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6 min
Mi peor pesadilla.
Terror |
27.08.15
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Sinopsis

Este es un relato que escribí basandome en una experiencia que tuve una noche,la noche en que tuve más miedo en toda mi vida. Quería compartirlo en forma de relato. Mi mente me jugó una trampa y creí que moriría por situaciones ficticias que no tenía claras. Me mostró que mi peor pesadilla no es otra persona más que yo mismo.

El viento recorría mi cuerpo. Mis ojos están estáticos, lo único que puedo ver es aquella esquina frente al despacho del sheriff. Las ventanas se abren y cierran dejando ráfagas de viento entrar y salir. Intento mover mi pierna hacia mi lado derecho sin obtener ningún resultado. Sólo siento el frío del viento que me recorre de un lado a otro, mis ojos ardiendo de no cerrarlos y mi garganta seca. Intento nuevamente recorrer la silla hacia atrás obteniendo sólo un rechinido rápido pero eficaz para romper el silencio de la habitación.
El viento deja de soplar. Comienzo a sudar sin parar. El sudor llega a mis labios, puedo sentirlo. Mis ojos se dirigen sin descanso hacia aquella esquina, la esquina que está frente a mí, la esquina que desatará caos apenas deje de mirarla, mis piernas nuevamente se congelan.
De repente siento algo en horas. Mis brazos, puedo moverlos de nuevo. Intento tomar un bolígrafo del despacho lográndolo con éxito. Comienzo a escribir sin dejar de ver aquella esquina. Puedo ver algo, pura oscuridad, ése es el monstruo que necesito ver. Comienzo a escribir todo lo que ocurre, todo lo que siento, dolor, estrés, desesperación. Mi corazón palpita rápidamente, mis ojos arden y mi mano escribe. Escribe todo lo que ocurre y ocurrió en aquella habitación. Es horrible, no hubo muertos, no hubo sangre, no hubo escrituras macabras, sólo hubo oscuridad. La misma oscuridad que asusta a los niños. Esa oscuridad multiplicada por cien. No puedo dejar de sentir. Siento el miedo, la paranoia y la claustrofobia, eso es, la habitación se hace más pequeña, más, más. El despacho comienza a crujir, hojas caen y la esquina se mantiene estática. Las ventanas crujen, el cristal se rompe, puedo escucharlos caer y romperse en un millón de pedazos cada vez más pequeños. Veo oscuridad cada vez más densa, hace tiempo que la luz desapareció, dejó de iluminar, dejó de dar esperanza. Mi mano deja de moverse, no terminé de escribir lo que necesitaba. El despacho comienza a romperse y mi cabeza se da un golpe con el techo. Claustrofobia es lo único que siento en este momento, no hace ya frío, no tengo dolores más, no tengo más miedo. Claustrofobia, esa palabra se hace más grande cada vez en mi mente. La esquina se mantiene intacta, mis ojos no pueden más. Escucho un disparo a lo lejos y parpadeo, el peor error que cometí. La esquina se mueve, las paredes se separan de mi, todo vuelve a la normalidad, excepto que ésta vez lo único que puedo ver es la oscuridad, la oscuridad común, lo desconocido, aquella noche yo lo conocí, el peor miedo que pude experimentar, ahora mi peor pesadilla es mi propia mente, la misma que me hizo experimentar aquella horrible noche, la misma que me quitó la vida.El viento recorría mi cuerpo. Mis ojos están estáticos, lo único que puedo ver es aquella esquina frente al despacho del sheriff. Las ventanas se abren y cierran dejando ráfagas de viento entrar y salir. Intento mover mi pierna hacia mi lado derecho sin obtener ningún resultado. Sólo siento el frío del viento que me recorre de un lado a otro. Los ojos me arden de no cerrarlos y mi garganta está seca. Intento nuevamente recorrer la silla hacia atrás obteniendo sólo un rechinido rápido pero eficaz para romper el silencio de la habitación. El viento deja de soplar. Comienzo a sudar sin parar. El sudor llega a mis labios, puedo sentirlo. Mis ojos se dirigen sin descanso hacia aquella esquina, la esquina que está frente a mí, la esquina que desatará caos apenas deje de mirarla, mis piernas nuevamente se congelan. De repente siento algo en horas. Mis brazos, puedo moverlos de nuevo. Intento tomar un bolígrafo del despacho lográndolo con éxito. Comienzo a escribir sin dejar de ver aquella esquina. Puedo ver algo, pura oscuridad, ése es el monstruo que necesito ver. Comienzo a escribir todo lo que ocurre, todo lo que siento, dolor, estrés, desesperación. Mi corazón palpita rápidamente, mis ojos arden y mi mano escribe. Escribe todo lo que ocurre y ocurrió en aquella habitación. Es horrible, no hubo muertos, no hubo sangre, no hubo escrituras macabras, sólo hubo oscuridad. La misma oscuridad que asusta a los niños. Esa oscuridad pero multiplicada por cien. No puedo dejar de sentir. Siento el miedo, la paranoia y la claustrofobia, eso es, la habitación se hace más pequeña, más, más. El despacho comienza a crujir, hojas caen y la esquina se mantiene estática. Las ventanas crujen, el cristal se rompe, puedo escucharlos caer y romperse en un millón de pedazos cada vez más pequeños. Veo oscuridad cada vez más densa, hace tiempo que la luz desapareció, dejó de iluminar, dejó de dar esperanza. Mi mano deja de moverse, no terminé de escribir lo que necesitaba. El despacho comienza a romperse y mi cabeza se da un golpe con el techo. Claustrofobia es lo único que siento en este momento, no hace ya frío, no tengo dolores más, no tengo más miedo. Claustrofobia, esa palabra se hace más grande cada vez en mi mente. La esquina se mantiene intacta, mis ojos no pueden más. Escucho un disparo a lo lejos y parpadeo, el peor error que cometí. La esquina se mueve, las paredes se separan de mi, todo vuelve a la normalidad, excepto que ésta vez lo único que puedo ver es la oscuridad, la oscuridad común, lo desconocido.

Aquella noche yo lo conocí, el peor miedo que pude experimentar, mi peor pesadilla: Mi propia mente. La misma que me hizo experimentar aquella horrible noche, la misma que se quedará conmigo para siempre.

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    Este es un relato que escribí basandome en una experiencia que tuve una noche,la noche en que tuve más miedo en toda mi vida. Quería compartirlo en forma de relato. Mi mente me jugó una trampa y creí que moriría por situaciones ficticias que no tenía claras. Me mostró que mi peor pesadilla no es otra persona más que yo mismo.

    El escritor desesperado aguardaba en su habitación esperando la inspiración inmediata sin obtener frutos de su escasa paciencia. Eligió el camino infeliz y ahora se encuentra preso en su propia mente.

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