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4 min
Mi Barrio (III y Final)
Varios |
06.10.13
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Sinopsis

idem

   III

 

Arrasó el barrio hasta los cimientos. Como una tormenta de verano oscura y violenta. La noticia corrió rápida hasta que el tiempo se quedo ensimismado mirando al portal con la secreta esperanza de verla aparecer.

Francisca, nuestra Francisca, a la que todos mirábamos cuando salía a cualquier recado contoneando una estela de aroma a mar, a libertad, a naturaleza viva, se había fugado con un príncipe extranjero, dejando a sus señoras sumidas en el dolor. Al final resultó que se había marchado con un representante de comercio que en un golpe de suerte destinaron a la zona de la capital. 

Ella siempre necesitaba nuevos horizontes.

El barrio se había transformado en una cárcel, cada vez más opresiva, cada vez más cerrada. Su relación con Don Benito pasó de la risa al llanto, de lo prohibido a la rutina, cada día más celoso, cada día más marido y menos amante. Conocer a Antonio supuso la oportunidad de dejar atrás todo y volver a empezar y a respirar.

En su adiós dejó un lugar un poco más triste, a las Señoritas Márquez un poco más solas (les buscó un buena muchacha, pero ellas echaban de menos el revuelo de sus faldas, sus cotilleos indiscretos y  sus sueños).Y a su amante con los ojos inundados de lágrimas.

Don Benito lloraba en su colmado, lloraba en el pisito, donde lejos de las miradas, vivian su pasión. Don Benito comenzó a no dormir, a no comer, a olvidar su tienda, a olvidar vivir.

Se lo encontraron una mañana, sentado a la puerta de su comercio, con los ojos abiertos, la boca cerrada y el corazón roto. Su mujer, Mercedes, sufrió tanto mientras  estuvo enfermo.Sufrió porque un día lo quiso, por el amor que le había tenido, por su vida, por el miedo, por el desamor. Sufrió tanto, tanto que un día aparcó su dolor, se puso el delantal y comenzó a dirigir la tienda, con tacto , suavidad y mano de hierro. Fué su rendido homenaje .

 

 

   Final.

 

Una voltereta de la vida y se acerca el punto y final, al menos para mí. Otros tendrán su principio mientras yo cierro mi capítulo en este cambio de estación. 

No la veré acabar.

El barrio seguirá su rutina, un infinito círculo de sentimientos y sensaciones. La orgía de la vida que te va desnundadno hasta dejarte en pura alma. Seguiran sus habitantes con sus pequeñas historias que me saben a ese café caliente en la Cafeteria de la esquina una mañana soleada de otoño.

En este tiempo César se casó con María José, su fuerza, su hombro amigo, su esperanza en el desolado mundo que atravesó al morir su mujer. Ella hizo de madre de sus hijos, de panadera y tendera, de limiadora, de confesora ,Hace pocos  días tuvieron una hija. María José quiso ponerle Aurora.

De Francisca alguien comentó que por fin está en París, trabaja en un cabaret famoso....No sé qué Rouge.Estoy seguro que volverá locos a los franceses y cuando París le oprima buscará una ciudad más lejana.

De otras historias puedo imaginar un final.

Seguro que Doña mercedes se casará con nuestro Sereno que vela nuestra noches  y madrugadas. De hecho ya algunos días se les ve juntos y como si fueran dos colegiales, se sonrojan al mirarse. LLenaran su casa de niños y de amor.

Y mientras imagino y sueño, miro por la ventana. Veo  pasar a Juana. Se queda ahí parada, como todos los días, desde hace tantos años que ya ni recuerdo. Al principio yo abria el balcón y por unos momentos mi cuarto se transformaba en normalidad. Hace mucho tiempo que ya no se abre, sólo nos miramos intensamene mientas levantamos nuestras manos como si pudieran juntarse en un acto extraño de amor y fé, como si ese pequeño movimiento uniera nuestros cuerpos, rozara nuestra piel.

Pasa el tiempo. Todo el barrio palpita , todos aquellos que han llenado mis días y mis noches. Cientos de corazones que laten acompasados al amanecer.

Una rueda infinita.

LLegó el fin. ya no hay dolor.

Todo esta bien.

 

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