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6 min
Muerte de un vividor - 45 - Tabacos Andrade
Suspense |
14.06.21
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Sinopsis

El comisario Cardano sigue la pista de Tabacos de Importación Andrade...

-¿Dónde vamos, señor comisario?...-El inspector Gómez le repitió la pregunta mientras circulaban por la Ronda de San Pablo.

-Ahora lo sabré...-Respondió Cardano cogiendo el micrófono de la emisora de radio. Apretó el pulsador. Se puso en contacto con la Jefatura Superior de Policía Nacional.

-Policía Nacional al habla.-Contestó la recepcionista de la centralita, una agente con años de experiencia, en la Vía Layetana.

-Aquí el Coche K-4. Soy el comisario Cardano, pase esta petición a mi secretaria, la señorita Vázquez: necesito la dirección de la empresa “Tabacos de Importación Andrade”. Es urgente.

-Le paso su petición urgente, señor comisario.-Confirmó la señorita marcando el número de la extensión.

-Muchas gracias, señorita... Quedamos a la espera...-Cardano necesitaba una respuesta rápida para no dar vueltas por Barcelona.

En la ciudad se respiraba ese aire de verano pegajoso dónde la humedad marina del Mar Mediterráneo se sufría con paciencia. Y más aún si el aire acondicionado del coche policial estaba averiado.

-Central llamando a Coche K-4.-Se oyó por la emisora.

-Coche K-4 a la escucha.-Respondió el comisario Cardano.

-La dirección de la empresa Tabacos de Importación Andrade es Calle 24 del Polígono Industrial de la Zona Franca.-Informó la recepcionista leyendo la nota que le bajaron desde la oficina de la Brigada de Homicidios. Llevaba la firma de la señorita Vázquez.

-Muchas gracias por la información, señorita...-Contestó Cardano cogiendo el micrófono de la emisora de radio.

-Ya sabe la dirección, señor Gómez.-Dijo Cardano.

-Sí, señor comisario...-Confirmó el inspector, que había escuchado la conversación, poniendo rumbo al sur de Barcelona.

El coche policial circulaba por las congestionadas calles de la ciudad abarrotadas de vehículos, que iban y venían a sus quehaceres, haciendo el tráfico muy lento. Era el precio que se tenía que pagar por vivir en el centro de una gran ciudad con bellas vistas al Mar Mediterráneo.

-Hoy está fatal...-se quejó el inspector que veía cómo apenas avanzaban en medio del atestado mar gris de coches. Estaba tentado de poner la sirena para abrirse paso a la fuerza...

-Hay que tener paciencia, señor Gómez.-Le recordó Cardano que observaba el caos con otros ojos. Intentaba adivinar sus motivos.

Después de otra hora, consiguieron entrar en el Polígono Industrial de la Zona Franca y recorrieron sus calles buscando la Calle 24. Se trataba de una estrecha y larga calle sin salida. Al final de la misma se encontraba la empresa que buscaban. Vieron el letrero de la entrada.

-Aquí es.-Anunció el inspector Gómez deteniendo el coche.

-Ya lo veo.-Respondió Cardano bajándose.

Tabacos de Importación Andrade era un modesto almacén con un letrero descolorido por el sol. No parecía ser un negocio muy prospero, pero las apariencias podían engañar...

El comisario Cardano y su ayudante-conductor, el inspector Gómez, se acercaron a la puerta de entrada. Cardano llamó al timbre.

-¿Qué quieren?-Preguntó un hombre con bata azul y aspecto de encargado. Los miró con desconfianza.

-Soy el comisario Cardano. Quisiera hablar con el propietario, por favor... Se trata de un asunto oficial.-Le enseñó su placa de la Policía Nacional.

-Soy Pérez, el encargado. Lo siento, pero el señor Andrade no está...-Explicó el hombre sin moverse de la puerta.

-¿Cuándo volverá?-Insistió Cardano.

-No lo sé... Me dijo que se iba a buscar su coche, pero aún no ha vuelto...-Respondió el hombre sin dejarles entrar.

-¿No le importa que le esperemos dentro?-Preguntó Cardano dando a entender los dejase pasar. Hacía mucho calor en la calle.

-Lo siento, pero no puedo hacerlo... No disponemos de sala de espera para las visitas y estoy solo en el almacén...-Se excusó el hombre que no se fiaba de la policía.

-Le entiendo, señor Pérez.-Cardano debía resignarse a esperar al propietario en la calle. Quizás no tardaría en volver.

-Parece que ya viene...-Exclamó Pérez de pronto.

Apareció un coche negro al principio de la calle. Circulaba sin prisa. Estaba reluciente cómo si acabase de salir de un lavadero de coches. Se detuvo delante de la entrada del almacén.

-Buenos días, señores.-Saludó el conductor a los dos hombres que le esperaban delante de su negocio. Le dieron la impresión de ser policías, pero fingió cara de no saber que pasaba.

-Buenos días, señor. Soy el comisario Cardano. Me acompaña el inspector Gómez.-Se presentó enseñando de nuevo la placa.

-Soy el señor Andrade. ¿En qué puedo ayudarles?-Contestó Alfonso Andrade bajando de su coche con matrícula LU.

-Quisiéramos hablar de un empleado suyo, Luís Pascual.-Dijo Cardano yendo directo al asunto que los había traído.

-Subamos a mi oficina.-Sugirió Andrade que prefería hablar con la policía en su terreno. Allí se sentía más seguro.

-Cómo quiera...-Aceptó Cardano que esperaba tuviera el aire acondicionado puesto. Al menos podrían escapar de la calor.

Andrade los guió por las escaleras hasta su modesta oficina en la planta superior. Se sentó en su sillón detrás de su mesa.

-¿En qué puedo ayudarles?-Repitió Andrade para ganar algo de tiempo mientras inventaba una excusa creíble...

-Hablenos de su empleado, Luís Pascual.-Pidió Cardano.

-Ex-empleado...-Matizó Andrade con cara de disgusto.

-¿Por qué, señor Andrade?-Cardano esperaba una aclaración.

-No ha venido a trabajar desde la noche del miércoles 24 de julio.... No sé nada de él desde entonces.-Aseguró Andrade enfadado.

-Entiendo.-Cardano recordó que fue la noche de la explosión en la mansión Dos Aguas. Que casualidad...

-Esta juventud es incapaz de cumplir...-Se quejó Andrade.

-Estoy de acuerdo.-Cardano era de la vieja escuela. Dejaba hablar a los testigos esperando que se contradijeran.

-Me alegro que me comprenda... Ya no se encuentran jóvenes dispuestos a sacrificarse por el futuro de un empresa...-Andrade se sentía cómodo hablando con el comisario.

-Nuestra época fue mucho mejor, existía el respeto y el orden.-Opinó Cardano poniendo el dedo en la yaga.

-Y que lo diga, señor comisario.-Andrade también añoraba los lejanos tiempos de El Caudillo cuando los negocios “honrados” no eran molestados por funcionarios quisquillosos.

-¿Podemos hablar con su encargado?-Pidió Cardano.

-Por supuesto, señor comisario.-Andrade cogió el teléfono de su mesa y lo llamó. Ya había hablado con él antes.

-¿Me llamaba, señor Andrade?-Pérez subió a la oficina.

-¿Desde cuándo falta, Luís Pascual, el chico de almacén al trabajo?-Preguntó Andrade adelantándose.

-Desde la noche del miércoles 24...-Dijo Pérez sin dudar.

-De acuerdo.-A Cardano no le pasó desapercibido el detalle.

-¿Algo más? Tengo mucho trabajo yo solo...-Se quejó Pérez.

-Creo que no. Gracias por su ayuda.-Respondió Cardano.

-¿Necesitan algo más?-Andrade deseaba acabar la visita.

-Parece que no... Muchas gracias.-Se despidió Cardano.

-Si no les importa no bajaré con ustedes.-Se excusó Andrade.

-No se preocupe, señor Andrade. Encontraremos el camino de salida.-Cardano y Gómez abandonaron el almacén.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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