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6 min
Muerte de un vividor - 3 - Diamante en bruto
Suspense |
17.08.20
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Sinopsis

Dunaújváros abandonó la sucursal del banco El Buen Pastor con una sonrisa en los labios...

3. Diamante en bruto

 

Dunaújváros abandonó la sucursal del banco El Buen Pastor con una sonrisa en los labios. Había depositado su maletín lleno con 23 millones de Liras Italianas de dudosa procedencia en las manos del inocente director Rodríguez que le dio 100.000 pesetas para gastos.

-No puedo creer que haya sido tan fácil...-Se decía a sí mismo sorprendido que su propuesta comercial tuviera tan buena acogida.

Levantó el brazo para que un taxi se detuviera. Desconocía la ciudad que pisaba y no le apetecía recorrerla a pie. Hacía demasiado calor para que su elegante traje no sufriera. El día sería largo.

El segundo taxi iba de vacío, lo vio y se detuvo a su lado chirriando las ruedas. El conductor, un tipo sudoroso con bigotito ridículo que fumaba un purito medio apagado, puso en marcha el taxímetro nada más subirse el pasajero.

-¿Dónde le llevo?-Miró al pasajero por el retrovisor interior sin molestarse en girar la cabeza. Debía ser otro turista recién llegado a Barcelona que querría visitar la Sagrada Familia...

-Lléveme a una tienda de automóviles de segunda mano, por favor...-Pidió Dunaújváros rompiendo la predicción del taxista.

-¿Cómo dice?-El conductor creía haberlo oído mal.

-Lléveme a una tienda de automóviles de segunda mano, por favor.-Repitió el pasajero hablando muy despacio intentando hacerse entender en un español raro, pero correcto.

-De acuerdo, señor.-El taxista sudoroso puso en marcha el vehículo mientras buscaba en su memoria dónde se encontraba el concesionario de automóviles más lejano. El contador de taxímetro corría a su favor.

Dunaújváros miraba por la ventanilla la ciudad que le acogería con los brazos abiertos en su retiro dorado. El sol del verano era radiante y luminoso. Las gentes parecían alegres. Le recordaba a cierta ciudad italiana también bañada por el mar Mediterráneo a la que no podía regresar...

-Bonita ciudad...-Murmuraba Dunaújváros sonriendo ante la tentadora idea de disfrutar de sus placeres. Pensaba descubrirlos.

El taxista conducía sin prisa para que su pasajero apreciase la belleza de Barcelona. Así ganaba tiempo. No se iba a librar de la ruta turística, aunque no quisiera ver los monumentos de la ciudad...

-¿Falta mucho para llegar?-Preguntó Dunaújváros cuando el taxista empezó a nombrarle sitios que no le interesaban.

-Ya estamos llegando, señor.-Aseguró el conductor sudoroso con voz poco convincente. Parecía que su pasajero se inquietaba.

-Eso espero...-Dunaújváros sospechaba que daban un rodeo.

El taxista se metió por un polígono industrial del extrarradio dónde la decoración cambió. Los trabajadores de mono azul parecían condenados a penas forzadas. Le trajo recuerdos de su Hungría natal y no pudo evitar tener un escalofrío.

-Esos tiempos no volverán...- Se convenció en voz baja.

-Ya hemos llegado...-Anunció el conductor deteniendo el taxi delante de un concesionario de automóviles. Una explanada llena de coches viejos y una garita prefabricada cómo oficina para los escasos clientes que se atrevían a venir al olvidado polígono industrial.

-Son 200 pesetas, la carrera...-Pidió el conductor.

-Tenga.-Dunaújvaros pagó la larga carrera y bajó del taxi. Se encontraba delante de la entrada. “Gangas Pérez y asociados”, decía un letrero envejecido con letras grises. No le daba buena espina, pero los diamantes en bruto se escondían en sitios cómo ese.

-Buenos días. Mi nombre es Augusto Pérez, propietario de “Gangas Pérez y Asociados”. ¿En qué puedo ayudarle?-El vendedor, un tipo espabilado, le había visto llegar y salió de su oficina para dar la bienvenida al primer y único cliente del día.

-Mi nombre es Bernát Dunaújváros. Quisiera un descapotable llamativo en buen estado y con un precio ajustado...-Tenía en mente un deportivo rojo, pero no sabía si allí lo encontraría. Desconfiaba.

-Ha venido al sitio perfecto... Tenemos una gran variedad de vehículos para todos los bolsillos y todas las necesidades...-Aseguró el vendedor recitando de memoria.

-Eso espero.-Respondió Dunaújváros bastante escéptico.

-Permítame enseñarle nuestros vehículos en exposición.-El vendedor se ofreció a guiarle en la visita por la soleada explanada.

-Le sigo.-Contestó el cliente soportando el abrasador sol de la mañana veraniega. No le apetecía recorrer el atestado aparcamiento, pero no tenía escapatoria. Quería un coche hoy mismo.

-Dispongo de un precioso descapotable rojo que se ajustará a la perfección a lo que busca, señor...-El vendedor estaba convencido de tenerlo. Recorría el aparcamiento mirando a ambos lados.

Dunaújváros le seguía procurando no ponerse nervioso. Su paciencia era muy escasa. Respiraba hondo mientras caminaba detrás del vendedor. Confiaba que el taxista sudoroso lo hubiese dejado en el sitio adecuado.

-Aquí tiene su descapotable...-Anunció el triunfal vendedor al encontrarlo. Se trataba de un pequeño vehículo de dos puertas y de un color rojo brillante. No era un deportivo, pero llamaba la atención.

-No está mal.-Reconoció Dunaújváros dando una vuelta a su alrededor buscando algún defecto visible. Parecía bien conservado.

-Puede sentarse al volante.-El vendedor lo invitó a subirse. La técnica comercial clásica del manual del buen vendedor.

-Muchas gracias.-Dunaújváros aceptó la invitación, abrió la puerta izquierda y se sentó en el asiento de piel del conductor. Debía reconocer que se encontraba a gusto con lo qué veía.

-Tiene cuatro velocidades y dispone, cómo extra, de aire acondicionado muy necesario en este caluroso verano.-Explicó el vendedor, aunque con la capota bajada era inútil.

-Me interesa, pero quiero probarlo...-Dunaújváros no se fiaba de una buena apariencia. Quizás el motor estuviese en las últimas.

-Sin problemas. Voy a buscar las llaves y danos una vuelta, señor.-Dijo el vendedor marchándose a la oficina. Dejó al cliente sentado al volante bajo el sol abrasador.

-Espero que no tarde mucho...-Dunaújváros curioseó por el interior del coche. Abrió la guantera. Vacía y limpia cómo esperaba.

-Ya estoy de vuelta.-El vendedor se dio prisa. Regresaba con la respiración agitada. Se sentó en el asiento del acompañante. Traía las llaves y la documentación del coche.

-Puede dar una vuelta por las calles del polígono, pero no más lejos, por favor.-Advirtió el vendedor antes de darle las llaves.

-No se preocupe.-Dunaújváros arrancó el motor.

El vendedor le indicó cómo salir del aparcamiento. Atento para complacer al indeciso comprador. No podía dejar escapar la única venta del día. Fue guiando al cliente por las calles solitarias del polígono. Eran escasos los talleres abiertos en ese caluroso lunes de julio de 1985.

-Va muy bien...-Reconoció Dunaújváros sorprendido.

-Todos nuestros coches son revisados.-Aseguró el vendedor.

-No lo dudo, pero cuánto pide por él...-Preguntó directo.

-Es una ganga, sólo 300.000 pesetas a pagar en efectivo o en cómodos plazos.-El vendedor echó el resto para cerrar la venta.

-Lo quiero, pero no llevo tanto dinero encima...

-Puede dar una paga y señal de 50.000 pesetas. Hay otra persona interesada en él...-El vendedor se aseguraba la venta.

-De acuerdo, pero tendré que pedir un cheque a mi banco, El Buen Pastor, por la cantidad restante...-Debía volver mañana a la oficina.

-No hay problema, señor...

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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