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7 min
Muerte de un vividor - 5 - Taberna ¡Olé!
Suspense |
31.08.20
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Sinopsis

El taxista canijo llevó a Dunaújváros a divertirse...

5. Taberna ¡Olé!

 

-¿Dónde se puede divertir uno?-Preguntó Dunaújváros nada más subirse al taxi que le esperaba delante de Las Brasas.

-Conozco un lugar que le gustará mucho, señor...-Aseguró el conductor, el mismo canijo con cuatro pelos en la cabeza, que le trajo al restaurante.

-De acuerdo...-Le parecía una casualidad sospechosa, pero le seguiría el juego mientras le llevase al sitio prometido. De todas formas tendría que adaptarse a las costumbres de su nueva ciudad.

El taxi abandonó el puerto adentrándose por las calles de la ciudad de Barcelona. Sólo el conductor canijo conocía el camino y Dunaújváros estaba dispuesto a dejarse sorprender. Siempre que la sorpresa fuese agradable, no cómo la que le dieron hacía unos días.

El desagradecido de su antiguo jefe criticó la excelente calidad del producto que fabricaba... Le acusó de arruinarle el negocio, aunque él era el “cocinero”, no comercializaba la mercancía ni decidía que cantidad era la adecuada para su consumo...

Pero su antiguo jefe fue avaricioso. Creyó que unas grandes dosis se convertirían en grandes ganancias, pero se equivocó...

Lo cuál acabó fatal, aunque él pudo huir con sus ahorros.

Dunaújváros observaba por la ventanilla las calles estrechas y llenas de vida. Personas ociosas que se agolpaban en los bares. Se las veía encantadas de compartir unas cervezas heladas. Combatían el abrasador calor de julio mientras intercambiaban unas palabras.

-Parece que en esta ciudad se vive muy bien...-Comentó en voz alta sorprendido. Le sería fácil aclimatarse.

-Barcelona es una ciudad muy acogedora con las personas generosas.-Aseguró el conductor canijo metiéndose en el monólogo de su cliente. No fue capaz de callarse y tuvo que dar su opinión.

-No me diga.-Respondió Dunaújváros al que no le importaba darle conversación. Así aprendía a pronunciar el idioma local.

-Cómo le decía: “Barcelona es bona si la bossa sona”.-Explicó el conductor canijo en un idioma desconocido para él.

-No le entiendo.-Contestó Dunaújváros desconcertado. Creía que sólo hablan español en Barcelona, pero se equivocaba.

-Es Catalán, el idioma de Cataluña. La traducción sería, más o menos, “Barcelona es buena, si la cartera suena”.-Aclaró el conductor canijo al ver la cara de desconcierto del cliente.

-Me cuesta entenderlo...-Respondió Dunaújváros confundido por la sorpresa. Esperaba defenderse con su rudimentario español.

-No se preocupe... Con los turistas hablamos español...-El conductor canijo quiso tranquilizarle. El negocio era el negocio.

-Muchas gracias.-Dunaújváros respiró aliviado. Un problema menos que ocuparse. Ya le costó horrores aprender italiano.

-Puede llamarme Josep.-El conductor cogía confianza rápido.

-Cómo quiera Yosep.-Dunaújváros lo pronunció a su manera.

-No está mal, señor...-El conductor quería saber su nombre.

-Du-na-új-vá-ros.-El cliente dijo despacio su difícil apellido.

-Encantado de conocerle, si no le importa, seré su guía en la ciudad de Barcelona...-Ofreció sus servicios al cliente.

-De acuerdo, Yosep...-Dunaújváros aceptó la tentadora oferta sin pensarlo. Necesitaba un chófer particular para hoy. Mañana disfrutaría de su descapotable rojo.

-Perfecto, no se arrepentirá, señor Dunaújváros.-El conductor siguió callejeando con una gran sonrisa en los labios. Había ganado trabajo para toda la tarde y la noche.

-Hemos llegado... ¡Disfrute del espectáculo!...-Le deseó el conductor canijo después de cobrar la carrera.

-Eso espero...-Contestó Dunaújváros bajándose del taxi.

-Estaré fuera cuando salga a la noche...-Predijo el conductor.

Dunaújváros vio extrañado que todavía era de día.

Un letrero construido por azulejos blancos con letras negras sobre la entrada formaba el nombre: “Taberna ¡Olé!”. También había un cartel clavado sobre una tabla de madera. En él se anunciaba la actuación de una grandísima bailaora llamada Lola Montes. Le acompañaba una foto de la artista en pose de baile enérgico.

-Tiene que ser interesante de ver...-Opinó Dunaújváros.

-Bienvenido a la Taberna ¡Olé!-Un joven camarero de pelo negro y ensortijado le abrió la puerta. Su tez era morena, pero tenía los ojos azules.

-Muchas gracias.-Dunaújváros empezaba a acostumbrarse a la buena educación de los negocios que visitaba. Siempre que tuviera la cartera llena, sería bien recibido...-Según Yosep.

Cómo en el restaurante, creyó ver por el rabillo del ojo que el camarero de los ojos azules gratificaba al taxista.

-Sígame por favor, señor.-Pidió otro camarero de tez morena.

Dunaújváros le hizo caso. Cruzaron un pequeño pasillo que daba a una amplia sala formada por arcos de piedra vista. Estaba iluminada por faroles con bombillas incandescentes que emitían una tenue luz amarillenta.

-Esta es su mesa, señor.-Indicó el camarero de tez morena señalando la que se encontraba justo al lado de una tarima de madera marrón. Unas sillas de madera esperaban vacías a los artistas.

-Debe ser mi día de suerte...-Comentó Dunaújváros.

-¿Qué quiere para beber?-Preguntó el camarero ignorando el irónico comentario del cliente. No era asunto suyo.

-Póngame el vino de la casa...-Pidió Dunaújváros echando un vistazo rápido a la carta de bebidas. Le costaba decidirse.

-Le recomiendo el vino Fino de Jerez... Es el mejor para acompañar con nuestra selección única de tapas...-Sugirió el camarero con una sonrisa.

-Te haré caso, chico... Tráeme una botella...-Dunaújváros aguantaba bastante bien el alcohol. La anterior botella de vino del restaurante le supo a poco. Quería divertirse a lo grande y olvidarse de los problemas.

-Cómo desee, señor.-El camarero de tez morena se marchó contento por qué le había tocado un cliente generoso. Él también cobraba la propina en función de la factura.

Dunaújváros se entretuvo mirando la carta de tapas.

-Aquí está su Fino de Jerez...-Anunció el camarero trayéndolo sumergido en una cubitera llena de hielo. Sólo sobresalía el cuello de la botella de un marrón oscuro. La abrió en su presencia y le sirvió apenas una pequeña cantidad en una copa de cristal.

-Excelente vino...-Exclamó Dunaújváros al probarlo. Su color dorado le recordaba al champán, pero su sabor era más seco y aromático.

-Me alegro mucho que le guste, señor.-Agradeció el camarero.

-¿Qué tapas me recomiendas?-Preguntó Dunaújváros abrumado por la amplia variedad de nombres extraños. Su dominio del español era limitado.

-Le recomiendo nuestra bandeja de embutidos y quesos selectos...-El camarero eligió sin dudar la opción más cara de la carta.

-De acuerdo.-Se fio de su criterio por qué tenía dinero fresco para gastar. Billetes nuevecitos del banco El Buen Pastor.

-Excelente elección.-Elogió el camarero sonriendo. Se marchó muy alegre con el generoso cliente que le había tocado.

Dunaújváros se bebió una copa de Fino de Jerez de un sólo trago... Estaba habituado a bebidas más fuertes y le parecía algo flojo el vino. Se sirvió otra copa mientras esperaba que comenzase el espectáculo. Miró a su alrededor. Vio a grupos de turistas envejecidos vestidos con ridículas indumentarias. Disfrutaban a manos llenas de platos con comida apetitosa.

-¿Cuándo empieza?-Se preguntó Dunaújváros en voz alta.

Un hombre vestido todo de negro salió a la tarima y se acercó al micrófono de pie que había en el centro. Lo tocó con los dedos antes de hablar. Tosió para llamar la atención del público.

-¡Señoras y señores! Es un placer presentarles al grandísima bailaora Lola Montes en la Taberna ¡Olé!.-Anunció con voz potente.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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