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6 min
Muerte de un vividor - 44 - Pensión Rosita
Suspense |
01.06.21
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Sinopsis

El comisario Cardano investiga en la Pensión Rosita...

-Vaya sorpresa... ¿Me hará el favor de avisarme de cualquier cambio del estado de salud del herido?-El comisario Cardano le dio una tarjeta suya con el número de teléfono de la oficina de la Brigada de Homicidios.

-Por supuesto, señor comisario...-Le respondió la enfermera Vázquez leyendo la tarjeta. No todos los días recibían la visita de la Policía Nacional.

-Muchas gracias por su colaboración, señorita Vázquez.-Dijo el comisario Cardano antes de marcharse.

-De nada...-La veterana enfermera Vázquez sobrepasaba los cuarenta años y hacía tiempo que dejó de ser señorita, pero le gustó que se lo dijeran de nuevo...

-Vámonos, señor Gómez...-Ordenó Cardano a su ayudante.

-¿Dónde vamos, señor comisario?-Le preguntó el inspector Gómez mientras salían del Hospital del Vall d'Hebrón.

-Pensión Rosita del Barrio Chino.-Cardano subió al coche.

-Sí, señor comisario.-Gómez se sentó frente al volante, puso en marcha el motor y abandonó el aparcamiento.

-¿Conoces la Ronda de San Pablo del Barrio Chino?.-Cardano leyó la dirección en el llavero de la Pensión Rosita.

-No, señor Comisario.-El inspector Gómez negó moviendo la cabeza. El Barrio Chino no tenía muy buena fama.

-Baja por la Rambla hasta la parada de Metro del Liceo. Allí cogemos la Ronda de San Pablo.-Indicó el comisario Cardano.

-De acuerdo, señor Comisario...-Gómez se conocía la Rambla por qué la pateó cuando era policía de seguridad ciudadana vigilando a los carteristas que robaban a los confiados turistas.

Cardano observaba la ciudad de Barcelona desde la seguridad de la ventanilla de su coche. Un ciudad que había cambiado mucho desde que nos dejó El Caudillo. Casi no la reconocía. Diez años sin él daban para mucho...

El comisario añoraba los viejos tiempos dónde el respeto y la buena educación eran la norma vigente. La llegada de la democracia en 1975 trajo la desidia de la población que se creyó libre.

Cardano veía su mundo desapareciendo delante de sus ojos cansados, casi sin darse cuenta, escapando entre sus dedos cómo niebla gris...

-Estamos llegando, señor Comisario.-El inspector Gómez lo sacó de sus pensamientos cuando entraban en la ronda de San Pablo.

-Gracias, señor Gómez.-Cardano regresó al presente. Tenían un caso entre manos. Volvió a ser el profesional exigente.

La Ronda de San Pablo era un estrecho y retorcido callejón que cruzaba el Barrio Chino abarrotado de comercios que vendían de todo. Lo que necesitabas, allí lo encontrabas a buen precio.

-Hemos llegado, señor Comisario.-El inspector Gómez vio el letrero de la Pensión Rosita y detuvo el coche al lado.

-Vamos a hablar con la portera...-Cardano bajó del coche.

El inspector Gómez le siguió dejando el coche a un lado de la estrecha calle. Puso el letrero de Policía Nacional en el salpicadero.

-Buenos días, señora.-Saludó Cardano a la mujer que vigilaba la entrada de la pensión Rosita.

-Buenos días...-Respondió la mujer mirando con desconfianza a los extraños. Sus modestos clientes no se presentaban en coche.

-Soy el comisario Cardano.-Se presentó educadamente.

-Soy la señorita Rosita.-Contestó la mujer que perdió de vista al borracho de su marido hace años y se consideraba soltera.

-Necesitamos su ayuda, señorita Rosita.-Pidió Cardano.

-Ustedes dirán.-Rosita se esperaba lo peor. No tenía todos los permisos en regla, pero no parecía ese tipo de visita.

-Necesitamos ver la habitación de este huésped.-Cardano le enseñó la llave de Luís Pascual. El herido en la explosión de gas.

-Es la habitación de Luís...-Rosita admitió.

-¿Podemos verla?-Pidió Cardano.

-¿Tienen orden de registro?-Replicó Rosita.

-No, pero creo que no la necesito...-Propuso Cardano sacando un billete de 500 pesetas de su cartera.

-Tiene usted razón, señor Comisario...-La portera Rosita se guardó el billete doblado en su escote. Era su hucha secreta.

-La última habitación del pasillo.-Explicó Rosita señalando el oscuro pasillo apenas iluminado por lámparas amarillentas.

-Muchas gracias, señorita.-Cardano agradeció la colaboración desinteresada de la portera.

-Sigamos, señor Gómez.-El comisario Cardano encabezó la comitiva policial por el oscuro pasillo hasta la última puerta. La abrió con la llave de Luís Pascual.

La habitación era austera cómo correspondería a la categoría de una pensión humilde. Había un camastro deshecho con sábanas de hospital, una incómoda silla de mimbre rancio y un estrecho armario con puertas de madera encastrado en la pared.

-Acogedora...-Murmuró Cardano con cruel ironía.

-Un lugar para dormir.-Opinó el inspector Gómez.

-Veamos que hay.-Dijo el comisario empezando la inspección ocular. Abrió el armario. Encontró una maleta vieja y algunas prendas de ropa masculina colgadas en las perchas. Le llamó la atención una de ellas.

-Muy interesante.-Exclamó al ver un mono azul de trabajo.

Llevaba el nombre de “Tabacos de Importación Andrade”.

-Creo que ya sabemos dónde trabajaba Luís Pascual.-Dedujo el comisario Cardano pensando en voz alta.

-Falta saber dónde está la empresa...-Comentó el inspector Gómez mientras escribía el nombre en su libreta.

-Sospecho que debe estar en el polígono industrial de la Zona Franca...-Aventuró Cardano recordando el billete del autobús NF.

-Creo que aquí no hay nada más que ver...-Cardano concluyó la inspección. La maleta vieja estaba vacía por qué no pesaba. Luís Pascual debía ser un pobre diablo que estuvo en un mal sitio en un mal momento...

El inspector Gómez guardó su libreta y siguió al comisario por el oscuro pasillo hasta llegar a la entrada de la pensión. Agradeció volver a ver la luz de sol.

-¿Dónde vamos, señor comisario?-Preguntó Gómez.

No le dio tiempo a contestar a Cardano.

-Perdonen que les pregunte...-La portera Rosita fue detrás de ellos por qué una duda le corroía por dentro.

-Dígame, señorita Rosita.-El comisario se detuvo.

-¿Qué le ha pasado al chico?-La portera se preocupaba por su huésped más joven. El único que le pagaba puntualmente.

-Lo siento, pero es un asunto policial y no estoy autorizado a responderle....Se excusó Cardano que no quería darle detalles.

-Le entiendo, pero necesitaría saber si volverá para alquilar su habitación...-Insistió la portera Rosita pensando en el negocio.

-Sólo puedo decirle que tardará mucho en volver...-Cardano no albergaba mucha esperanzas en la recuperación del herido.

-Gracias por su respuesta...-La portera vio el cielo abierto. Lo que le sucediera a su huésped no era asunto suyo, pero no podía permitirse tener una habitación libre...

-Que tenga un buen día.-Cardano subió al coche policial antes que la portera siguiera sacándole más información.

-Que tenga un buen día.-Respondió Rosita metiéndose en su pensión. Colgó el letrero de habitación libre en la entrada.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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