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6 min
Muerte de un vividor - 59 - Nadie vive para contarlo
Suspense |
20.09.21
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Sinopsis

Dunaújváros recibió el castigo que se merecía...

-Es una lástima que no recuerde la matrícula entera, señor Smith.-Se quejó el comisario Cardano.

-Mi vista ya no es lo que era...-Se excusó el anciano que por la noche le costaba distinguir las letras entre las sombras. Aún así se empeñaba en no ir al oculista porque decía que las gafas le hacían parecer mayor.

-Gracias igualmente por su colaboración.-Cardano suponía que el misterioso coche azul oscuro estaría de vuelta en Italia porque habían pasado demasiados días desde la explosión.

***

Un coche familiar azul oscuro, con matrícula italiana de la ciudad de Nápoles, cruzó sin detenerse la verja metálica de la finca vinícola del señor Marco Spinola. Llegaban tarde.

Circularon por el camino asfaltado que, rodeado de viñedos a ambos lados, conducía a la gran casa familiar de los Spinola. Llegaron a la entrada principal, aparcaron el coche y bajaron dos hombres trajeados. El conductor era muy alto, con ojos azules y rostro bronceado. Su compañero, en cambio, parecía bajito y rechoncho.

-Vamos a ver al jefe.-Dijo el hombre que conducía.

-Sí.-Su compañero de viaje le siguió.

El conductor abrió la puerta de la gran casa, recorrió con su compañero un largo pasillo hasta llegar ante la puerta cerrada de un despacho. Llamó con los nudillos.

-Adelante.-Respondió una voz seca desde dentro.

-Buenas noches, señor Spinola.-Dijo el conductor. Él y su compañero permanecían de pie por respeto a su jefe que estaba sentado tras su escritorio.

-Buenas noches. Sentaos, por favor.-El señor Spinola saludó a sus técnicos. Esperaba su visita desde hacía varios días.

-Gracias, señor Spinola.-El conductor se sentó.

-Fiero. ¿Cómo fue el asunto Dunaújváros?.-Pidió Spinola.

-Nada más llegar a Barcelona, fuimos a la Casita del Amor y hablamos con el señor Torricelli.-Explicó Fiero que, además de ser el conductor, llevaba la voz cantante. Su compañero era más tímido.

-¿Qué os contó?-Preguntó Spinola.

-Que Dunaújváros estuvo en la Casita del Amor y pagó con un cheque sin fondos. Nos lo enseñó y nos presentamos en el banco El Buen Pastor al día siguiente.-Explicó Fiero.

-¿Tenía problemas financieros?-Spinola lo esperaba.

-Dunaújváros le contó al director que tuvo problemas con la compra-venta de un terreno en Italia...

Spinola no se fiaba de él y le pagó con billetes falsos.

-El ingenuo director del banco pensó que trabajábamos con él en la misma empresa y esperaba que pagásemos lo que malgastó...

-Qué estúpido...-Exclamó Spinola.

-Además me dejó ver un cheque impagado de la inmobiliaria con su dirección en Barcelona...-Siguió Fiero.

-¿Dónde vivía?-Se interesó Spinola.

-Alquiló una gran mansión en un barrio de ricos...

-Con nuestro dinero.-Se quejó Spinola amargamente.

-Sí, señor Spinola.-Fiero le dio la razón a su jefe.

-Sigue contando.-Spinola quería saber más.

-Vigilamos la mansión hasta el anochecer, pero no salía nunca y tuvimos que llamarle, señor Spinola para pedirle consejo...

-Lo recuerdo. Os dije que hablaseis con Luca Torricelli. Él llamaría a la señora Antequera y lo sacaría de su mansión...-Spinola conocía la debilidad por el sexo de su antiguo “cocinero”.

-Eso hicimos. Volvimos a la Casita del Amor.-Aseguró Fiero.

-El señor Torricelli llamó por teléfono a la señora Antequera y la convenció, por su bien, para volver a quedar con Dunaújváros la noche siguiente...-Explicó Fiero.

-Es una mujer comprensiva.-Opinó Spinola sobre su clienta que se vio obligada a ceder al chantaje de Luca Torricelli.

-Dunaújváros salió de la mansión el miércoles por la noche y subió a un taxi. Esperamos hasta las doce para entrar. Calvio abrió las puertas con una ganzúa.

-Registramos la mansión buscando el escondite del dinero de Dunaújváros. En el comedor, encontramos una caja fuerte oculta tras un cuadro. A Calvio no le llevó mucho tiempo abrirla...-Dijo Fiero.

-Ya lo sé. No estaba mi dinero.-Spinola fue informado por Fiero que le llamó por teléfono desde la mansión. Spinola perdió la esperanza que Dunaújváros se hubiese guardado una parte de los 20 millones de Liras Italianas falsas que le pagó.

-Sólo habían algunos billetes de Pesetas españolas. Seguimos buscando hasta entrar en el garaje...-Fiero hizo una pausa dramática.

-Y encontrasteis su cocina...-Recordó Spinola la llamada.

-Sí, señor Spinola.-Fiero le dio la razón.

-¿Dejasteis el “recado” en la caja fuerte?

-Sí, señor Spinola.-Contestó Calvio que era el especialista.

-¿Comprobasteis que lo recibió?-Preguntó Spinola.

-Vigilamos la mansión toda la noche. Dunaújváros volvió a la mañana siguiente de su última noche en la tierra.-Aseguró Fiero.

-¿Y bien?-Spinola esperaba ansioso el desenlace.

-No sucedió nada.-Fiero sentía decepcionarle.

-¿Seguisteis vigilando?-Spinola quería una respuesta.

-No nos movimos en todo el miércoles. Anocheció. Llegó un coche negro del que bajaron dos hombres, lo conducía el joven y le acompañaba un hombre mayor que parecía ser su jefe. Llamaron al timbre. Dunaújváros les abrió la puerta.

-¿Qué pasó entonces?-Spinola veía venir el desenlace.

-Tuvimos que esperar más de una hora hasta que oímos una terrible explosión en el interior de la mansión.-Continuó Fiero.

-¿Qué sucedió después?-Spinola quería detalles truculentos.

-Vimos salir al hombre maduro ayudando al joven malherido a llegar al coche negro. Lo metió en la parte de atrás y huyó...-Explicó Fiero.

-Aproveché la oportunidad para entrar porque se olvidaron de cerrar la puerta de la calle y fui directo al comedor.-Dijo Fiero.

-¿Dónde estaba Dunaújváros?-Preguntó Spinola.

-En el suelo del destrozado comedor yacía el sanguinolento cadáver decapitado de Dunaújváros. Hice unas fotos con la cámara Polarid cómo prueba para usted, señor Spinola.-Fiero se las entregó.

-Uno más para mi colección privada.-Spinola guardaba las fotos de sus enemigos muertos en un álbum de recuerdos. Decía que la fotografía capturaba el alma de los retratados en el último instante de su vida...

-Abandoné la mansión al comprobar que Dunaújváros recibió el recado...-Concluyó Fiero satisfecho del resultado.

-¿Te vio alguien?-Spinola confiaba en su discreción.

-No lo creo. Había poca luz. La calle estaba desierta salvo por un anciano que paseaba a su perro a lo lejos, pero que dudaba si acercarse...-Contó Fiero.

-Subí al coche dónde me esperaba Calvio. Puse en marcha el motor y desaparecimos en la oscuridad de la noche antes que avisasen a los bomberos...-Aseguró Fiero.

-Muy buen trabajo...-Elogió Spinola a sus técnicos que habían resuelto el problema de Dunaújváros con excelente nota.

-Gracias, señor Spinola.-Respondieron a la vez Fiero y Calvio.

Marco Spinola esperaba que la brutal muerte del “cocinero” sirviera de advertencia para todos los que hicieran negocios con La Espina Negra e intentaran estafarlos: Nadie vive para contarlo.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... He publicado nueve libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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