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9 min
Mindi
Ciencia Ficción |
30.07.15
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Sinopsis

Mindi, del cuerpo de policia, por fin pasa a la acción y actua para evitar un ataque terrorista.

Mindi


Todo estaba en completa calma y armonía. Yo descansaba en la zona del garaje que tenía destinada dentro del grupo especial de policía. Mis tareas allí eran muy limitadas, ya que mi especialidad era desactivar bombas. Al fondo, cerca de las compuertas automáticas para el acceso de vehículos, estaban aparcados los cuatro furgones que utilizábamos para emergencias.

Después de ocho años en la unidad anti-terrorista solo habíamos desactivado quince bombas, dos cada año y todas ellas en ejercicios de entrenamiento. Así que los días solían pasar tranquilos y lentos. Pero no hoy; hoy iba a ser especial, muy especial.

En unos segundos el garaje cambió por completo. El agudo sonido de la alarma hizo que a mis compañeros se les quedara la cara pálida y salieran inmediatamente hacia los vestidores. Yo, como de costumbre, ya estaba preparada y esperé instrucciones.

De la sala de ejecutivos salieron los ocho inspectores de policía, todos ellos de más de metro y ochenta y ninguno con menos de 100 kilos, pero ni un gramo de grasa, puro músculo trabajado muchas horas en el gimnasio durante años.

Los ocho aparecieron ya vestidos con el traje de asalto y solo tuvieron que cargar munición en las armas para estar listos. La mitad se colocaron en el asiento del conductor de cada furgón y los restantes entraron gritando a los vestidores donde los veintiocho oficiales de policía estaban acabando de adecuar su vestimenta a la emergencia.

— ¡Por Dios! ¡Martín! Tenga cuidado con el arma — gritó el inspector Fernández a causa de una mala posición del arma del oficial Martín al cargar munición.

— Señores, esto no es ningún ensayo, esto va en serio, durante el viaje les pondremos al día por la emisora — gritó el subinspector Romerales.

— Hemos entrenado esta situación varias veces estos últimos años, sabéis perfectamente como actuar, recordad todo el procedimiento y no os saltéis ningun paso — les recordaba a gritos el Inspector Fernández debido al ensordecedor ruido de la sirena.

— Mindi — Me gritó el Capitán Núñez desde el asiento del conductor — súbete a la parte trasera del furgón número tres.

Seis minutos después de sonar la sirena, estábamos todos listos dentro de los furgones y estos cruzando a gran velocidad el pequeño patio delantero. Rápidamente nos incorporamos al colapsado tráfico.

Las sirenas no dejaron de sonar en los 15 minutos de trayecto, el tráfico era aún más caótico que de costumbre. Cuando llegamos a la calle Numancia nos dimos cuenta del porqué: Desde esta calle hasta Paseo de Grácia  estaban ya cortadas todas las calles que daban acceso a la Diagonal. Por suerte, una vez que accedimos a la Diagonal, las calles habían sido evacuadas y el furgón pudo alcanzar los 100 kilómetros por hora y llegar a Paseo de Gracia en un tiempo récord.

Aunque por radio nos habían informado ya de los sucesos, la escena impactaba, irremediablemente, a todos los policías que llegaban. Había más de veinte cuerpos cubiertos de sangre repartidos por toda la calle, la mayoría con clara vestimenta de turista. Era perfecto para un trágico cuadro o fotografía. La impresionante fachada de “La Pedrera” con sus hermosas curvas, piedras talladas, balcones salientes y curvados con grandes agujeros en medio; terminaba con una base de piedra gris clara, que ahora estaba manchada de sangre, cuerpos completamente inertes en el suelo, por la entrada, en medio de la calle, dentro del edificio en las pocas escaleras visibles desde fuera,...

Por desgracia algunos otros, aún vivos, pedían inútilmente ayuda, pues había ocho terroristas en el edificio y por lo menos dos de ellos habían demostrado ser buenos francotiradores, así que nadie del cuerpo de policía, bomberos o sanidad estaba autorizado a acercarse a aquella masacre humana.

Pasaron más de 20 minutos desde que llegamos. Los que ahí estábamos, al menos la mayoría, no teníamos ni idea de que pretendían los terroristas, pero sí nos iban informando de los datos que tenían de la situación en el interior.

Ocho hombres con armas variadas, desde pistolas hasta rifles de francotirador. Dentro habían llenado las escaleras de sensores de movimiento y en la azotea habían colocado unas pequeñas minas explosivas, para evitar cualquier aterrizaje o asalto desde el tejado.

Tenían a cuatro rehenes, turistas de diferentes paises, con ellos. Los cuatro estaban en una sala en la tercera planta; mientras que dos de los terroristas los vigilaban, los otros seis estaban distribuidos por el resto del edificio y en contacto a través de una emisora cifrada.

A pesar de ello, lo más impactante era una caja metálica grande, que habían colocado justo tapando el principio de las dos escalinatas de entrada. Medía aproximadamente seis metros de ancho y dos de alto y, por los datos que teníamos, era una gran bomba controlada remotamente.


“¡Una Bomba! Creo que hoy si me va a tocar actuar en una situación real”, Pensé.


A pesar de las prácticas y todo el conocimiento que tenía de estas situaciones, ninguna de ellas se parecía de verdad a la actual. Así que no pude sino limitarme a escuchar muy bien las descripciones que los agentes con binoculares me iban dando y esperar instrucciones.

Otros veinte eternos minutos pasaron sin información de utilidad, los terroristas disparaban aleatoriamente desde alguna ventana, pero sin herir a nadie más. El estrés en la calle era cada vez mayor y los Inspectores tenían que calmar los ánimos de algunos policías con ganas de parecerse a “John McCain” en la Jungla de Cristal, y de otros que casi lloraban.

El capitán Núñez se acercó a mí. Su cara era la viva imagen de la desolación, de la tristeza, de la resignación. Nunca le había visto tan afectado, pero aún así mantenía el tipo; caminaba rápidamente pero sin correr y empezó a contarme:

— Mindi, tienes que prestarme mucha atención. Algo como esto no lo hemos ensayado nunca, y Dios quiera que no tengamos que recurrir nunca más a algo similar. Las órdenes son estas: El Inspector Fernandez te llevará, dando un rodeo, hasta la calle Pau Claris con Provença. Una vez allí deberás recorrer la calle a pie junto a la pared hasta llegar a la esquina con Paseo de Gracia. Allí deberás agacharte y entrar sigilosamente hasta la gran caja de metal.

Yo le miraba atentamente, tomando nota de todos los detalles. El se giró y dijo:

— María, tráemelo ahora.

María se acercó y me entrego lo que rápidamente reconocí, una pequeña bomba con un temporizador.

— Mindi, hoy tu misión no va a ser desactivar ninguna bomba. Deberás acoplar esta otra a la caja de metal que contiene el explosivo grande. El temporizador está preparado para 3 minutos, que debería ser tiempo suficiente para que abandones el edificio y alcances corriendo el cruce con la calle Roger de Lluria, allí estarás a salvo.

— Sé que es una orden extraña, pero me la ha confirmado el Rey personalmente y tú eres la que más posibilidades tienes de llevar a cabo una tarea como esta, sin errores, sin pánico y con los mínimos riesgos para todos.

Y así fué, recorrí los ochenta metros de calle hasta llegar a la entrada de la Casa Milà, entré y enganche correctamente la bomba a la caja metálica. Salí tan rápida y sigilosamente como había entrado y cuando estaba cogiendo velocidad, lo noté, oí un disparo y una bala atravesó mi cuerpo; inmediatamente otro disparo sonó y dejé de sentir nada.


Una luz blanca era todo lo que veía, una cegadora luz blanca, me dolía la cabeza y escuchaba hablar a mi alrededor. ¿Hablar? Puse atención a lo que decían:

— Polter, necesito que me traiga ese ojo ya mismo.

— Jairo, confirme que el generador mantiene 83 voltios exactamente.

— Marta, asegúrese que Mindi sigue atada correctamente, está recuperando sus funciones cerebrales, podría moverse en cualquier momento, nunca se sabe cómo reaccionan ni que guarda exactamente la memoria de un androide después de reconstrucciones como esta.

 

Ignasi Marcos

Abril 2013

ignasimarcos@gmail.com

www.ignasimarcos.com


Licencia: CC BY-NC-ND 3.0

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/


Ilustración:

Marc Reynes Ferra

http://sinpostnohaydibujo.blogspot.com.es/2014/04/chica-robot.html

http://sinpostnohaydibujo.blogspot.com.es/

Quiero Agradecer a varias personas, su ayuda, consejo, ánimos y las ganas que me han generado, que han acabado en la realización de este pequeño relato, mi primer relato, y otros que ya tengo en mente, y el valor para afrontar este reto, entre ellos y espero no dejarme a nadie:


Especialmente a  mi abuelo “Paco Fosch” que gracias a sus relatos y a toda una vida ayudándome y aconsejandome, al final, me he atrevido a escribir un poco.


La Comunidad de Google+ llamada: Relatos+, en especial a sus moderadores.

https://plus.google.com/communities/113966907296865511932


También, en concreto, a Daniela Huguet y Germán Sánchez, por ayudarme con la corrección, redacción, puntuación, etc a ambos podéis encontrarlos también en g+:

https://plus.google.com/101642015660380479673/posts

https://plus.google.com/106512309912768193916/posts

Y agradecer también a Marc Reynes Ferra sus excelentes ilustraciones, su trato amable y sus ganas de dibujar.

Y a todo aquel lector que se haya pasado por aquí a leer este relato, gracias por tu tiempo y espero te haya gustado y hayas disfrutado de su lectura.

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