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6 min
Muerte de un vividor - 48 - Ocultar secretos
Suspense |
06.07.21
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Sinopsis

Cardano desconfía de lo que le cuentan...

-Detenga el taxi aquí mismo...-Pidió Cardano satisfecho con el resultado del interrogatorio.

-Sí, señor comisario.-Yosep detuvo el taxi con cara de alivio.

-¿Cuánto le debo?-Preguntó Cardano.

-Tenga. Deme un recibo, por favor...-Cardano le entregó dos monedas de 100 pesetas con la cara del Rey Juan Carlos I.

-Aquí tiene su recibo.-Yosep se lo dio a regañadientes por qué debería presentarlo a su jefe. Él era un asalariado por cuenta ajena y pagaba una comisión por cada viaje realizado. Sí daba recibo.

-Una última cosa... Esté localizable por si necesito hablar con usted otra vez...-Advirtió Cardano al taxista.

-Siempre cojo el teléfono a los clientes...-Respondió Yosep.

-Muchas gracias por su colaboración...-Agradeció Cardano.

-Tenga un buen día, señor.-Deseó Yosep sonriendo.

-Igualmente.-Cardano bajó del taxi.

Yosep se marchó calle abajo a la búsqueda de clientes.

Cardano esperó en la acera al inspector Gómez que los seguía discretamente. Vio cómo el coche camuflado se detuvo a su altura.

-¿Dónde vamos, señor comisario?-Preguntó Gómez que ya no se sorprendía por sus originales métodos de investigación.

-Regresaremos a la Jefatura Superior, señor Gómez.-Indicó Cardano al subir al coche policial. La tarde caía en Barcelona y quería volver a su despacho antes del cambio de turno.

-Sí, señor comisario...-El inspector Gómez retomó la marcha incorporándose a denso tráfico rodado de la ciudad. No era fácil conducir entre los coches lentos que humeaban sin parar.

La Jefatura Superior de la Policía Nacional se encontraba situada en la Vía Layetana, una amplia avenida que iba de la montaña al Mar Mediterráneo. Un alto edificio, temido en la época del anterior régimen, que aún imponía respeto al cruzar su entrada.

Gómez entró con el coche camuflado al aparcamiento y lo aparcó en la plaza reservada al comisario Cardano.

-Subamos a la oficina.-Ordenó Cardano bajando del coche.

-Sí, señor comisario.-Gómez le siguió hasta las escaleras.

Cardano y Gómez subieron al tercer piso dónde estaba la oficina de la Brigada de Homicidios. Entraron en su despacho y el comisario se sentó delante de su mesa. Gómez se quedó de pie.

-Este caso se complica...-Pensó en voz alta Cardano.

-Eso parece, señor comisario...-Confirmó el inspector Gómez esperando su permiso para sentarse. Se lo dio con la mano.

-Venga señorita Vázquez, por favor.-Pidió Cardano llamando por teléfono a su secretaria. No se había olvidado de su petición.

-Le entrego la ficha policial del señor Alfonso Andrade.-Dijo la secretaria Vázquez al cruzar la puerta del despacho. Dejó la carpeta sobre la mesa del comisario.

-Muchas gracias, señorita Vázquez... Puede retirarse.-Contestó Cardano abriendo la carpeta. Comenzó a leer la ficha en voz alta.

-Andrade tiene antecedentes penales por la venta de tabaco de contrabando, pero sólo pagó una multa por infracción administrativa por qué la cantidad era pequeña. Aseguró que no fue culpa suya, sino del proveedor que le coló cajetillas de tabaco ilegal...-Leyó Cardano.

-El señor Andrade no es trigo limpio. Su declaración fue demasiado perfecta. Una coartada hecha a medida para desentenderse del destino de Luís Pascual... Oculta un secreto...-Aseguró Cardano.

Gómez escuchaba en silencio sus deducciones.

-Esta noche haremos horas extras, señor Gómez...-Advirtió Cardano que seguía otra pista.-Reponga fuerzas en la cantina de la Jefatura y nos vemos en una hora en el aparcamiento.

-Cómo ordene, señor comisario.-Contestó el inspector y se levantó de la silla. Salió del despacho dejándolo solo.

Cardano se quedó juntando las piezas del puzle en su mente.

La hora pasó rápida. Cardano y Gómez subieron de nuevo al coche camuflado. Gómez se dirigió a la salida.

-Vamos a la Casita del Amor.-Explicó el comisario Cardano adelantándose a la pregunta inevitable de su conductor.

-Sí, señor comisario.-Gómez esperaba las indicaciones.

-Coge la carretera de la costa en dirección sur.-Dijo Cardano.

Gómez cruzó Barcelona mientras la noche se adueñaba de las calles de la ciudad. Una ciudad que no dormía nunca. Los faros del coche policial iluminaron un letrero: Costas del Garraf.

-Entra en la urbanización Paraíso Terrenal.-Indicó Cardano.

El camino solitario se adentraba en la fracasada urbanización que tenía por vecina una cantera. El polvo gris cubría el camino. Sólo una luz roja brillaba en la oscuridad.

-Estamos llegando...-Aseguró el comisario que conocía los rumores acerca de la Casita del Amor. Se decía que era un lavadero de dinero sucio, pero aún no poseían pruebas suficientes...

El aparcamiento de la Casita del Amor estaba lleno de coches caros y les costó encontrar una plaza dónde dejar el suyo.

-Vamos adentro.-Ordenó Cardano al inspector.

-Le sigo, señor comisario.-Gómez cerró el coche.

Cardano llamó a timbre de la puerta y ésta se abrió sola.

-Bienvenidos a la Casita del Amor, señores.-Les saludó una sonriente recepcionista con acento italiano tras el mostrador.

-Soy el Comisario Cardano. Quiero hablar con el dueño.-Le enseñó su placa de la Policía Nacional. Se trataba de una visita oficial.

-Ahora le aviso, señor.-Contestó la chica seria. Sólo admitían parejas de distinto sexo que buscaban diversión y discreción. Ellos no encajaban en ese perfil.

-La policía quiere verle, señor Torricelli.-Dijo la señorita.

-Hágalos pasar señorita Amatista, por favor.-Respondió Luca que no esperaba la visita de la policía en su Casa.

-Síganme, por favor.-La señorita los guió hasta el despacho del dueño. Golpeó la puerta con los nudillos antes de abrirla.

-Pasen, señores.-Torricelli no se levantó de su sillón.

-Soy el comisario Cardano y éste el inspector Gómez.

-Yo soy el señor Torricelli, director de la Casa del Amor. ¿En qué puedo ayudarles?.-Luca lucía una sonrisa deslumbrante.

-Hableme de un cliente suyo, el señor Dunaújváros.-Cardano fue directo al asunto que le traía.

-Ese apellido no me suena...-Dudó Torricelli.

-Un taxista lo trajo una noche.-Replicó Cardano.

-Es posible... Vienen muchas parejas a disfrutar de una noche de pasión... Tendrían que preguntarle a la señorita Amatista. Ella lleva el registro de huéspedes...-Aclaró Torricelli.

-Hágala venir con el registro, por favor.-Pidió Cardano.

-Traiga el registro de huéspedes, señorita Amatista.

La señorita trajo un grueso libro de tapas rojas y lo dejó sobre el escritorio del señor Torricelli. Se marchó sin decir palabra.

-Siento decirle que no aparece ningún señor Dunaújváros en el registro de huéspedes.-Torricelli lo había hojeado un buen rato. Vio el nombre de señor Antequera y señora, pero no iba a mencionarla a la policía. Ella era una clienta fiel que exigía y pagaba discreción.

-¿Está seguro?-Cardano insistió.

-Nadie se ha registrado con ese nombre...-Juró Torricelli.

-Entiendo.-Cardano se veía en un callejón sin salida. Le daba la impresión que el señor Torricelli era demasiado tajante... Quizás le ocultaba algo...

 

Fin

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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