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4 min
Mi próximo hogar será la Luna
Ciencia Ficción |
31.03.15
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Sinopsis

Tras varios años de sufrimientos y decenas de cabellos caídos a causa del estrés, comunico formalmente mi decisión de abandonar de forma inminente este planeta.

Decidid si creerme o no, pero no intentéis quitarme las intenciones. Pretendo mudarme a la Luna, aunque sigo buscando fechas. Espero que pronto pueda arreglar los tediosos trámites de la civilización que abandono. Afortunadamente, dejo todas mis posesiones ancladas a la gravedad terrestre, no me imagino el coste adicional que supondrían. Lo único que me llevaré del planeta será un reproductor de música con los mejores éxitos de David Bowie, el cantante terrestre más galáctico, cuya música será la banda sonora que le falta al vasto espacio allí arriba.

Voy a ser criticada y tachada de soñadora pero, atreveos a admitir que, instantes antes de la muerte de la luz diurna, cuando el ángulo perfecto ilumina con una definición hiperreal los límites de los edificios, montañas y árboles, y esta misma luz es reflejada por el más bello astro visible, allí, justo encima de la contaminada vida humana, creando la ilusión de que cogiendo la primera salida a la derecha llegaréis a ella, decidme, ¿no habéis querido vosotros también, cuales jóvenes con deseos insaciables, subiros a la Luna? Apostaría mi vida a que el pensamiento recorre el inconsciente humano como consecuencia de una atracción misteriosa.

Pues bien, yo voy a hacer esta loca idea realidad. Voy a subir allí arriba, asentar mi hogar en un pequeño cráter cuya suave curva me sirva como cuna espacial, sirviéndome de sábana la inmensidad del Universo. Pienso vivir siempre de espaldas a la Tierra, pretendiendo que no existe, no por rencores, si no porque me resultaría más fácil olvidarme de su fallida existencia. En cambio, me dedicaría a observar todo aquello que obviamos desde la Tierra y cuyo valor hemos traspapelado entre asuntos más importantes. La noche eterna me permitirá deleitarme con las estrellas y planetas que, aunque lejanos, me servirán de confidentes y cuyas historias diferidas llegarán a mis ojos millones de años después de ser acontecidas. Mi voz se perderá en la vasta extensión cósmica de la manera en que lo hacen las voces de los demás idealistas que abandonan cada instante sus fatídicos planetas en busca de la inmensa esperanza que proporciona el espacio exterior.

Mi cuerpo se alimentará de las ganas de vivir en aquel océano plagado de luces intermitentes, no necesitará comida, al igual que desafiará las leyes de la física pudiendo subsistir en contacto directo con el vacío. Siendo sincera, de esto no estoy segura, pero, ¿no parece lógico? Para mí lo es, mi cuerpo experimentará tal satisfacción y mi mente tal alivio al salir de este planeta que ya no necesitarán obedecer a las leyes universales, y me dedicaré exclusivamente a contemplar el espectáculo abierto a todos los públicos (que quieran prestar atención) durante las 24 horas de todos los días de la eternidad.

Y pienso bailar, hasta que la suela de mis pies se agriete por el contacto con la dura roca.

Y pienso visitar otros satélites, planetas gaseosos y helados.

Y pienso ponerme morena y quemarme con la luz de estrellas gigantes, asistir al funeral de una enana blanca.

Y pienso perderme en nebulosas y montar en la montaña rusa de los agujeros negros.

Y pienso viajar durante años subida en un cometa.

Y pienso enamorarme de un alienígena de la otra punta del universo, darnos nuestro primer beso sentados en un asteroide y casarnos según sus tradiciones en un atardecer que dure mil años.

Lo que no pienso hacer, ni cabe dentro de mi ilimitada vida intergaláctica, es volver a la humanidad, donde rodeada de semejantes me siento más sola que rodeada de la vasta inmensidad de vacío y materia inorgánica.

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  • La rutina nos adormece, pero despierta un curioso instinto por observar todo lo que ocurre a nuestro alrededor sin darnos cuenta.

    Las ideas y los recuerdos engañan a nuestras emociones, pronunciando palabras que, a veces, no son más que un reflejo distorsionado de lo que en realidad sentimos.

    Tras varios años de sufrimientos y decenas de cabellos caídos a causa del estrés, comunico formalmente mi decisión de abandonar de forma inminente este planeta.

    Mi medio de transporte favorito es la música.

    El invierno se presenta inclemente e ilimitado. Tenemos que buscar un refugio, pero nunca antes hubo tanta demanda.

    En la vida hay corazones que gozan de mayor suerte que otros. Algunos llegan a amar hasta el final de sus días, pero otros no son tan afortunados. Este es el resumen de la vida de un corazón abandonado.

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