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3 min
Mi mascota
Drama |
28.01.15
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Sinopsis

Voy transitando tranquilo en el automóvil, bien sobre la derecha para no molestar a nadie. Total, a los muy viejos sólo nos esperan los animales. En mi caso: Chichón. Ese perro molesta mi soledad con sus diabluras y me permite diferenciar aun los días.

¿Otro más? Es el tercer campeón de fórmula uno que me pide paso con su prepotente bocina. Pongo el guiño, prendo la baliza, le hago señas ¡No sé que más pretende!

Finalmente me sobrepasa mascullando algo que no entiendo. Por las dudas lo saludo con los dedos, haciéndole la V de la victoria ¿O sólo levanté el dedo medio?

Se ha hecho tarde. Me sorprenden las farolas de la calle que acaban de encenderse, ya está oscuro. Regreso.

Abro los portones del garaje y enciendo la luz. Al subirme nuevamente al coche me doy cuenta que se han quemado dos bombillas y casi no veo la entrada. No tiene importancia, me digo, hace más de cuarenta años que lo uso. Hasta con los ojos vendados podría entrar. Tal cual, aterrizaje perfecto. Sólo me molesta ese escalón de la entrada, parece que hubiera crecido. Decido una vez más colocarle una pequeña rampa y como siempre, lo dejo para mañana.

Cierro los portones y al hacerlo recuerdo mi primer encuentro con Chichón: yo salía cargado con las bolsas de basura de casi una semana, enojado por mi propio abandono y allí estaba él. El perro más pequeñamente feo que hubiera visto en mi vida. El rabo parecía las alas de un colibrí, sin dudas se reía de mí y sus piruetas terminaron derrumbando el mal humor. Cuando entré con él tropecé y me pegué tal golpe en la pantorrilla que al día siguiente tenía su nombre amoratado sobre ella.

¡Qué descuido! He dejado abierta la puerta que comunica al garaje con la casa. Debo poner más atención.

¡Chichoónn! Qué extraño no me esté revoloteando.

Debe estar en el jardín, no soporta a los gatos. Más vale espantar al gato que tratar de calmarlo.

¡Chichoónn! No lo siento… Reviso y le completo agua y comida; casi no quedaba, de modo que comió hasta hace poco.

Subo a los deshabitados dormitorios ¿Chichón? ¿No estarás masticando el cubrecama de Elsa, no? No.

Enciendo todas las luces, me apresuro de cuarto en cuarto. El frío del miedo va invadiendo mi corazón ¡¿Dónde estás manojo de pelos?! ¡Ingrato, ladrame!

Abro las ventanas para mirar hacia fuera, vana ilusión que ya sé inútil, pues todo estaba cerrado.

He pasado la noche en vela, sin comer ¡Chichoónn!

Siento que tengo muy baja la presión, debo salir ¡ya! o no saldré.

Como sonámbulo abro los portones y arrancando salgo con el auto golpeando nuevamente el escalón. Desde otra dimensión, a través del parabrisas lo veo. Aplastado por las huellas de los neumáticos, todavía muerde la pelotita amarilla que le regalé la semana pasada.

 

Carlos Caro

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  • Mira, en realidad no coincide el género pues era Terror. Me tenía cansado ese oloroso animal con sus ladridos, no me dejaba comer ni dormir. De modo que preparé la trampa, quité bombillas, deje la puerta abierta y le puse en el camino de la ruedas su alimento favorito. Regresé sin luz, pero, al día siguiente tenía un estupendo guión para un relato con lágrimas de cocodrilo. Gracias Federico, he querido comentarte antes, pero no hasta que tú me conocieras y así tuvieran valor. Creo que nos divertiremos mucho. Un abrazo
    Muy entretenido tu relato, Carlos. En medio de la lectura revisé el género creyendo que me había equivocado. Al llegar al final estaba tan sonriente que casi no me dio pena la historia; pero sí, es muy triste. Espero que no sea cierta porque debe haber sido terrible. Y si sucedió de verdad, está tan bien escrita que, con humor y todo, es un gran homenaje. Un saludo.
    Como siempre, me haces poner colorado con tus elogios. Gracias Alejandro
    Gran relato Carlos. En su sencillez radica su genialidad. Tienes facilidad para transmitir emociones de las que calan hondo. Buen trabajo el tuyo.
    (una aclaracion a la pregunta de tu comentario )Mi hermano es quien escribe y publica aqui, por una enfermedad grave tiene que ingresar de vez en cuando en el hospital, en esos momentos de deja la libreta donde suele escribir y me pide que siga publicando sus relatos hasta que se recupere, o si muere hasta que ya no quede ninguno por publicar
    Jajaja. Leviathan 7, con lo de genio bastaba. Un abrazo
    Con todo mi respeto, caballero: Es usted un puto genio.
    ¡Hay! zenon, escribes y sientes de una manera tan afín, que, al igual que yo, no creo temas al fin. En tu Goldo volveré a ver a mi chichón. Un abrazo
    Al contrario Gustavo, yo debo agradecer que me leas. Un abrazo
    Apreciado Carlos, normalmente valoro los relatos por sus aspectos literarios, independientemente del contenido o el tema de que tratan. En este caso me ha sido impos;ible: siempre he tenido un perro a mi lado (ahora mismo, Goldo calienta con su lomo mis pies, mientras un endiablado viento azota la ventana del estudio: un viento hombrón y sañudo que nos va a dar la noche, lo veo venir). En fin, decía que los valores literarios me pueden... pero en este caso... Tu relato está bien escrito, desde luego... tanto que me ha dejado un vacío en el estómago, un dolor en el corazón. Pero te prometo que miraré muy, pero que muy bien cómo aparco el auto a partir de ahora.
  • Basado en acontecimientos reales.

    Hay cosas que nunca cambian.

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Satisfecho Ingeniero Químico y hombre de negocios de diversa suerte. Hoy ya jubilado, desfachatado, intento narrar cuentos y transmitir mediante ellos lo que nunca podría “decir”. Solo puedo esgrimir como antecedente el haber leído todo cuanto cayó en mis manos, he sido un roedor infatigable de librerías. Desde los clásicos hasta los prospectos completos de los remedios, práctica ya un poco abandonada por falta de las dioptrías necesarias. Nunca me hubiera atrevido sin el estímulo y las críticas de profesionales: mi esposa y su compañera de estudios. Todos nos conocimos hace cuarenta años cuando ellas estudiaban el Profesorado Universitario de Lengua y Literatura. Inquieto, me asombro de esta predestinación. Debo también mencionar en mi haber, el estilete afilado que es la mente de mi hija quien me sigue letra a letra y me alerta cuando no escribo lo que quería escribir. Para terminar, aprovecho para pedirles críticas; todas, de cualquier índole. Solo así aprendo. Esta es la cuenta principal a mi nombre en “tus relatos”, si quieren acceder a la secundaria y sus cuentos pulsen el “Web” de este perfil. Iré publicando cuentos en ambas para facilitar su lectura y es mi intención que nos divirtamos juntos con la literatura. Mis blogs, desde: http://carloscaro7.blogspot.com.ar/

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