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5 min
MIS FANTASMAS
Reflexiones |
21.07.11
  • 5
  • 1
  • 1988
Sinopsis

Los estragos de la ignorancia.

 

Mis fantasmas

Cuando conseguí verme a mi misma, me convertí en invisible para los demás.

 

Quiero exorcizar los fantasmas que se me han acumulado

a lo largo de los años para convencerme, de mi paso por el mundo y no de haber perdido la capacidad casi recién estrenada, de reflexionar.

Han pasado tantos años desde que nací, que he tenido tiempo de aburrirme hasta de mí misma. Tengo la impresión de llevar viviendo doscientos años. Me he convencido, que ser y vivir ignorante, estira la vida.

Ahora he tomado conciencia de ello, y los años no pasan. !Vuelan! Lo más triste de todo esto, es que todo ocurrió sin mí.

En un momento de mi vida, no sé cuando, una tarde cualquiera, me eché dormir la siesta y me despierto, a punto se cumplir los sesenta y tres años. Puedo decir que la joven que fui, a veces se entrelaza con la mujer que soy ahora. Trato de convencerme de que los sentimientos no envejecen, maduran. Pero, no resulta fácil cuando, durante toda la existencia se ha estado absorbiendo mensajes contrarios y peyorativos respecto a la madurez y la vejez.

De los profesionales de la psicología tengo leído, que la vejez se vive como se ha vivido la infancia. Eso me produce temor. Mi infancia, no creo que sea la única, no ha sido alegre. La calificaré gris. La defino así porque me consta que ha habido y hay infancias peores y dramáticas.

Se dice siempre, que teníamos que nacer sabiendo. No es necesario. Bastaría simplemente que se nos enseñara, sin manipularnos la mente.

Aunque ya nacimos con la capacidad de aprender, los listos de la época se encargaron de que aprendiéramos poco y mal. Desde hace unos años, estoy intentando desaprender todas las insensateces y estupideces que me inculcaron, cuando yo no tenía poder de decisión y que sólo, sirvieron para complicarme la vida y sobrevivir con el piloto automático.

Sé que ese no fue mi destino porque, con el destino no se nace, se hace. Pero, de un modo u otro estaba predestinada a ello. No por los designios de Dios, sino por los designios de la sociedad donde me tocó nacer y vivir. Después de convertir mi vida en una guerra sin cuartel contra el mundo y sobre todo, contra mi misma, he llegado a la conclusión que soy una privilegiada. Todos los acontecimientos vividos, los que me dejaron huellas dolorosas, y traumas los experimenté en una edad lo suficientemente temprana. He tenido tiempo y posibilidad para lamerme las heridas, curarlas y aprender. Aunque si no del todo, por lo menos a protegerme más que de los otros, de mi misma.

No podían, ni debían ser vividos de otro modo. Mi educación, (o mi falta de ella) mi mentalidad y mi biografía no daba para más.

Después de tantos años, me reencuentro conmigo misma, pero ya casi no me reconozco. A consecuencia de eso, he tenido que aprender a convivir con la (casi) nueva persona en que me he convertido.

Logré visualizar en mí, los obstáculos que me producían menos temor, para atreverme más tarde con los más dolorosos. Me enfrenté a las contradicciones acumuladas a lo largo y ancho de mi vida que nunca dejaron de gritarme. Me deshice de lo inservible, que era mucho. Ese espacio quedó vacío, tenía que llenarlo. No sabía con qué. Algo así como si de repente te dan un huerto fértil, sin tener la mínima idea de agricultura. Es duro desaprender cuando no se sabe lo que se debe aprender

Así, me descubrí. Tanto como decir, intenté aprender a sentir y vivir de otro modo.

Estoy entrando en el camino  en lo que se da por llamar la tercera edad, por no llamarlo por su nombre. Vejez. Para mí, que yo ya voy por la cuarta o la quinta.

Siendo una nueva  etapa de mi vida, me observo entre curiosa y atemorizada. Curiosa porque soy espectadora de las transformaciones de mi mente.  Voy soltando lastres y paradójicamente los vivo en principio, como pérdidas.  Unas pérdidas que se transforman en más lucidez. Atemorizada porque, constato con cierta pesadumbre, el paso del tiempo, por mi cuerpo. A mi pesar voy restando vida.


 

Racionalmente es una suerte haber llegado a esta edad. Otros no llegan. He descubierto, que yo puedo elegir lo que quiero sentir. A veces lo consigo. Otras, las voces irracionales de la ignorancia, se pelean con la razón. Aunque, cada día menos. Ha sido una gran lucha existencial.

He perdido jirones de mi vida dónde, en cada enfrentamiento me asomaba al abismo, donde el vértigo, muchas y muchas veces me vencía. Ahora, puedo aliarme de vez en cuando con mi pasado, Un pasado, en el que yo no habité y sin embargo viví a mis propios  mis pies.

 

22/07/2011

 

 

 


 

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  • Querida Samparami, No se q pasa ultimamente que dejo conmentarios y luego no aparecen. Anoche, después de leerme éste relato, me sentí tan identificada con el texto que sentí como si en algún momento hubieras tenido acceso a mis más ocultos sentimientos. Me alegra mucho que también tú te prestes atención. Que intentes conocerte y saber pq sienters ésto o lo otro. No todo el mundo puede. Ahora entiendo pq comentaste mi relato ALZANDO LA VOZ. Veo q también tú te sentiste identificada. Me ha encantado Samparami. Te voy leyendo. Abrazos
  • La infancia es un libro en blanco, que cualquiera pude escribir para bien o para mal.!

    La historia de España que se pretende ignorar.

    Desamor.

    No es cierto que el que nada tiene, nada echa de menos.

    Las contradiciones implícitas en las mentiras, pueden, permanecer en la psique de las personas, hasta el final de sus días.. Vivir es preguntarse.

    A veces, el pasado es el refugio feliz para la soledad de los ancianos.

    Lo que trae el paso del tiempo.

    A la memoria de un recuerdo.

    A veces se quiere presumir pero, las circustancias lo impiden.

    Los estragos de la ignorancia.

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