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8 min
Mi primer experiencia con peyote (Parte Final)
Históricos |
20.02.15
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Sinopsis

Trataré de plasmar mi primer viaje al desierto del Tecolote en SLP, y hacerles ver que probar el híkuri es una experiencia que toda persona debe vivir por lo menos una vez en la vida.

Amanecía y era el último día que pasaríamos en el desierto. Nos dieron las 11 de la mañana y teníamos que ir al pueblo de Vanegas, que estaba a unos 7-8 km del campamento. Pensamos mucho y optamos por dejar el campamento armado junto con las mochilas e ir rumbo al pueblo por agua. Fue una desición muy torpe porque en otras circunstancias alguien pudo encontrar las mochilas y sin pensarlo dos veces llevarselas.

Regresamos del pueblo aproximadamente a la 1:30 de la tarde ya con el agua necesaria y por suerte el camapamento seguía ahí.

Dando las 2:30 de la tarde nos pusimos a caminar sin rumbo, entre los matorrales y dejándonos guiar por nuestro instinto. Duramos unos 40 minutos caminando, y pocas eran las palabras que cruzabamos. De pronto mi amigo visualizó un ejemplar de peyote debajo de la planta que crece, la "Gobernadora". Nos puso felices el hecho que el Híkuri nos hubiera encontrado.

Seguimos caminando y cortamos 6 cabezas y regresamos al campamento. 

Acomodamos las cosas dentro de la casa, pues no sabíamos cuánto tiempo nos duraría el trance (habíamos escuchado que pasabas la noche entera sin dormir) y a la mañana siguiente teníamos que partir a Vanegas para tomar el primer camión de regreso. 

Cada uno ibamos a ingerir 2 cabecillas y ambos beberíamos un té que hicimos partiendo en gajos pequeños dos ejemplares y poniéndolos a hervir con agua y canela.

Al rededor de las 5:30 todo estaba preparado. Habíamos escuchado que el sabor del peyote era muy amargo, pero no teníamos idea...

Es difícil describir su sabor. Pero en efecto, está por lejos de parecerse a todo lo que había probado en mi vida. Terminamos el té y comenzamos a comer a mordidas nuestras dos cabezas. 

Cada mordida, era pensar en mi familia, mis problemas, y todo lo que había conspirado para tenerme en ese lugar en ese momento...

Tardamos apróximadamente 40-45 minutos en terminar de comerlos, cuando la por terminar los últimos bocados, comencé a sentir una náuseas enormes. Y justo cuando terminamos por completo nuestros híkuris, comnezamos a vomitar.

(Éste fue un error de nuestra parte, no dejar que nuestro organismo absorviera mas mezcalina mientras iba haciendo digestión)

Un amigo me había comentado, que cuando vomitas después de comer peyote, todo lo malo lo sacas de tu cuerpo y la enfermedad se empieza a salir con el vómito. Es desagrasable describirlo, pero parecía una mezcla entre peyote masticado, con atún y algo que nunca supe que había sido, una plasta negra pero que no se parecía a alguna de las veces que en mi vida devolví la comida. 

Nos sentamos en una pared de una construcción abandonada donde habíamos plantado el campamento, mi amigo viéndo hacia el éste y yo hacia el sur. El trance estaba por comenzar.

Me quedé viendo al cielo, veía el atardecer. El silencio al inicio era abrumador, y poco a poco, en mi mente fui creando música. Escuchaba trompetas, poco a poco iban aumentando su intensidad. 

Comencé a ver figuras de túneles en el cielo, recuerdo que no parpadeaba ni sentía la necesidad de hacerlo, podía moverme entre estos sin dificultad alguna. Cerré los ojos y los túneles seguían ahí. 

Comencé a ver el atardecer, los tonos del cielo me causaban tanta emotividad... Era como si alguien hubiera ilustrado con gises pastel el atardecer más bello que pudiera imaginar. Podía ver morado, rosa, azul, naranja... 

Dirigí mi atención a los cerros y pude ver como el sol de iba poniendo poco a poco.

Me paré y me quedé pensando en mi madre. Poco a poco habían más y más estrellas en el cielo. 

Comencé a admirar el paisaje, veía a lo lejos los matorrales, las luces de los pueblos alejados. Ya casi no había luz, y algo me hizo voltear de inmediato al cielo. Fijé la vista cerca de la constelación de Orión, y poco a poco se iban formando dos siluetas que al inicio no les encontraba sentido y fue hasta unos segundos después que reaccioné: los ojos de mi madre se habían formado en el cielo. Me dió mucho sentimiento, recordé las veces que actué erróneamente para con ella, no pude contener el sentimiento y me puse a llorar.

Me acodé de mi abuela, de mi hermana y de mi padre. Los extrañaba mucho en ese momento. Tenía ganas de estar con ellos y disfrutarlos, decirles cuánto los amo.

Voltee para ver cómo estaba mi amigo y el seguía sentado. Yo empecé a caminar en círculos pateando las pierdas que iban topando mis pies, y las trompetas regresaron. 

No teníamos linterna a la mano pero había tantas estrellas (nunca en mi vida había visto tantas y no creo ver algun día más) en el cielo que alumbraban lo suficiente para poder distinguir las siluetas. 

Me quedé parado y vi a lo lejos unos matorrales que comenzaban a formar palabras, al inicio me dió miedo y aparté la vista. 

Pasé más tiempo pensando en la familia, regresé la mirada al cielo y lo primero que logré ver fue una palabra que las estrellas formaban: "TARA"... Volteaba a otro lado del cosmos y podía volver a leer lo mismo: "TARA".

Me sorprendí mucho y comencé a repetirlo mucho en mi cabeza. Miré hacia unas piedras en el suelo y podía leer lo mismo: "Tara".

Después voltee hacia mis manos, podía sentir como la sangre corría por mis venas y entre mis dedos también pude leer la misa frase de "Tara". Senti una onda expansiva que iba de mis talones hasta la punta de mi cabello...

De pronto mi amigo y yo comenzamos a hablar. Intercambiamos lo que hasta el momento estábamos pensando y sintiendo. Ambos coincidimos en sentir una plenitud inmensa, como nunca antes en la vida habíamos sentido.

En ese momento, todas las cosas terrenales que nos tienen ocupados día a día están de más. Es una sensación de tranquilidad enorme, te sientes conectado con la naturaleza.

Te das cuenta que 'todo es como debe ser',  de todos las cosas que haz estado dejando pasar de largo, cosas que no has hecho, cosas que debes dejar de hacer... 

Miré de nuevo al cielo y ahora las estrellas formaban la palabra "PACE". Los mismos lugares que había visto que deciían Tara, ahora decían Pace... Hasta la fecha no se que haya podido significar esto.

 Seguimos platicando mi amigo y yo hasta altas horas de la noche,  fue una plática muy diferente ya que ambos teníamos mucha hambre. Comenzamos a platicar de comida y podíamos sentir el sabor en la boca, imaginamos muchas cosas...

Nos pasamos a la casa y continuamos platicando, hasta que nos quedamos dormidos.

A las 6 de la mañana salimos de regreso a Vanegas y comenzó el viaje rumbo a casa.

 

 

Solo una vez que tienes la suerte o fortuna de probar el híkuri entiendes (un poco) por qué nuestros ancestros lo aclamaban tanto y hasta la fecha es considerado medicina para los pueblos huicholes. Ahora pienso en los problemas que me hicieron ir al desierto, y no parecen tan grandes como en un inicio. 

Es algo que toda persona debe vivir en la vida. Si no sabes que opción tomar o cómo resolver un problema, y te diriges al papá Peyote con respeto y haciendo una petición, te va a ayudar a salir del hoyo. Te ayuda a estae bien contigo mismo y eres una persona distinta una vez que experimentas y pruebas. 

Definitivamente es algo que vale la pena hacer. Cada persona tiene un camino y si le llega el llamado, está en ella acudir o no. 

Después de todo esto sigues sintendo una paz interior muy grande, una unión de todos tus sentidos. Te sientes más apegado a tu espíritu, a los animales, las plantas, y a todo lo que está en nuestro mundo y nos rodea. Por algo está ahi.

Espero que el destino me regalé otra oportunidad de unirme de nuevo de la manera en que aquella noche lo hice. 

 

 

 

 

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Alguien que intenta expresar algo.

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