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3 min
Micro-relatos III - Inocencia en las letras
Suspense |
04.12.19
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Sinopsis

Ante los ojos débiles, la fortaleza de la maldad.

I

Silencio en la sala.

  • Mamá, ¿qué hace mi abuelo en la sala?

La mujer miró inocentemente a su pequeño. ‘Qué pena que aún no lo entiendas, mi cielo’.

La sala se encontraba vacía; un silencio sepulcral apuñaló a la madre del pequeñín; lo abrazó y respondió:

  • Él está cansado, déjalo reposar.

 

II

El juego del salto

La altura del rascacielos era alarmante. La multitud gritaba:

  • ¡Salta! ¡Salta, hijo de perra!

El hombre, decidido, saltó; el aire golpeaba su rostro con un desdén sin medida. Al caer, su cuerpo quedó hecho puré: su cráneo impactó con el asfalto, llevándolo a una muerte instantánea. El gentío se alejó y vivió su banal existencia, hasta que se acercó el hijo pequeño de aquel hombre:

  • ¡Qué gran salto, papá! – exclamó inocente el pequeño – Mamá se alegrará mucho cuando se lo contemos.

 

III

El Pequeño Viaje a los Desconocido

El avión era asaltado por un grupo extremista, (el lector puede darle la apariencia que deseé). Dos tipos sostenían sus armas y otro tenía un C4 activado adosado al cuerpo.

Los pasajeros estaban asustados, a excepción de un niño, que podría tener 7 años de edad.

Cuando el sujeto estuvo a punto de accionar el C4, el niño levantó sus párpados, dejando en evidencia sus ojos en blanco. El avión retumbó en cinco ocasiones; los extremistas quedaron aturdidos y los pasajeros atónitos. Uno de los pasajeros se asomó; el avión viajaba en una nada oscura, parecía que el avión viajaba por el espacio. Pero no había planetas, ni estrellas y tampoco el astro rey.

Pasados unos segundos, el avión regresó a la realidad. Los pasajeros habían muerto junto a los extremistas; la causa de muerte fue de un paro cardíaco que cobró la vida de los 43 pasajeros junto al de los 3 extremistas. Los tripulantes de la aeronave sufrieron el mismo destino.

El niño sólo cerró sus ojos y tomó una bolsa de papas; tomó el control del avión y lo dirigió a un viaje astral, a millones de años fuera de este Sistema Solar, inclusive… de la misma Galaxia.

 

IV

Castigo

Los niños, para ciertas personas, son el mayor regalo de la Madre Naturaleza o de un Dios Todo Poderoso. Aquella ocasión, ni ella ni él podrían darle una justificación a una mujer que tuvo a una bebé de características siamesas: dos cabezas, cuatro brazos y piernas. ¿Era el castigo de la Naturaleza o de Dios?

La mujer no dudó cuando los doctores le ofrecieron una módica cantidad de dinero por experimentar con ellas, (eran gemelas).

Los días pasaron y las niñas murieron tiempo después de su nacimiento. Se cuenta que la madre, al despertar de una pesadilla, había sufrido esa justicia, la cual claman los desfavorecidos y los poderosos corrompen.

Sus extremidades desaparecieron. Era solo su torso y su cabeza, mirando al techo de su habitación. De ahí, un portal de sangre se abrió y emergieron cuatro brazos, (que parecían tentáculos), que tomaron el cercenado cuerpo.

Desde entonces, se desconoce el destino de aquella madre. Ahora, ella solo viaja a través de una negrura absoluta, sin probable descanso.

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