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6 min
Muerte de un vividor - 50 - El cheque
Suspense |
20.07.21
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Sinopsis

Cardano encontró una contradicción...

El despertador sonó a las siete de la mañana sin compasión despertando al comisario Cardano que dormía profundamente. Dejó la cama con las sábanas revueltas. La noche no le dio el descanso que necesitaba. Durmió apenas cinco horas mientras su mente se empeñó en soñar con el caso de Dunaújváros.

Cardano se dio una ducha fría para espabilarse y quitarse el sudor pegajoso de la piel. La noche fue calurosa y bochornosa cómo tocaba al mes de julio en Barcelona, una ciudad de la costa del Mar Mediterráneo.

Se tomó un café solo cargado y sin azúcar. Cardano abandonó su humilde piso a las seis y media. Cogió el ascensor del bloque sin cruzarse con ningún vecino. Pulsó el botón del sótano. El antiguo ascensor inició el descenso entre chirridos inquietantes.

Cardano abrió la puerta del ascensor entrando en el sótano que servía de aparcamiento vecinal. Se acercó a su coche particular, sacó un espejo con varilla telescópica y examinó los bajos. Debía tomar las precauciones de seguridad del protocolo. En su profesión se hacían “amigos” indeseables que juraban devolverle el “favor”.

Subió al coche y salió del aparcamiento a una desierta calle de la Ciudad Meridiana, el humilde barrio dormitorio del extrarradio de Barcelona dónde los trabajadores soñaban con un futuro mejor, pero inalcanzable.

Cardano circuló durante casi una hora por las atestadas calles para llegar a su destino, la Jefatura Superior de la Policía Nacional en la Vía Layetana. Enseñó su placa al policía de guardia, que le saludó, y entró en el aparcamiento. Estacionó su coche en su plaza reservada.

El comisario Cardano subió por las escaleras hasta la planta dónde estaba la oficina de la Brigada de Homicidios. Cruzó la puerta y siguió caminando por la atareada sala directo a su despacho.

-Buenos días, señor comisario.-Su secretaria personal entró trayéndole un café solo y sin azúcar.

-Buenos días, señorita Vázquez.-Cardano agradecía el detalle.

-También le traigo esta nota.-La secretaria se la entregó.

-Muchas gracias, señorita Vázquez.-Cardano la cogió y la leyó con gesto serio. Apretó los dientes conteniendo su enfado.

-¿Por qué no me han llamado en cuánto la recibieron?...

-No lo sé, quizás la operadora no creyó oportuno despertarlo si la situación era irreversible...-Opinó la señorita Vázquez que había leído la nota.

-Di instrucciones que me avisaran si llamaban del hospital del Vall d'Hebron.-Se quejó Cardano que recibía la nota con retraso.

La señorita Vázquez guardó silencio porque no había estado de guardia la noche pasada. Ella hubiera despertado al comisario.

-Ya no se puede remediar... Ha sucedido lo que me temía...-La nota ponía que la enfermera Campillo del hospital del Vall d'Hebron notificaba el fallecimiento de Luís Pascual a las tres de la madrugada del viernes 25 de julio.

-El señor Pascual guardará silencio para siempre...-Se lamentó Cardano que había perdido a un testigo de la explosión de la mansión Dos Aguas.

La señorita Vázquez permaneció callada de pie.

-Haga venir al inspector Gómez, por favor.-Pidió Cardano.

-Sí, señor comisario.-La señorita Vázquez salió del despacho.

A los pocos minutos, entró el inspector.

-Buenos días, señor comisario.-Se cuadró Gómez.

-Buenos días, señor Gómez. Hemos perdido al señor Pascual esta madrugada...-Le informó Cardano sin rodeos.

-Es una triste noticia.-Contestó el inspector.

-Es un contratiempo en la investigación...-Reconoció Cardano que se distanciaba emocionalmente de las personas. No se permitía el lujo de simpatizar con nadie relacionado con el caso.

Gómez no respondió porque él aún se implicaba, pese a los consejos del comisario. Todavía no había endurecido su alma.

-Vamos al Banco El Buen Pastor...-Cardano se levantó de su sillón. Era inútil lamentarse. Debían continuar la investigación.

Cardano y Gómez salieron del despacho, cruzaron la sala y bajaron por las escaleras hasta el aparcamiento. Subieron al coche policial. Abandonaron la Jefatura Superior incorporándose al tráfico rodado de la Vía Layetana. Les llevó media hora llegar a su destino.

El Banco El Buen Pastor tenía una llamativa oficina en el Barrio de la Barceloneta. Su fachada verde claro destacaba entre las demás rompiendo la estética gris cemento.

Estacionaron el coche delante de la entrada. El comisario bajó seguido por el inspector. Cruzaron la puerta y fueron al mostrador.

-Buenos días, señores.-Les saludó una sonriente señorita tras el mostrador. Llevaba una tarjeta con su nombre: Candelaria.

-Somos el comisario Cardano y el inspector Gómez...-Se presentó enseñando la placa de la Policía Nacional.

-¿En qué puedo ayudarles?-La señorita ya no sonreía. Estaba decepcionada porque no eran posibles clientes.

-Necesitamos ver al director de la oficina bancaria... Es un asunto oficial..-Pidió Cardano sin dar detalles.

-Entiendo...-Candelaria descolgó el teléfono y llamó.

-¿Qué sucede, señorita Candelaria?-Dijo una voz de hombre.

-La policía quiere verle, señor Rodríguez.-Contestó.

-Llévelos a mi despacho, por favor.-Indicó el director que ignoraba el motivo de la visita. Pronto lo sabría.

-Síganme señores, por favor.-Pidió la señorita Candelaria que los guió hasta la puerta del despacho. La abrió y se apartó a un lado.

-Buenos días, señores.-Saludó el director Rodríguez sentado tras su escritorio. Hizo el gesto de ofrecerles asiento.

-Buenos días, señor Rodríguez. Soy el comisario Cardano.

-¿En qué puedo ayudarle?-El director estaba intrigado.

-Queremos información sobre un cliente del banco, el señor Dunaújváros que está siendo investigado.-Cardano omitió su muerte.

-El señor Dunaújváros abrió una cuenta corriente hace diez días en nuestra oficina...-Explicó Rodríguez de memoria.

-¿Con cuánto dinero?-Preguntó Cardano.

-Ingresó veintitrés millones de Liras Italianas en efectivo. Unos dos millones de pesetas al cambio...-Recordó Rodríguez.

-He hablado con el casero del señor Dunaújváros y me dijo que tuvo problemas para cobrar el alquiler...-Comentó Cardano.

-Tuvo problemas de liquidez por culpa que 20 millones de las Liras Italianas que ingresó eran falsas... Nuestra Central lo detectó y tuvimos que rechazar los pagos...-Reconoció Rodríguez.

-¿Cómo lo solucionó el señor Dunaújváros?

-Llamó por teléfono a su empresa en Italia, Varelli e Fligio creo que se llamaba y le enviaron 130.000 pesetas en tres días... Aún nos debe 170.000 para cubrir su descubierto...-Explicó Rodríguez.

-¿Qué cheques rechazó?-Preguntó Cardano con interés.

-Un cheque de la Inmobiliaria Puértolas y Asociados, que se pudo pagar cuando hubo saldo, y un cheque de la Casita del Amor, que sigue impagado...-Detalló Rodríguez.

-¿Está seguro que el cheque de la Casita del Amor era del señor Dunaújváros?-Cardano dudaba porque el señor Torricelli negó que fuera cliente suyo.

-Llevaba su firma. La señorita Candelaria me lo enseñó antes de rechazar el pago. Hablen con ella, si quieren.-Sugirió Rodríguez.

-Llámela, por favor.-Pidió Cardano siguiendo la pista.

-Venga a mi despacho, señorita Candelaria.-Llamó Rodríguez.

-¿Sí, señor Director?-Candelaria abrió la puerta al momento.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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