacer contestar o no, y pensé serán sus padres siempre llaman a estas horas para recordarle a su hija que tiene que tomar su medicación.  Y yo pensé, ¡Medicación!, que medicación va a tomar si está muerta.

Su móvil no dejaba de sonar.  Y Abdul me empujo hacia el gritándome.

—Contesta, Hanna —me estoy poniendo nervioso.

Porque tenía que contestar me decía. Que lo haga él, él es el responsable de su muerte no yo.

No dejaba de mirarla y de mirar a mis compañeros desde mi posición.
Alcé la vista de nuevo y Abdul acercaba su mano hacia mi pelo arrastrándome junto a mi amiga.

—Si vuelve a sonar, contesta. Me has oído, no me obligues a dispararte.

—Porque he de hacerlo, hazlo tú —le contesté. Eran sus padres, la llamaban para decirle que no olvidara tomar su medicación, siempre la llaman sobre estas horas. Que medicación ha de tomar, si le has quitado la vida. Eso es lo que quiere tu Dios Abdul, pues te diré que tú Dios es un hijo de puta, un cabrón Sara estaba superando su cáncer. Había recuperado la ilusión de vivir y tú la has matado sin más, no le has preguntado si quería vivir o morir  ¿Por qué no lo has hecho? y yo te preguntó ¿Por qué no lo hiciste?

—Hanna... Yo...

De repente... uno de esos tipos empezó a preguntar.

—¿Cuál es tu religión?

—Católica —contesto ese compañero.

—Y la tuya —dijo otro de ellos.

—Judía.

Según respondían o los apartaban o les disparaban y pronto llegaría mi turno y me preguntarían. Y yo era católica y a nosotros nos aniquilaban ¿Qué hacer? me preguntaba.

Que haría Abdul si contestó que soy católica me defenderá o me disparara también. Tenía que saberlo.

Y grité.

¡¡¡Soy católica!!!

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