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5 min
Mi bosque, tu bosque, nuestro bosque
Humor |
27.08.15
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Sinopsis

No es más que una pequeña anécdota erótica sin mayor trascendencia.

Todo empezó en el gimnasio, en clase de aerobic. Voy dos tardes por semana, nos dan un buen tute y, luego, nos duchamos, nos vestimos y a casa. Más que en el gimnasio, el asunto empezó concretamente en el vestuario. La primera fue Paula y, al cabo de un tiempo, empezaron a seguirla las demás, Loli, Irene, Verónica... O sea, no es que yo me fijara, es que si todas salimos desnudas de la ducha, se ve a simple vista si una u otra lleva el perejil afeitado. Eso fue, que todas copiaron a Paula y yo tampoco tenía tanta confianza como para preguntarles por qué habían decidido llevarlo así. Para mí se lleva como se ha llevado siempre y luego, sobre todo en verano con el bikini, se recorta para que la pelambrera no asome.

Sin embargo, envidiosilla que es una, las miraba y pensaba si se lo habrían afeitado por capricho de sus novios o maridos o si por alguna moda moderna que yo tampoco me explicaba: ¿por qué va a afectar la moda a algo que no se suele ir enseñando por ahí? Pero caí en la tentación. No sé si por imitarlas y que no pensaran que yo era una antigua o si por Carlos, por lo de renovarse y buscar estímulos nuevos. Decidida, me lo afeité yo también.

Eso fue el jueves de la semana pasada. Y el viernes me dice Carlos a lo cursi que si cena romántica en mi casa. Llevamos dos años y ya desde el principio se lo dejé claro: lo que quieras, pero tú en tu casa y yo en la mía. O sea, que alguna noche se puede quedar a dormir. Porque, para él, cena romántica es comprar un par de platos preparados en el Delicatessen, cenar y polvete. Un día quiso que pusiera dos velitas para ambientar la cena y le dije que, habiéndose inventado la electricidad, para qué las velitas si además podía caer cera en el mantel.
Total, que el viernes cenamos y, luego, al asunto. Entramos a la alcoba, él empieza a desnudarse en el lado que acostumbra y yo lo hago en el mío de espaldas. Acabo, me voy dando la vuelta despacio para echarle emoción y, cuando estoy ya completamente de frente, veo que me está mirando ahí con cara de tonto:

-¿Se puede saber qué ha pasado?

-Que quería darte una sorpresa?

-¿Y para eso has tenido que talar mi bosque preferido, el que anuncia el camino a Disneylandia?

-Las demás, en el gimnasio, lo llevan así.

-Pero yo no me acuesto con las demás. Me acuesto contigo. Y así soy incapaz.

-¿Por qué? Si no cambia nada…

-Pues porque así o me parecería que lo hago con una niña de diez años o con una puta de las que aparecen de noche por los canales porno, que todas lo llevan así.

-¿Y qué haces tú viendo los canales porno? 

-No los veo, me salen solos haciendo zapping. Y ya te digo, yo así no lo hago porque, además, seguro que no armo.

Y venga con que seguro que él así no arma y yo venga a intentarlo con mil recursos que no voy a detallar. Pero no, me dejó a dos velas porque ni armó el viernes a la noche ni el sábado al despertarnos, que volví a intentarlo por si lo cogía por sorpresa. Además, aunque siempre dormimos desnudos, me pidió que por favor me pusiera bragas no fuera a rozarme ahí con la pierna sin querer y luego tener pesadillas.
Al despedirse el sábado por la mañana mucho cuánto te quiero y mucho cariño por aquí y cariño por allá pero que las cosas eran así. Y aún me pidió, también con muchísimo por favor, que cada noche me hiciera ahí una foto con el móvil y se la mandara:

-Para ver cómo va progresando la repoblación forestal. Y cuando vuelvas a tener el bosque bien tupidito y frondoso…

Y yo soy sumisa y obediente. Ya me tienes cada noche, y de momento sólo van cuatro y no veo avance alguno, enfocándome con el móvil y enviándole la foto. Dice que se las pasará al ordenador, las imprimirá y hará un álbum… Mientras tanto, yo a esperar. Y no, no se me ocurre buscarme otro novio con menos manías. Quiero a Carlos y más aún después de su argumento contundente:

-Con lo que me gusta a mí pasarte la lengua y después estar media hora escupiendo pelos…

Si en el fondo tiene razón, la culpa es mía por hacer caso a las del gimnasio y buscar aventuras. Pues eso, aquí estoy mirándome cada dos por tres a ver cómo avanza mi repoblación forestal.

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    Como he visto hacer a otros, publico aquí el relato con el que participé y me descalificaron del concurso (que no se me cae la cara de vergüenza). A ver si así recupero en el ranking alguna de las 40 posiciones que perdí mientras un relato mío estaba, sin yo comerlo ni beberlo, como relato del mes. También puede ser que me hunda en la miseria, claro, y acabe en la posición 200.

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    Otro relato marinero pero esta vez atlántico. Escrito hace años, repasado, reposado y ahí va

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    Arrímate a los buenos y serás uno de ellos. Eso piensa la madre de Lázaro de Tormes y, después, le va como le va. Por eso yo, escarmentada de su ejemplo, al verme en el número 101 del ranking, me he inventado algo de bajo nivel a partir de anécdotas que me cuenta mi marido; a ver si así puedo volver hasta la posición 120 o superior donde me sentiré más cómoda.

    Más de lo mismo

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  • 4.29
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