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7 min
Motín en el infierno
Terror |
08.11.14
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Sinopsis

¿Y si el infierno sí es como lo pintan?

La grotesca mano de mi verdugo gira la manivela y mi cuerpo colgante desciende un poco más; ahora el hirviente aceite envuelve mis pies y no puedo contener los gritos de dolor. El hijo de puta ríe a carcajadas; su monstruosa cara, a escasos centímetros de la mía, me salpica con su corrosiva saliva y llena mis pulmones con el infernal tufo de sus fauces, que por sí mismo es castigo suficiente.

Como siempre, es en este momento que toda mi vida, todos mis errores, todos mis pecados, desfilan ante a mis ojos, recordándome quién soy y lo que hago aquí. Mi verdugo se encarga de recitarme los momentos más infames de mi banal existencia. Ahora gira el mecanismo un poco más y el aceite sobrepasa mis tobillos; hago un esfuerzo por suspenderme, pero es inútil, mis muñecas están rotas. Sin embargo, mi cerebro funciona a la perfección y me informa que la piel, tejidos y huesos de mis extremidades inferiores son freídos lentamente. Para mi desgracia ya no cuento con el beneficio de un estado de shock o un desmayo, ni siquiera con el cese de mis funciones corporales, así que estaré consciente de todo, centímetro a centímetro, hasta que mi conciencia se disuelva en la burbujeante sustancia.

La rutina es tan horrorosa como siempre, mi verdugo no desperdicia un solo nervio de mi cuerpo para hacerme sentir, sin embargo yo sonrío. Lo hago por dentro, desde luego; detrás de mi rostro descompuesto por el martirio, hay otro sonriente. Sonrío porque me prometieron que hoy será la última vez.

Despierto en la oscuridad. La terrible oscuridad. ¿Creen que es mejor que la rutina? No, aquí no hay paz. La oscuridad y la rutina son dos lados de una misma moneda. El remordimiento llega a ser peor que el dolor; y claro, cuando llega, todo es preferible al tormento. Además está la angustia; la oscuridad puede prolongarse solo unos segundos antes de volver a la rutina, o bien pueden transcurrir años. Nunca lo sabes. En cualquier momento volverás a encarar a tu verdugo y éste siempre tiene una novedosa sorpresa para ti. Hoy la angustia es peor que nunca. ¿Cumplirán la promesa que me hicieron?

¡Dios mío, ahí está! ¡Veo la luz! ¡La voz me dijo la verdad! El levantamiento ocurrirá. Por primera vez en una eternidad siento esperanza de nuevo. Nunca sabrán lo sublime que es la esperanza hasta no haberla olvidado por completo. Si estuviera vivo, moriría ahora mismo de felicidad.

–Ha llegado el día –dice la voz desde algún lugar en la oscuridad –Te dije que sería tu última vez. Ve hacia la luz y pelea como nunca has peleado en toda tu existencia. La causa, te lo juro, nunca ha sido más justa. 

Desde hace tiempo la voz me ha prevenido de la llegada de este momento y supongo que ha hecho lo mismo con muchos otros como yo. Me ha puesto al tanto de todo lo que debo hacer y yo pienso seguir sus indicaciones al pie de la letra. ¿Un cortesano rebelde o un ángel infiltrado? No tengo la menor idea. Me advirtió, eso sí, que si fracaso iré al a parar al último círculo del abismo, donde mi actual situación parecerá un paraíso en comparación. No tengo tanta imaginación para visualizar ese escenario y sucumbir al temor, así que accedo. Además, si todo lo que la voz me ha dicho es cierto, vale la pena correr el riesgo.

Alguien coloca un objeto en mis manos. Es un arma. Una mano gigantesca me da una palmada en la espalda, como instándome a andar y corro hacia la luz lo más rápido que puedo. Nunca había sentido tanto miedo como ahora. ¿Será todo una gran mentira? ¿Un nuevo martirio ideado por la creativa y perversa mente de mi verdugo? La esperanza puede ser el peor instrumento de tortura. Sin embargo, sé que la cuestión es irrelevante pues ya no hay marcha atrás. Llego hasta la luz, que resulta ser una ranura en el manto de espesa oscuridad y penetro en ella.

Ante mis ojos se abre el páramo infinito de ríos de fuego y lagos de magma. El enemigo, réplicas de mi verdugo, avanza en hordas que parecen interminables, pero nosotros somos más, infinitamente más. Detrás de las huestes malditas, se alza la montaña cuya cima es imposible contemplar. La misión, alcanzar la cima.

La pelea es encarnizada, el enemigo es implacable, pero la superioridad numérica nos da la ventaja. No mueren, desde luego, pero no se dan abasto para contener nuestro avance. Cada uno de ellos deshace en girones a cientos de los nuestros antes de caer despedazado. En la refriega, reconozco a mi verdugo; todos son iguales, pero lo reconozco a él. Nada como el dolor para crear lazos íntimos. Ha perdido sus piernas y el nefando ser se arrastra por el suelo. No puedo describir el placer que me produce  separar esa horrible cabeza de su cuerpo. Desde el suelo me sonríe y promete darme una real bienvenida cuando vuelva a tenerme entre sus brazos. Lo mando a volar de una patada.

Transcurren días, tal vez años, no lo sé, pero finalmente estoy entre los que suben la montaña. Estamos a punto de alcanzar la cima. Abajo, la batalla continúa; desde aquí puedo ver el infinito manto de almas condenadas encarando a sus demonios. Es imposible precisar cuántos de nosotros finalmente alcanzamos el pináculo, tal vez cientos de miles, tal vez cientos de millones, tal vez más. Antes de dar el último paso, doy una última mirada al infierno.

¡Lo logré! ¡Lo logramos! ¡Estamos fuera! ¡Es tan hermoso vivir de nuevo! Nunca jamás volveré a la fosa. ¡Lo juro! Haré lo que tenga que hacer.

Tal como dijo la voz, existen infinidad de vehículos disponibles para transitar la Tierra y yo tuve la magnífica fortuna de ocupar uno intacto y relativamente fresco; un hombre gordo que tendría escasas horas de haber fenecido. Manejarlo no es sencillo, mis movimientos son torpes y lentos; de mi boca no salen más que gruñidos, pero no me puedo quejar. A mi lado, en una plancha de metal, similar a donde yo me encuentro, un desgraciado despertó en un cuerpo roto y no puede moverse. De esa manera no podrá alimentarse y pronto volverá al abismo. Pobre infeliz.

Ahora no queda más que cumplir con la última indicación de la voz: para mantener mi carne viva, debo comer carne viva, así que me abalanzo a dentadas sobre el asustado encargado de la morgue que me mira azorado. Debo moverme con rapidez o los demás prófugos me lo ganarán. 

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  • Impresionante, Carlo, sentí calor mientras lo leía... y ese brutal final... sin palabras.
    Muy bueno Carlo. Desde la pregunta de la sinopsis esta "padrísimo". Un final sorprendente así que a comer que hay que seguir ;) Abrazo
    Muy buenas descripciones, Carlo. Me gustó como fusionaste una representación clásica con un argumento original. Imágenes fuertes que me hacen pensar que, tal vez, estuviste ahí.
    Es verdad, una valoración es mejor si viene con un mensaje, pero no pasa nada, toda opinión es bienvenida; lo importante es que lo lean.
    Gracias, Ana María!
    Como siempre, me has hecho ponerme en la piel del protagonista. Así que imagina lo que he sufrido. Felicidades por tan buen desenlace
    Muchas gracias, Paco, como siempre tus valoraciones son invaluables. Aunque me dejaste pensando con eso de la vaca; supongo que por lo mugidos. Ya le hice algunos ajustes. Saludos
    Tu relato demoníaco, narrado con un ritmo endemoniado que teje una trama endiabladamente compleja, me recuerda, en efecto, el Inferno de Dante con sus 9 círculos, cual espeluznantes niveles de un satánico juego de la DevilPlay, y también me trae a la memoria el famoso cuadro de El Bosco. En cualquier caso, realizas una nueva demostración del poderío de tu fértil y malsana imaginación, capaz de conjurar escenarios de pesadilla dónde, sin ninguna piedad por tu parte, se debaten tus atormentados personajes, llevados al límite de su resistencia física y mental. Y al final, ese giro inesperado, que supone otra vuelta de tuerca. Impagable la escena de la vaca zombi merendando galeno. Saludos.
    Que lo leas y comentes ya vale más que cien estrellas, Isabel. La honestidad es más halagadora. Me intrigas con esa monja; ojalá un día nos la presentes en algún relato; tal vez, por qué no, en alguna aventurada excursión al "jodido" género. Y muchas gracias, Alejandro, por tu comentario, se aprecia mucho. Y has acertado: los tan mentados y tan de moda zombis.
    Joder Carlo, menudo viaje! Me has revuelto el estómago con este relato. Tu capacidad para mostrar lo más horrible que uno pueda imaginar (sin escatimar en detalles) hace que te den ganas de apartar la vista como si lo estuvieses viendo en directo. Aunque, evidentemente, no he pasado un rato 'agradable' leyendo el relato, si te puedo decir que no lo he podido dejar hasta descubrir cual era el plan secreto. Por cierto, si lo he entendido... ¿Zombis?
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Comunicador de profesión, escritor por pasatiempo. Entusiasta de los géneros fantásticos, en particular el horror.

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