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7 min
Muerte de un vividor - 2 - Oportunidad única
Suspense |
10.08.20
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Sinopsis

Dunaújváros ofrece una oportunidad única...

2. Oportunidad única

Dunaújváros abandonó el comedor del hotel con el sabor amargo del café en la garganta. Tenía muchas cosas que hacer para perder el tiempo lamentándose por lo que había perdido. Comenzaba un nuevo día en una nueva ciudad.

La calle bullía de actividad al contrario que anoche cuando llegó. Los comercios habían levantado las persianas. Personas atareadas caminaban de un lado para otro. La Barcelona trabajadora se había despertado.

-Es hora de empezar de nuevo...-Dijo Dunaújváros mirando a ambos lados de la concurrida calle. No se decidía a bajar la escalinata de la entrada del hotel Marmóreo. Dudaba qué dirección tomar hasta que localizó a lo lejos el letrero que buscaba.

-Vamos allá...-Dunaújváros se dirigió hacia él con paso firme. Llevaba consigo el maletín negro cogido con fuerza de su mano derecha.

La gente con la que se cruzaba ni siquiera lo miraba, pero él prestaba atención por si reconocía algún rostro conocido... Su pasada vida aún era demasiado reciente y podría tropezar con alguien...

Tardó unos escasos veinte minutos en llegar ante la fachada de color verde claro. Miró hacia arriba. Un gran letrero anunciaba su nombre: Banco El Buen Pastor.

Dunaújváros cruzó el umbral de la entrada. Se acercó al mostrador de atención al cliente dónde una chica joven, de cabello rizado, miraba con extrañeza la pantalla de su nuevo ordenador.

-Buenos días, señorita.-Dunaújváros llamó su atención.

-Buenos días.-Dijo la chica aliviada al tratar con un cliente.

-Necesito ver al director de la sucursal.-Pidió directamente. El asunto que le traía era muy importante para comentarlo con ella.

-¿Tiene usted cita, señor?-Preguntó la chica con cara seria.

-No, pero estoy seguro que el director me recibirá...-Aseguró.

-No sé si el Director Rodríguez estará disponible esta mañana...-Dudó la chica consultando la agenda de mano.

-Haga el favor de llamarlo y decirle que el señor Dunaújváros quiere tratar con él de un asunto muy importante...-El hombre le entregó una tarjeta de visita con letras negras.

-Está bien, pero no le prometo nada...-La chica cedió por fin y descolgó el teléfono. Marcó a regañadientes el número del despacho del director. Temía el mal carácter del director si le molestaban con tonterías.

-¿Cuál es el motivo de la llamada, señorita?-Preguntó el director al otro lado de la línea. El tono era de enfado cómo si le hubiera interrumpido.

-El señor Du-na-új-vá-ros quiere verle, señor Director...-La chica deletreó con dificultad el apellido en la tarjeta de visita.-Dice que le trae un asunto muy importante...

-Espero que sea verdad por qué no me gustan las visitas imprevistas. Hágale pasar a mi despacho, señorita Candelaria.-Ordenó el director con tono disgustado.

-Cómo ordene, señor Director.-Respondió la chica antes de colgar el teléfono. Se levantó de la silla y abrió una puertecita en el mostrador.

-Sígame, por favor...-Pidió la chica evitando decir su apellido.

-Muchas gracias.-Contestó Dunaújváros acompañando a la chica de los cabellos rizados hasta una puerta de madera con el letrero de Director.

La chica llamó con los nudillos y esperó la respuesta.

-Adelante...-Dijo una voz masculina detrás de la puerta. Debía ser el temido director de la oficina bancaria.

-Pase, por favor.-Pidió la chica después de abrirla. Se apartó a un lado para dejarle pasar. Cumplía el protocolo de buenas maneras corporativas al pie de la letra.

Dunaújváros entró con paso decidido en el despacho del director. Le llamó la atención un cuadro con motivos bucólicos. Un paisaje campestre con un pastor cuidando de sus ovejas. No lo esperaba, pero no venía a criticar su buen gusto.

Se sentó en una silla sin esperar que se la ofrecieran.

-Usted dirá en qué puede ayudarle nuestro banco, El Buen Pastor...-El director Rodríguez, un hombre obeso con cara de obispo, que lo miraba con curiosidad tratando de valorar si valía la pena perder su valioso tiempo con un extraño...

-Me llamo Bernat Dunaújváros. Soy comercial de “Varelli e figlio”, una importante empresa italiana dedicada a la importación de productos de consumo...-Explicó el hombre dándole una tarjeta.

-Le escucho, señor Dunaújváros.-Aseguró el director sin impresionarse. No sería el primer vendedor de “grandes” empresas que venían a solicitar créditos para sobrevivir cuando el agua les llegaba al cuello. Su olfato bancario le advertía que se encontraba delante de otro desgraciado al que crujir a comisiones e intereses.

-Vengo a ofrecerle la oportunidad única de participar cómo socio principal en la expansión de nuestra empresa “Varelli e Figlio” en España...-Dunaújváros lanzó su oferta comercial esperando despertar su interés.

-Explíquese, por favor...-El director Rodríguez necesitaba más información para tomar una decisión, aunque no conocía la empresa italiana, pero el asunto prometía.

-”Varelli e Figlio” busca un local comercial para abrir una oficina en Barcelona. Me han enviado para encontrar la que esté en la mejor ubicación...-Aseguró Dunaújváros.

-Siga...-Ahora vendría la petición del préstamo, pensaba el director adivinando la siguiente jugada del vendedor.

-”Varelli e Figlio” quiere abrir una cuenta bancaria en esta sucursal para centralizar todos los gastos derivados de este proyecto de expansión...-Dunaújváros llegó, por fin, al meollo del asunto. Puso el maletín negro sobre el escritorio del director y lo abrió para enseñárselo.

-Nuestro banco estará encantado de ser su socio principal en su proyecto de expansión...-Admitió el director al verlo lleno de billetes. Fajos de Liras Italianas. Mucho dinero.

-Aquí sólo hay veintitrés millones de Liras Italianas... Es un pequeño anticipo para comenzar nuestra colaboración.-Prometió Dunaújváros dando a entender que habría más.

-Puede confiar en el banco El Buen Pastor.-Eran más de dos millones de Pesetas. El director ya tocaba con los dedos la prima que cobraría. La suerte le sonreía en su modesta sucursal de barrio.

-Confío en usted, director Rodríguez.-Dunaújváros endulzaba su oferta comercial haciendo la pelota al deslumbrado director.

-Muchas gracias, señor Dunaújváros. Le abriremos la Cuenta Cliente Preferente. Las condiciones son inmejorables. Sólo necesito que firme un formulario...-Explicó el director de carrerilla.

-Señorita Candelaria, traiga ahora mismo el formulario de la Cuenta Cliente Preferente.-Ordenó el director, por teléfono, con prisa por cerrar el mejor acuerdo de su oficina bancaria.

La señorita de los cabellos rizados entró en el despacho llevando una carpeta con el logo del banco. Se la entregó al director en mano. Sonrió a Dunaújváros antes de salir. Quizás había estado escuchando la conversación privada.

Dunaújváros le devolvió la sonrisa mirándola a los ojos. Si resolvía sus asuntos antes de acabar el día, volvería para conocerla...

-Firme en la línea de puntos, por favor.-Pidió el director ajeno a lo sucedido. Sólo pensaba en las felicitaciones de la Central.

-Ya está.-El hombre firmó cómo Bernát Dunaújváros.

-Casi me olvido, también necesito su pasaporte, por favor.-El director notó su fuerte acento extranjero y dedujo que no dispondría de documento de identidad español.

-Aquí tiene.-Dunaújváros lo sacó del bolsillo de su chaqueta.

El director lo hojeó por encima, aunque no sabía húngaro ni francés, y apuntó el número de pasaporte en el formulario. Se lo devolvió satisfecho.

-Con la Cuenta Cliente Preferente, incluimos una tarjeta de crédito, sin límite para sus gastos, gentileza del banco El Buen Pastor...-El director siguió enumerando las ventajas.

-Me parece perfecta. ¿Pero hemos acabado el papeleo? Tengo mucho trabajo y no quisiera perder más tiempo...-Se quejó.

-La tendrá disponible mañana...-Puntualizó el director.

-Volveré mañana, pero necesito efectivo para hoy...

-No es problema...

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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