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5 min
Mi primer experiencia con peyote. (Parte I)
Históricos |
10.02.15
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Sinopsis

Trataré de plasmar mi primer viaje al desierto del Tecolote en SLP, y hacerles ver que probar el híkuri es una experiencia que toda persona debe vivir por lo menos una vez en la vida.

Desde hace tiempo comenzó a despertar en mi cierto interés por las culturas prehispánicas de mi país (México) y, para ser más exacto, en sus rituales de purificación y sanación.

Tenía diecisiete años cuando escuché por primera vez acerca del peyote, gracias a un maestro y amigo quer conocí en la prepa y que está muy adentrado hablando de esos rituales. 

La primera ocasión que nos contó sobre su encuentro espiritual todos mis amigos y yo quedamos fascinados. Hablaba cosas que no entendíamos en ese momento; como que "sentía que su padre era un árbol" y frases que nos parecieron dignas de algún hippie de los 70's.

Pasó el tiempo y no fue hasta poco después de que cumplí dieciocho años cuando empecé a llenarme de problemas personales un tanto fuertes que no es momento de contar. Llevaba mucho tiempo ahogándolos y finjiendo que no estaban ahí, cuando poco a poco iban haciéndose más y más y más grandes.  Acababa los días llorando en mi cuarto y me quedaba dormido de esa manera, y así fueron aproximadamente dos meses de mi vida. Estaba harto de no saber que hacer y como actuar. La relación con mis padres era casi nula, no hablaba con ellos, no convivía con ellos. Parecía un extraño dentro de nuestra casa.

Volví a investigar sobre las culturas prehispánicas y recordé las frases de mi maestro: "El peyote te cura. Cuando sientes el llamado es por algo..."

Peyote...

Tan solo leer la palabra me daba miedo. "Mis padres jamás me dejarían ir a eso..." me decía a mi mismo con desánimo. 

Llegó un día y no aguanté mas. No sabía que hacer, no sabía a quién acudir para contar mis problemas, pensaba que ya le eran suficientes los propios a mis amigos cercanos como para enfadarles con los míos. 

Yo imaginaba que el peyote era como cualquier otra "droga" que facilmente puede conseguir un jóven en un rave o en una fiesta de fin de semana. Oh error. 

La medicina utilizada por los huicholes es el híkuri, "la planta que hace que los ojos se maravillen". Que en historias de la cultura, narra cómo un gran venado azul fue perseguido por 4 jóvenes que iban en busca de alimento para su pueblo y éste compadeciéndose de los muchachos que lo persiguieron días enteros, se transformó en una figura de venado en el suelo "hecha" con peyote. 

Su crecimiento es muy lento y requieren más de 15 años para que un ejemplar logre llegar a la edad madura. Es una planta rica en alcaloides, siendo el más importante de ellos la mescalina. 

Me considero una persona que le gusta explorar y probar cosas nuevas, pero esto era otro nivel y en otro sentido.

Llegó el día en el que sentí el llamado de ir al desierto. Fue un viernes del mes de diciembre, unos 5-6 días antes de Nochebuena. No sabía como actuar, estaba desesperado por dejar atrás los problemas y todo lo que hostigaba a mi mente.

Platiqué la idea con mi prima, que es como mi mejor amiga. Ella me contó sobre un conocido suyo, que fue al desierto porque también sintió ese llamado, y después de eso al muchacho le empezó a ir mejor.

Ella me convenció de no irme el mismo día, argumentando que si ya era peligroso hacerlo, era aún mas no estando bien preparado. Hice caso y esperé un día más, teniendo mas tiempo para hacer mi maleta con todo lo necesario para ir al desierto.

Toda mi infancia y parte de mi adolescencia fui Boy Scout. Era pan comido para mi cosas como armar un campamento, o hacer una fogata y prenderla.

Había amanecido. Era el día de partir.

(Domingo 9:00 am, tres días para Nochebuena)

Un día antes hablé con mi mejor amigo acerca de el viaje que pensaba hacer. Acabó decidiéndose por acompañarme, parecía que también había llegado su llamado.

Ese día utilicé el pretexto de que iría a pedalear con unos amigos a un cerro algo alejado a la ciudad, dije que tardaría un poco. Esto es de la única cosa que me arrepiento de mi viaje: la forma como les dije a mis padres que me iría unos días de casa. 

Decidí tontamente que la mejor forma de ir era sin permiso. Así que dejé una nota a mis padres antes de irme, con el motivo de mi viaje y repitiendo varias veces que no se preocuparan, que me encontraba bien y que estaría en 3 días de regreso.

Salí de casa y me dirigí al punto de reunión donde acordé verme con mi amigo. Llegó y caminamos hasta la central. Ambos estábamos muy emocionados y nerviosos, porque era algo que hacíamos por primera vez.

Todo ese día lo gastamos de viaje. Llegamos a Matehuala al rededor de las 9 de la noche, y el próximo camión rumbo a nuestro destino (Real de Catorce) salía hasta el siguente día a las 7:30 de la mañana.

Pasamos la noche en la central. El tiempo parecía eterno. 

Estábamos a 8 horas de nuestras familias en una central de una ciudad meramente desconocida, a las 11 de la noche, con poco dinero y con mucho frío.

Estaba muy intranquilo, a mi madre le había enviado un texto diciéndole que no había ido a andar en bicicleta y que leyera la nota que estaba en mi cuarto. Los nervios y el frío de esa noche, no me dejaron conciliar el sueño. Ha sido la noche mas larga, estresante y fría de mi vida.

 

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