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6 min
Muerte de un vividor - 51 - Pérdida
Suspense |
26.07.21
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Sinopsis

El banco pierde...

-Estos policías quieren hablar contigo, Candelaria.-El director podía tutearla porque era su jefe. Y ella se dejaba cuando hacían horas extras juntos fuera del horario al público.

-¿En qué puedo ayudarles?-Preguntó la señorita Candelaria.

-¿Quién trajo el cheque de la Casita del Amor firmado por el señor Dunaújváros?-Interrogó Cardano a la empleada del banco.

-Recuerdo que fue una mujer de largos cabellos negros y piel bronceada con acento italiano.-Candelaria se fijó en ella aunque era la primera vez que la veía.

-¿Le dijo su nombre?-Cardano pensaba que la descripción coincidía con la señorita Amatista, la secretaria del señor Torricelli.

-Señorita Amatista. Dijo que venía a cobrar un cheque del señor Dunaújváros por una noche en la Casita del Amor.-Contó Candelaria con calculada frialdad. Aunque Candy vivió una noche de sexo con el señor Dunaújváros en su mansión...

-¿Volvieron a cobrarlo por segunda vez?-Insistió Cardano.

-No, señor.-Confirmó la señorita Candelaria que se ocupaba de la caja de la oficina bancaria entre otras tareas más gratas.

-Muchas gracias por su colaboración, señorita.-Cardano tenía otra prueba que el señor Dunaújváros si estuvo en la Casita del Amor cómo afirmaba el taxista Yosep.

-Puede retirarse, señorita Candelaria...-El director Rodríguez le dio permiso. Ya no la necesitaban.

-Cómo ordene, señor Director.-Candelaria obedeció aunque le gustaría saber que pasaba con Dunaújváros. Ya se lo sacaría cuando estuvieran solos...

-¿Ven cómo tenía razón?-Se vanaglorió el director que sólo tuvo que llamar a su empleada. Ella hizo el trabajo duro.

-Sí, señor Rodríguez...-Cardano recordó las palabras del señor Torricelli, que sólo le enseñó el registro de huéspedes, pero que negó conocer a ningún cliente llamado Dunaújváros...

-¿Tienen más preguntas?-El director miró el reloj. La mañana transcurría deprisa y se le acumulaba el trabajo pendiente.

-Creo que sí...-Respondió Cardano mientras su mente seguía pensando. El señor Torricelli debía conocer la existencia del cheque impagado del señor Dunaújváros. Dudaba que perdonara la deuda...

-¿Sí?.-El director Rodríguez se impacientaba.

-Espere, por favor.-Intervino el inspector Gómez que conocía al comisario Cardano. Estaba absorto en sus pensamientos.

-Creo que ya lo tengo...-Habló consigo mismo. Cardano llegó a la conclusión que alguien debió pagarla por él... Una mujer casada de la alta sociedad barcelonesa. Un escándalo sexual perjudicaría su imagen pública de santa esposa...

-La vida sexual del señor Dunaújváros fue intensa...-Pensó el comisario.

El director Rodríguez no entendía sus silencios.

-¿Por qué ingresó los 23 millones de Liras Italianas?-Preguntó Cardano interesado por el origen del dinero.

-El señor Dunaújváros, que representaba a la empresa Varelli e Fligio, buscaba un local comercial para su proyecto de expansión en Barcelona.-Contó Rodríguez recordando sus palabras.

-¿Ingresó el dinero con un cheque?-Cardano lo dudaba.

-No. Traía el dinero en un maletín negro.-Dijo Rodríguez.

-Interesante...-Cardano sospechando del origen muy dudoso del dinero. Nadie llevaba encima tantos millones de un país a otro si eran legales. No se creía el “cuento” del local comercial.

-Ofreció a nuestro Banco ser socio en su proyecto...-Siguió Rodríguez contando la propuesta de Dunaújváros.

-Y usted aceptó sin dudarlo...-Adivinó Cardano que conocía la codicia humana. El director de la oficina no iba a ser la excepción.

-Era una oportunidad única muy prometedora...-Rodríguez justificaba su decisión personal. No admitiría que se dejó engañar por la palabrería de un desconocido.

-Le entiendo.-Cardano descubría los primeros pasos del señor Dunaújváros en Barcelona. Creía que llegó con la intención oculta de disfrutar de sus “ahorros” ganados “honradamente”.

-¿Alguna pregunta más?-El director volvió a mirar el reloj.

-Creo que no, pero tengo que darle una mala noticia...

-¿Cuál?-El director no se la imaginaba.

-El señor Dunaújváros falleció la madrugada del miércoles 24 de julio en una explosión de origen desconocido en la mansión Dos Aguas...-Le informó.

-Es una triste pérdida, pero un accidente puede suceder en cualquier momento...-Respondió Rodríguez lamentándolo.

-No creemos que lo fuera. Por eso estamos investigando sus movimientos desde que llegó a Barcelona.-Explicó Cardano.

-Puede contar con nuestra ayuda.-Ofreció Rodríguez.

-Se lo agradezco. El dinero falsificado será requisado porque es una prueba de la investigación.-Advirtió Cardano.

-Informaré a la Central del Banco cuando nos llegue la orden judicial. Ellos tienen el dinero falsificado. Nosotros bloquearemos la cuenta.-Puntualizó Rodríguez que sabía el procedimiento.

-Gracias.-Cardano también lo sabía. Informaba al juez cuando tenía pruebas sólidas de un delito e ingresar dinero falsificado lo era.

-Tendré que anotar una pérdida de 170.000 pesetas...-Se quejó Rodríguez en voz alta que ya no recuperaría el dinero prestado a su cliente. Su muerte violenta no le importaba.

Cardano no se sorprendió del insensible comentario. Los bancos no podían demostrar sentimientos cuando sufrían pérdidas que afectaban a los beneficios de sus accionistas...

-Gracias por su colaboración.-Cardano se levantó para irse.

-Tenga un buen día...-Deseó el director Rodríguez que debía informar a la Central de la mala noticia.

-Tenga un buen día.-Repitió Cardano y abandonó el despacho seguido por el inspector Gómez. Pasaron por delante del mostrador de recepción dónde la señorita Candelaria esperaba a los clientes.

Salieron a la calurosa calle. Subieron al coche policial.

-¿Dónde vamos, señor Comisario?-Preguntó Gómez.

-Regresamos a la Jefatura Superior.-Indicó Cardano.

-Sí, señor comisario.-Gómez puso en marcha el coche. Se incorporó al denso tráfico de la ciudad sin hacer más preguntas. Fue un recorrido de media hora en silencio.

-Ya hemos llegado.-Gómez entró en el aparcamiento de la Jefatura Superior. Aparcó en su plaza reservada.

-Acompáñeme a mi despacho.-Pidió Cardano pensativo.

Cardano y Gómez subieron por las escaleras hasta el piso de la Brigada de Homicidios. Cruzaron la animada sala, dónde se oían voces y máquinas de escribir, y entraron en su despacho.

-Siéntese por favor, señor Gómez.-Cardano se sentó primero.

El inspector obedeció sin decir una palabra.

Cardano descolgó el teléfono y marcó un número.

-¿Ha llegado ya el informe del Laboratorio de la Brigada de Estupefacientes qué solicité urgente, señorita Vázquez?

-Aún no, señor comisario.-Respondió su secretaria.

-Reclámelo por favor, señorita Vázquez.-Insistió Cardano que no soportaba la lentitud de algunos organismos oficiales. La maldita burocracia le hacía perder el tiempo rellenando formularios.

-Ahora mismo lo haré, señor comisario.-Prometió la señorita Vázquez que no quería ser el centro de la siguiente bronca.

-A veces tengo la sensación que perdemos el tiempo luchando contra molinos...-Cardano citó al Quijote.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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