cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
Mi metafora
Reflexiones |
15.02.15
  • 5
  • 0
  • 874
Sinopsis

Metafora, a libre interpretación del lector, un gladiador, antaño el gran campeón, cientos de batallas libradas, amaba el tacto de la espada,el olor de la arena le despertaba, el sabor de la sangre era su droga y su éxtasis el rugir del público, se ve vacío, pierde esta emoción al espectáculo ya que ansía una verdadera batalla.

La sangre brotaba de la pierna de su enemigo, tirado en el suelo suplicante, su mirada reflejaba ya unos pálidos labios, que se cernían fríos a su cuello, la muerte encontraba un nuevo amante, y Baro se lo otorgaría de un solo golpe. Era el golpe más certero de Baro, el más aclamado por el público, el más animal y salvaje, separarle la cabeza como se separa el hoy del mañana, un instante, ni si quiera percebiría el dolor... Empuño con decisión la espada, pesada como el remordimiento, fría como la mentira y más certera que el no de una mujer...

Miró al público indeciso, se repetía ese rugir aclamando el final al cual siguió un rotundo silencio al alzar la espada que confirmaba la petición de la plebe... La sangre volvería a manchar sus manos, las lenguas volverían a dibujar su fama, una fama de artista, el escultor de la muerte, el pincel que firma el cuadro, el do final y el suave entonar del último verso. Él no mataba, glorificaba la sangre, ensalzaba la valentía e inconsciencia de aquel temerario al que habían ofrecido como sacrificio a un hambre incesante de latidos finales, como vino a una sed de gloria, como alcohol a la herida abierta y que nunca sana ya que se abría cada mañana al despertar... Excepto esa mañana, esa mañana reflexionó que era todo aquello, representaba papeles de generales, heroes de leyenda que lucharon por un fin, por una causa, por un amor , a la patria, hacia una mujer o hacia la propia vida... Él, pese a revivir batallas día tras día, pese al manto de vírgenes, oro y sangre que le cubría, pese a que la adrenalina se había convertido en su oxígeno, se sintio vacío... Era una canción que nada entona, un poema sin significado, era un teatro, una gran mentira... 

Apuntó con el gladio al gaznate de aquel chiquillo soñador, el que pensaba componer el requiem en el violento resonar de los tambores. El brazo le pesaba. No era el acero, era la verdad la que estremecia sus músculos, las preguntas sobre que sentido tenía aquello, él no era Aquiles, ni ese chiquillo Hector...Él solo era un fantasma sin rumbo, un niño con una espada de madera, la diferencia con  éste es que la criatura no alimentaba sus sueños con las almas de otros,él no era un parásito como Baro. 

Sus piernas realizaron una vuelta, característica  de un lanzador de disco, y culminó con un corte sordo, en cuyo silencio escondía un grito de su propio espíritu, el aberno estaba un paso más cerca... El eliseo era solo una mera ilusión 

La sangre se escupió de aquel cuello, mezclandose con la arena... Pero Baro no saboreó... El público rugió como el más fiero de los leones, todo el imperio estaría expectante a que suceso fue la razón de aquel extasis... Pero Baro no escuchó... Le llovían flores y laureles, monedas de oro y ropas de las más pulcras mujeres... Pero Baro no notó su tacto...Pisaba un suelo inexistente y atravesó una puerta invisible... Su conciencia no quería asimilar ese vacío, su corazón aclamaba alguna razón para aquella masacre, para tanta inmoralidad... 

Quería ponerle fin, quería encontrar un sentido a aquello...

Esa noche fue recompensado con 7 mujeres, 7 jarras de vino y 77 monedas de plata, querían reconocerlo como un Dios.

Todos los gladiadores del ludus compartieron el festejo con él, todos querían saber de sus enseñanzas... Querían el secreto para convertirse en sombras sin destino, trozos de carne, animales...

El vino sabía a azufre, llenaba su boca quemándole la garganta... La plata pesaba como si en vez de una moneda fuese un mundo entero... El tacto de las mujeres le resultaba áspero pese a ser las más bellas y perfectas de toda la región, no encontraba placer en sus brazos... La muerte era la única falda que le calmaría, pero esta era esquiva y lo miraba desde el publico... La búsqueda de una razón, de un fin y una causa para aquellas batallas es lo que hizo que su cielo se tornase infierno.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 83
  • 4.67
  • 169

Soy un gilipollas, pero un gilipollas encantador.

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta