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6 min
Muerte de un vividor - 49 - Nombre falso
Suspense |
13.07.21
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Sinopsis

El comisario Cardano no pierde la esperanza...

-Siento mucho no poder ayudarles...-Se disculpó Torricelli que fingía colaborar con la policía, pero que se sentía muy incómodo con las preguntas del comisario.

-Le agradezco su colaboración, señor Torricelli.-Cardano seguía el procedimiento habitual cuando un testigo se cerraba en banda. No insistir.

-¿Alguna pregunta más? Lo digo porque es jueves, noche de pasión desenfrenada en la Casita del Amor y estamos hasta arriba de parejas amorosas...-Aseguró Torricelli.

-Entiendo. Creo que no.-Cedió Cardano.

-Les deseo buenas noches, señores.-Se despidió Torricelli que deseaba que abandonaran su lucrativo negocio. La visita de la policía no era buena para la reputación de la Casita del Amor.

-Buenas noches, señor Torricelli.-Cardano salió del despacho seguido por Gómez. Caminaban en silencio por el pasillo mientras oían los jadeos apagados de las parejas en las habitaciones.

La señorita Amatista los vio pasar por delante del mostrador de recepción, pero los ignoró. La policía no era bienvenida.

-¿Qué opina de la declaración del señor Torricelli?-Preguntó el comisario Cardano al inspector Gómez cuando subieron al coche.

-No sabría que decirle...-Gómez se sorprendió de la pregunta y no se atrevía dar una opinión.

-¿Ve el aparcamiento lleno de coches caros, señor Gómez?

-Sí, señor comisario.-Esa era una pregunta fácil.

-Son de los respetables hombres de negocios, que traen a sus amantes para echar una cana al aire, mientras sus santas esposas están en casa cuidando de los hijos...-Aseguró el comisario con acidez.

-No lo sabía.-Contestó Gómez que no había puesto un pie en un local semejante hasta esta noche. Era demasiado joven.

-Es la doble moral de esta sociedad mojigata que peca por las noches y le pide el perdón a Dios cada domingo de misa.-Cardano conocía muy bien las vergüenzas ocultas de la Barcelona canalla.

-Sí usted lo dice, señor comisario.-Gómez siempre escuchaba con mucha atención sus instructivos comentarios.

-Le aseguro que ninguno de los exclusivos clientes de este local de perversión da su verdadero nombre...-Cardano recordaba la declaración del taxista Yosep, que dijo haber traído al difunto señor Dunaújváros a la Casita del Amor.

-El señor Dunaújváros podía haberse registrado usando un nombre falso...-Dijo Cardano al inspector.

-Es posible, señor comisario.-Gómez estaba de acuerdo.

-Pero necesitamos pruebas sólidas y no es suficiente con la palabra del taxista Yosep.-Reconoció Cardano.

-¿Dónde vamos, señor comisario?-Preguntó Gómez.

-Al hospital del Vall d'Hebrón.-Indicó Cardano.

-Sí, señor comisario.-El inspector Gómez puso en marcha el coche y dejaron atrás la lujuriosa Casita del Amor. Regresaron a la Carretera de las Costas del Garraf deshaciendo el camino.

Cardano permanecía callado intentando encajar las piezas del rompecabezas. Cada testigo con el que hablaba le complicaba más la resolución del caso del difunto señor Dunaújváros.

El inspector Gómez debía respetar su pensativo silencio. Se limitaba a conducir el coche en la oscura y calurosa noche.

-Ya hemos llegado, señor comisario.-Anunció Gómez media hora más tarde entrando en el recinto del hospital del Vall d'Hebrón.

-Entremos en la recepción de Urgencias.-Ordenó Cardano al bajarse del coche nada más detenerse.

-Le sigo, señor comisario.-Respondió Gómez.

-Buenas noches, señores.-Saludó la enfermera de guardia tras el mostrador de recepción. Los miró buscando que les dolía.

-Buenas noches, señorita Campillo. Soy el comisario Cardano y éste es el inspector Gómez.-Cardano se presentó enseñando la placa de la Policía Nacional.

-¿En qué puedo ayudarles, señores?-Preguntó la enfermera Campillo con cara de decepción. No eran heridos que atender...

-¿Estaba de guardia la noche del miércoles 24 de julio?

-Sí, señor.-Confirmó la enfermera Campillo que trabajaba en el turno de noche toda la semana. No le importaba porqué era joven.

-¿Estaba presente cuando trajeron a un herido muy grave de una explosión de gas llamado Luís Pascual?-Siguió Cardano.

-Sí, señor. Salieron dos enfermeros con una camilla y se lo llevaron a Urgencias... El pobre hombre estaba muy mal herido y gritaba del dolor...-Recordó la enfermera Campillo.

-¿Recuerda al hombre que trajo al herido?-Preguntó Cardano que estaba más interesado en el conductor.

-Creo que sí, pero apenas me dio tiempo a verlo... Se marchó antes que pudiera tomarle los datos personales...-Aseguró Campillo.

-¿Es esta persona?-Cardano le enseñó una foto.

-Creo que es él, pero tampoco puedo asegurarlo.-Campillo dudaba porqué la foto no era reciente, sino de hacía varios años, y la cara había cambiado.

-Muchas gracias.-Cardano le había enseñado la foto de la ficha policial del sospechoso Alfonso Andrade. Aunque su reconocimiento no era concluyente, le daba una pista clara.

-Tengo buena memoria para las caras...-Aseguró la enfermera Campillo que se sabía de carrerilla los nombres de sus compañeros de Urgencias.

-¿Cómo está el señor Luís Pascual?-Cardano se acordó de él.

-Según veo, el señor Pascual está ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos porque su estado muy grave ha empeorado a muy crítico.-Leyó Campillo el diagnóstico médico.

-¿Me hará el favor de llamarme si mejora su estado de salud y puede declarar?-Pidió Cardano dándole una tarjeta con el teléfono de la Brigada de Homicidios.

-Le avisaremos de cualquier cambio en su estado de salud.-La enfermera Campillo cogió la tarjeta por protocolo.

-Muchas gracias por su colaboración.-Cardano se marchaba sin poder hablar con el testigo Luís Pascual. No perdía la esperanza.

Cardano y Gómez abandonaron el hospital del Vall d'Hebrón y subieron de nuevo al coche policial. Pasaban más de las doce de la noche. El jueves estaba siendo muy largo y agotador.

-Vamos a la Jefatura Superior.-Cardano daba por concluida la jornada laboral. Ya seguirían mañana temprano. Incluso él necesitaba descansar unas horas.

-Sí, señor comisario.-Contestó el inspector Gómez deseando ir a dormir a pierna suelta. Tardó menos de media hora en cumplir la orden y guardar el coche en el aparcamiento de la Jefatura Superior.

-Buenas noches, señor Gómez. Nos vemos mañana a las ocho en punto.-Dijo Cardano subiendo a su coche particular.

-Buenas noches, señor comisario.-se despidió Gómez.

Cardano condujo por las solitarias calles de Barcelona hasta su piso de alquiler del extrarradio. Su modesto sueldo de funcionario no le permitía vivir en la zona alta. Tampoco se encontraría a gusto.

Para disfrutar de ciertos lujos debía mirar para otro lado y él era demasiado terco para renunciar a sus principios.

-El hombre débil que se vende una sola vez ya no es capaz de dar marcha atrás en su vida...-Sentenciaba Cardano que conservaba su integridad pese a estar rodeado de tentaciones.

Cardano entró en su piso, colgó el traje en el armario y se tumbó en la cama en ropa interior. Dejó la pistola sobre la mesita. No esperaba visitas, pero debía estar prevenido...

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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