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5 min
Milanesas de pollo
Reales |
03.03.15
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Sinopsis

Bueno.

Milanesas de pollo. Milanesas de pollo. Fideos. Milanesas de pollo. Compro arroz, en el supermercado chino. “Alloz”, le digo, le grito, en la cara, al chino. El chino me mira, siempre me mira. Una expresión que dice nada. Fuma, detrás de la caja. “Quince pesos, me dice”. “Esperá, me falta el queso”, le digo. Me gusta el queso, a todo le pongo queso. A las milanesas de pollo, a los fideos, al arroz, soy el chico queso. Hablo fuerte, a los gritos. Me voy al fondo, donde están las góndolas de los quesos.Voy silbando. Vuelvo silbando. Aprieto el queso. Medio blando. “Alguien apagó la heladera anoche, me parece!”. Lo digo fuerte. Le está cobrando a una señora. Detrás de la señora a la que le está cobrando hay otra señora. Cuando termina con la primer señora estira la mano hacia mis cosas, me quiere cobrar a mi y saltear a la segunda señora. “No, está la señora, después vengo yo, perdí mi lugar. Acá es así, cómo es en China!”. Mi voz lo molesta, yo lo molesto, lo noto en su rostro que ahora expresa algo . Es mi turno. “Chenta pesos?”, le pregunto. Estira la mano, “cuarenta”, dice, “cualenta?”, le digo. Le pago justo, me río, me voy.

El Chino es mi amigo. Se lo cuento a mi madre, a mi madre no le interesa. Ella mira la tele hasta quedarse dormida. Me pide Termidor, se lo sirvo, toma, murmura, masculla no entiendo lo que dice. Le doy de mi comida. Milanesa de pollo, fideo, arroz. No hay más Termidor, voy al chino. El chino está cerrado, es la hora de la siesta. En China duermen la siesta. Lo veo al chino, está dentro de una garita que está en la vereda, frente a la entrada. Duerme, sentado, su cabeza apoyada en la ventana cerrada. Paso, le grito, no me escucha, muevo la garita, la empujo, la pateo, se sobresalta, despierta, me ve, se levanta, sale, escupe el piso, estira los brazos, se prende un cigarrillo y se va. Voy a otro lado a comprar el Termidor, vuelvo, paso por el chino, no está.

Pasan los días, no voy al chino. El chino tiene una hermana. Miny, o algo así. Se pelean, discuten, en chino, no entiendo nada. Cuando gritan yo grito, en chino también, hasta que Miny, o como sea, levanta el brazo, lo agita fuerte y se va. Le tengo bronca a esa Miny. Siempre le pelea al chino. El chino se pone rojo y desaforado. Me pone triste y por eso a veces lo ayudo a gritarle a la hermana. La hermana a veces ni le contesta, le da vuelta la cara, lo ignora, lo sobra.

Me quedo pensando en mi amigo el chino. Ayer fui y estaba en una de esas peleas con Miny. Nunca lo vi peor. Gritó y lloró. La gente lo agarró, yo lo agarré, gritamos juntos y el chino le hacía señas, señas de que le iba a hacer algo malo, malo. La gente lo agarró hasta que esa Miny de mierda se metió dentro del mercado y se puso a trabajar. El chino se metió en la garita y se agarraba la cabeza con las manos. Estuvo mucho tiempo ahí, yo me quedé al lado de la garita, del lado de afuera y le decía “Chinito, no te pongas así”.

Pasaron los días. Mi cabeza no dejaba de pensar en el chino y en Miny, sobre todo en Miny, la malvada, la puta. Entonces le preparé algo al chino. Algo rico. Estuve varios días encerrado en mi casa y le preparé algo sabroso. Unas milanesas de Miny. Lo fui a visitar y se las llevé: “Son para vos, chino, son para vos, te las hice yo, comelas”. Él estaba triste tenía los ojos rojos y me decía no, no, “milanesas, no” y me decía, “Miny, Miny, no está Miny”. Claro le decía yo, “acá está Miny, está en la milanesa, como el pollo, son para vos chinito”. Y de tanto insistir un día me las agarró.

Después iba la policía a lo del chino y el chino lloraba y él decía “Miny” y yo decía “Miny”, hasta que los policías me echaron. Después el chino desapareció y vinieron otros chinos que no me dejaron entrar nunca más. Y el chino, mi amigo el chino, nunca me dijo si le habían gustado las milanesas de Miny.

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