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10 min
Mi infinito I
Amor |
16.05.15
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Sinopsis

Una historia de amor, ¿cómo sabes que la persona con la que te encuentras es la correcta? ¿Cómo saber si será realmente un amor eterno? Los amores pueden empezar en un ir y venir, nadie sabe cuando, ni donde, ni en que etapa de la vida, pero existe un unico momento, en que sabes que te has enamorado, que sabes que es amor, que sabes que es la persona indicada. Es una historia que le puede pasar a cualquiera, a todos, con un final inesperado, aunque.. el amor no tiene final ¿no?

Uno se pregunta siempre como saber si esa persona por la que sufres hoy, ¿realmente era la persona correcta? ¿Cómo saber si era la indicada? Un amor de adolescencia, de universidad, de verano, a distancia; ¿cómo saber que realmente es el amor de tu vida? La respuesta no es difícil de saber, porque realmente no hay respuesta, porque realmente cuando es el amor “infinito” no existe pregunta, simplemente se sabe, dentro del alma, de la piel, se sabe.

Esta historia, no, MI HISTORIA, debería empezar en mi adolescencia, una etapa difícil, me enamoré por primera vez y duró tres años, claro que hubieron problemas, realmente siempre fueron mi culpa, era demasiado inmaduro para poder apreciar a alguien que me quería, que vivía pendiente de mí y mis necesidades como persona, algo que no había sentido jamás de nadie, siempre preocupándose por mí.

-¡No tomes! ¡No fumes! ¡Estudia! – exclamaba siempre

Yo, como no, claro, siempre daba la contraria y tomaba, fumaba y en los estudios, no fui tan mal alumno, pero pude ser de los mejores. Era alguien que siempre se preocupaba porque lo que se veía en mi exterior era lo que yo sentía en mi interior, bueno vamos, ella veía mi interior y veía las heridas que tenía dentro, el rencor hacia mí mismo, el dolor de mi padre, mi poca autoestima y la gran locura que llevaba el interior, ella siempre preocupándose por mí, siendo simplemente ella misma.

Aun así puedo decir que me enamoré, que escribí cartas (dos en realidad), que fui capaz de abrazar, que pude abrir mi interior y contarle cosas de mi vida, decirle mis sentimientos, expresarlos… era por primera vez yo, y alguien me quería así, podía mirarme y sonreír y yo devolver la sonrisa más honesta que tenía… Era yo, y eso fue mi error, ser yo, porque lastime, porque era yo puro orgullo, porque yo no me equivocaba y aunque me equivocara no podía aceptarlo, mi forma de aceptar mi error era hacer creer que yo estaba bien, “reír” y bromear con otras personas e ignorar… Ser yo estuvo mal.

- Te quiero – me decía

- Yo también – siempre respondía

- Yo también, yo también, es que no puedes decir algo más? – exclamaba riéndose

- Sabes que es lo que siento por ti – sonreía agachando la mirada

No, nunca me he definido por ser un hombre francamente “tierno” o “”cursi” pero sabía entenderme y luego siempre de esa charla, recibía uno que otro beso o un abrazo, y algún que otro abrazo supe responder. Que como se responden los abrazos? Es un proceso digamos en que también demuestras el cariño hacia alguien a través de los brazos, extendiéndolos alrededor del cuerpo de alguien, como queriendo unir corazones.

- ¿Será que algún día podrás decirlo? – me miraba con sus grandes ojos negros como queriendo saber, algo de lo que ya ella tenia respuesta.

- Lo siento – siempre lo decía susurrando

- No importa – sonreía – Te quiero tonto.

¿Que no la merecía? Claro que no la merecía, ¿cómo alguien tan linda podía sentir algo tan lindo, por un ser no lindo como yo? Siempre lo supe, o era lo que creía, no la merecía, ella necesitaba a alguien que le pudiera dar todo lo que ella daba, que el orgullo lo dejara a un lado, que el amor fuera siempre primero, y sabia en ese momento que yo no lo podía dar.

Aun así fueron 3 años en los que me supo aguantar, y que fui capaz de tener detalles, recuerdo algunas noches de verano cuando recibía llamadas al celular:

- Hoy hace calor ¿no? – resoplaba

- Bastante, cada vez se pone peor, ya ni dormir se puede – le decía yo vestido solamente en short.

- ¿Qué te parece si compras un helado de chocolate y vienes? – me lo decía un martes a las 10:00 pm

- Pero ¿no es un poquito tarde para salir de casa? – con el calor que hacía no provocaba salir.

- Si vienes, te doy un beso – sonreía, siempre sonreía.

- ¡Ya voy! – exclamaba mientras buscaba una camiseta para salir corriendo.

¡Claro que la quería!, como no quererla, era dulce, ¿Cómo se fue a fijar en alguien como yo? Era mi pregunta cada que peleábamos y que me daba cuenta que era yo, y solo yo el del error. Pero era un chico adolescente, lleno de amigos, o pretensiones de amigos, me gustaba salir todos los fines de semana a beber alcohol, de ese barato porque no nos alcanzaba el dinero, fumar e ir a fiestas.

- Necesito divertirme – le decía intentando justificar lo injustificable.

- Pero puedes divertirte de otra forma, no necesitas beber, no necesitas fumar – se enojaba conmigo.

- Yo si lo necesito, fumo porque me da la gana, bebo porque me da la gana y voy a fiestas porque me gusta – me enojaba más aún.

- Puedes ir a fiestas, pero porque siempre terminas bebiendo, ¿no te das cuenta? Esos no son amigos, ¡tú no puedes beber! – gritaba

- Son amigos, me gusta salir con ellos, solo ellos me entienden – mentía, jamás hable nada serio con ellos.

- ¿Que entienden? ¿Acaso entienden que el Dr. dice que no puedes beber? ¿O que no deberías fumar por tu corazón? Estas chiquito y ya te estás perdiendo – Se notaba que era mayor que yo, unos meses, pero había madurado mucho más que yo.

Y siempre terminaban las peleas así, yo saliendo a beber más por haber peleado, o camino a la playa a subir a alguna ola y ella enojada en casa preocupándose porque salía tarde de casa y llegaba muy tarde, pero tenía razón, no podía beber ni fumar, aunque para sentirme mejor, hacía mucho deporte los días de semana, según yo, eso contrarrestaba el maltrato a mi cuerpo el fin de semana.

Pasaban los días y los meses y aunque iba creciendo, seguía con los mismos pasos, acabamos el colegio, no sabíamos muy bien nuestro futuro, ella quería estudiar para ser Abogada, pero termino estudiando para Administración, y yo, yo quería muchas cosas, pero tenía que seguir el ejemplo de la familia, debía estudiar lo que querían, pero era demasiado rebelde para hacer caso, mis hermanos y mi mamá siempre peleando conmigo:

- No haces nada con tu vida, tus hermanos a tu edad nunca me dieron problemas – gritaba una y mil veces – si tu papá estuviera vivo, estaría avergonzado de cómo has crecido.

- Claro que se lo que quiero – Y en mis pensamientos seguía la respuesta: irme lejos de ti.

Era una escena que se repetía seguido en casa en mi último año de estudios, pero tenía mi soporte, tenía quien me escuchaba y me decía una y otra vez, todo va a estar bien, vamos a salir juntos, y yo, yo sonreía, dejaba el amargo de la pelea y le contaba chistes malos que había leído, y ella se reía de mi mal sentido del humor, yo sonreía, siempre sonreía.

Y de pronto en un abrir y cerrar de ojos, me encontré conmigo mismo, conmigo estudiando algo que no quería estudiar, me descubrí fuera de mi ola, me descubrí sin mi soporte, me descubrí lejos de mi familia, me descubrí solo.

- ¿En qué momento perdí todo? – me pregunté

No había madurado, pero la persona que hasta ese momento estaba a mi lado, si lo hizo y entendió que no quería a alguien que resolvía sus problemas en la bebida, se dio cuenta que no quería preocuparse los fines de semana, se dio cuenta que debía dejar de insistir en que le volvieran a hablar, que rogar cariño está mal…

No, en ese momento no me di cuenta que la perdía, no supe cuando la estaba perdiendo. Esa misma tarde echado en mi cama, mirando el techo de la habitación, me di cuenta, me di cuenta de cómo estaba llevando mi vida, me levante, me cambie de ropa, agarre mi tabla y me fui donde yo siempre he pensado puedo ser yo mismo… el mar.

Necesitaba callar mis pensamientos, y mientras manejaba no podía evitar derramar lágrimas, yo el que nunca lloraba, el que no demostraba jamás lo que sentía, ese que delante de todos era el más fuerte, estaba llorando, después de tanto tiempo, después de tantos años, estaba llorando. Llegue a la playa, hacia frio, pero daba igual, necesitaba sentir la arena en los pies, entrar al agua y sentir que las olas me traían calma con su ir y venir, pero no pude, quede arrodillado frente al mar, con un puñado de arena en la mano, maldiciendo, maldiciéndome, por no haber sido capaz de decirle que sí, que la quería, que la quería demasiado, responderle todos sus abrazos como lo merecía, quería haber sido capaz de reírme a carcajadas como ella y no solo sonreír, quería haber dado más de mí, sabía que pude dar más de mí, quería haber podido escribirle más cartas y no solo pensar hacerlas, quería mirar más tiempo esos ojos negros que tanto me gustaban, esa sonrisa contagiosa, quería ir al cine más seguido, y se venían los recuerdos a mi cabeza :

- ¿Porque lloras? – le decía bajito, para que nadie en el cine nos escuchara

- No llores, cálmate – le seguía diciendo mientras ella me abrazaba más fuerte.

- Todo va a estar bien – ella se iba calmando, mientras yo ya no sabía que decir.

- Gracias, te quiero – y una sonrisa, siempre una sonrisa de ella. Jamás entendí eso, hasta ese momento no sabía que había sido.

Lloraba porque era la última vez que veríamos una película juntos, porque todo se había acabado ya, ella lo sabía, y yo no, yo no me di cuenta. Gritaba una y mil veces, porque no pude ser capaz de darme cuenta, porque las personas que quería se iban, porque ella, porque no le dije que yo también pensaba una vida feliz a su lado, que a pesar de mi locura, quería una familia, casarnos, una casa, no separarme de ella por las noches, apoyarla siempre en sus proyectos y cumplir los míos, quería decirle que la quería a mi lado… Pero no pude, ya no pude, ya no podía hacerle eso, no podía causarle más daño, ya no más daño, y lloré, volví a llorar, toda la tarde, toda la noche, frente al mar, solo… solo…

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