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5 min
Mi primer experiencia con peyote (Parte ll)
Históricos |
11.02.15
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Sinopsis

Trataré de plasmar mi primer viaje al desierto del Tecolote en SLP, y hacerles ver que probar el híkuri es una experiencia que toda persona debe vivir por lo menos una vez en la vida.

Aún recuerdo que los primeros rayos del sol de ese día me parecieron muy bellos. Tenía tanto frío que no podía estar sentado y recorrí varias veces la central de un lado a otro mentalizando el trayecto que nos faltaba, pensando en mis padres y hasta cierto punto arrepintiéndome; porque sabía lo que me esperaba al regreso a casa.

Desperté a mi amigo, y unos minutos antes de la hra. de salida de nuestro bus salimos a fumar un cigarro. Entramos al pasillo donde llegan los camiones y no tardó mucho en llegar el nuestro con destino a Real de Catorce, "pueblo mágico" a una hora de la ciudad de Matehuala.

Al llegar a Real desayunamos, compramos víveres básicos en una tienda y empezamos el descenso. Sabiamos que teníamos que seguir por el sendero de los 'Wallys' (Jeeps que bajan a los turistas) hasta llegar a Central 14, pero no teníamos ni idea cuanto tiempo era de bajada.

No llevábamos más de 15 minutos caminando cuando recibimos una llamada de mi prima, diciéndome cómo estaban las cosas en casa. Me dijo todo lo que había escuchado decir a mi madre y a mi padre. En ese momento sentí un gran vacío en el estómago.

Seguimos bajando m amigo y yo, y fue muy poco lo que hablamos, no era incómodo el silencio, mas bien se disfrutaba. Repasaba en mi mente una y otra vez la razón por la que me había animado a irme de casa sin permiso y hacer el viaje hasta allá...

Veíamos el desierto cerca, y ya en las faldas del cerro unos franceses muy amables nos dieron un 'ride' (aventón) hasta Central 14. Apenas estábamos a la mitad del recorrido.

Eran aprox. las 12 del día. Aún nos faltaban 22 km. de caminata hasta el pueblo de Vanegas, nuestro punto de destino. Caminamos una hora treinta minutos a rayo de sol, mis pies empezaron a ampollarse y el calor del sol se empezaba a sentir.

Decidimos sacar unsa libreta y pedir aventón. Pasaba un coche cada 7-8 minutos, y fueron varias veces que nos decepcionamos porque nadie nos levantaba, hasta que una pareja jóven de unos 26-28 años se detuvieron y nos preguntaron para donde queríamos ir. 

Muy amables nos llevaron hasta Vanegas y no nos quedó más que agradecer y desearles buen camino. 

Un conocido nos había recomendado llegar a Vanegas y buscar al Sr. Luis Bustos, "El Jefe de Desierto". Ésta persona se dedica(ba) a cuidar viajeros cerca de su propiedad, para que ellos sientan más seguridad que adentrarse solos al desierto, teniendo el peligro de ser asaltados o perderse.

Preguntamos a los señores de edad avanzada y ninguno sabía acerca del Jefe. Empezamos a desesperarnos...

Ibamos a la tienda cuando por casualidad o destino, nos topamos con un señor de aspecto raro, de unos cincuenta y tantos años. Tenía el pantalón y las manos manchadas de pintura, botas de trabajo viejas, y una playera vieja de los spurs de San Antonio. Lo topé de frente antes de llegar a la tienda y sin pensarlo dos veces le pregunté si conocía al jefe... 

Nos dijo que el lo había conocido por otro nombre y de inmediato nos preguntó: ¿Vienen al híkuri?... 

Accedimos con la cabeza y nos dijo que el nos llevaba hasta el desierto. Eran las 3 de la tarde y lo seguimos. Nos iba recordando los cuidados y el respeto que debe tener uno hacia el peyote. Siendo éste una planta que no sobresale de la superficie más de 2-4 cm, uno debe escarvar al rededor del ejemplar y cortarle, después agradecer y tapar el hoyo y el cuerpo del peyote.

A unos 100 metros estaban unos militares y de inmediato don Gerardo, nos dijo que el no nos podría seguir guiando. No mencionó el por qué, pero nos dijo el camino que teníamos que seguir. No tenía pierde, era solamente continuar por el camino de terracería hasta ver una palma enorme. Nos dijo que con ganas, llegaríamos en una hora y veinte.

Eran las 3 de la tarde, empezamos a caminar y le agradecimos al hombre.

Volvió a ser como el descenso del cerro. Silencio puro... 

Nos empezamos a preguntar dónde estaba la palma y al no verla optamos por adentrarnos por nuestra cuenta al desierto. Cruzamos las rejas que estaban a los lados del camino y seguimos hasta un punto que habíamos visto a lo lejos, que tenía forma de pared.

Llegamos hasta ahí y antes volvimos a cruzar otra cerca: estabamos en tierra de nadie. Vimos las opciones que teníamos para poner el campamento y comenzamos. La tarea de mi amigo era recolectar leña, y la mía poner la casa de campaña. Ambas tareas parecían fáciles. 

Empezaba a anochecer y no teníamos mas de 3 leños pequeños y la casa seguía sin armar. Tenía una varilla rota y no podía mantenerse de pie. 

Eran al rededor de las 6:15pm cuando logramos ponerla. Estaba orscureciendo y el frío empezaba a sentirse. Prendimos los pocos maderos que habíamos conseguido (que nos duraron unos 15 minutos) y nos metimos a dormir antes de las 7:30.

El cielo se veía hermoso.

 

 

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