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2 min
Mi otro viaje
Varios |
08.01.09
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Sinopsis

A finales de agosto, me esperaban en una playa de Almería, pero acabé pasando, muchas de aquellas largas tardes, en la ciudad de Nora. Ayudándola en las tareas del hogar, gozando de sus palabras serenas en el saloncito del té. Junto a ella, aprendí maneras de sufrir, de ser amable... Probablemente, jamás encontraré en cualquier otra de mis futuras estancias, a una anfitriona de trato igual. Por eso, el atardecer que decidió poner un drástico fin a las apariencias, abandonando para siempre la abnegada vida de madre, muñeca y esposa, la observé sumido en el desconcierto desde la acera que me llevaba hasta su hogar. Aferrada a su firme decisión, pasó rozándome, despojada de la venda que durante tantos años le impidió ver más allá de su mundo. Abrigada, con sombrero y una maletita de viaje. Y allí permanecí, en un silencio quieto. La felicidad había dejado de abrazar su matrimonio...
Las visitas a Santiago, las dejé para las madrugadas estrelladas. Una de esas noches rasas que tan bien conocí. Sentados en la puerta de su choza, hablamos horas y horas. De los sueños que no habíamos cumplido, de las cosas buenas y malas de la existencia. Obviamente, los tres días que pasé embarcado con aquel viejo en los adentros del océano, no perderán jamás el salitre que impregnó mis recuerdos.
Las mañanas las desperté en una habitación de hospital. Encamado, deseoso de proseguir mis vacaciones de letras. Al igual que en el París de Casablanca, siempre me quedará una lluviosa localidad de noruega, un trocito de bochorno en la costa cubana… A finales de agosto, aprendí, de Emma, de Santiago y de mi mismo, que las dificultades presentadas te conducen irremediablemente a palpar la sudorosa realidad. Afortunadamente, en su otra cara, toda dificultad puede acercarte a un final abierto, a... Los últimos días de agosto, tuve la suerte de contar con una nueva oportunidad. La de dar en nombre de los tres la bienvenida a la vida.
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