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6 min
Muerte de un vividor - 7 - Romper el corazón
Suspense |
14.09.20
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Sinopsis

Dunaújváros sufre el rechazo de la bailaora...

Su enfado era tan grande que se le cerró el estómago. No llegó a probar la bandeja de embutidos y quesos, por qué sólo quería salir de aquella taberna. No soportaba que le rechazaran cuando, sacando su cartera, tenía a su alcance todos los caprichos. Menos la gran bailaora Lola Montes.

-Se arrepentirá de rechazarme...-Mascullaba entre dientes Dunaújváros caminando entre las mesas dirigiéndose a la salida. Su rostro reflejaba el disgusto. Ya no admiraba a la artista.

-¿Se marcha, señor? Aún queda la segunda actuación...-El camarero de la entrada le avisó que se perdía parte del espectáculo.

-No me importa... Cóbrese...-Exigió con sequedad.

-Cómo desee...-El camarero hizo la cuenta y se la presentó.

-Tenga.-Dunaújváros sacó un billete de su cartera y pagó.

-Esperamos ver pronto.-Deseo el camarero de la puerta.

-Lo dudo...-Replicó Dunaújváros que tenía el corazón roto.

El taxi le esperaba en la entrada cómo le prometió. Se subió.

-Llévame al hotel Marmóreo.-Ordenó al conductor.

-¿Se ha divertido, señor Dunaújváros?-Quiso saber el taxista.

-Me han roto el corazón...-Contestó Dunaújváros resentido.

-No es el primer hombre que se enamora perdidamente de la bailaora Lola Montes...-Adivinó el taxista canijo al ver, por el retrovisor interior, la cara de amargura decepcionada de su pasajero.

-¿Cómo lo ha sabido?..-Preguntó Dunaújváros algo que era evidente con sólo mirarle. Su cara también expresaba su cabreo.

-Lo lleva escrito en la cara, pero yo puedo llevarle a otro local dónde hay muchas chicas dispuestas a lo que sea para curarle las penas...-Insinuó el conductor canijo sonriendo con picardía.

-Quizás otro día, hoy no estoy de humor...-Rechazó la idea.

-Le doy mi tarjeta por si me necesita, señor.-El taxista canijo le entregó una tarjeta impresa. Aprovechó que estaban detenidos en un semáforo. No desaprovechaba la oportunidad de ganarse la vida “honradamente”.

-Gracias.-Dunaújváros la cogió por compromiso. Siempre iba bien tener un guía en la ciudad. Barcelona era un misterio por descubrir para él.

“Josep Torrecilla, taxista y guía, para servirle”, ponía en la tarjeta junto a un número de teléfono fijo corregido a mano. Todo un personaje.

El taxi recorrió la ciudad, dónde había caído la noche, bajo la luz de las farolas amarillentas que le daban un aspecto fantasmagórico. Las calles se vaciaron de repente. Las pocas personas que caminaban por ellas parecían tener prisa por llegar a la seguridad de sus casas.

-No le recomiendo andar solo por la ciudad, cuando es de noche, si no quiere tener un susto, señor...-Le avisó el conductor.

-Lo tendré en cuenta.-Aseguró Dunaújváros que no se asustaba tan fácilmente. Su Hungría natal era más peligrosa de día.

-Ya hemos llegado, señor.-Dijo el taxista canijo deteniendo el vehículo delante del hotel Marmóreo. Paró el taxímetro.

-Gracias por todo...-Dunaújváros se despidió del taxista canijo. Subió la escalinata y abrió la puerta. Se dirigió al mostrador de recepción.

-Buenas noches, señor.-Le saludó el conserje, el mismo chico joven de la noche anterior, con cara de estudiante pobre.

-Quisiera cenar...-Pidió Dunaújváros que tenía hambre.

-Lo siento mucho, pero el comedor ya está cerrado...-Replicó el conserje sin darle ninguna alternativa.

-Pero no es tan tarde...-Se quejó Dunaújváros.

Según su reloj de muñeca apenas pasaban de las diez.

-Aquí seguimos el horario europeo: Las comidas de once a una del mediodía. Las cenas de cinco a siete de la tarde.

-Pues tendré que acostarme sin cenar...-Se lamentó.

-Lo siento mucho, pero no puedo ayudarle.-Recalcó el conserje que no estaba dispuesto a compartir su fiambrera, cocinada por su madre, con el huésped.

-Deme la llave de la 22.-Pidió Dunaújváros resignado.

-Tenga...-El joven conserje la cogió del casillero.

Dunaújváros tuvo que subir por las escaleras hasta el segundo piso, el ascensor continuaba con el letrero de averiado, y caminó por el sombrío pasillo hasta la habitación 22.

-Vaya nochecita me espera...-Se quejó en vano. La habitación seguía siendo tan deprimente cómo la noche anterior, pero pronto dormiría en una cama mejor. Se quedó en ropa interior, se tumbó en el camastro y cerró los ojos. El día había sido largo. El sueño lo atrapó en sus brazos acogedores.

***

El teléfono sonó de repente de forma insistente. El timbre agudo rompía el silencio de la madrugada despertando a Dunaújváros de su sueño reparador. Abrió los ojos irritados y lo que estaba viendo le confundía. Se encontraba en el elegante dormitorio de su piso, bajo las sábanas de terciopelo, y acompañado de una bella mujer desnuda.

No recordaba su nombre ni cómo llego a su cama, pero eso no era lo que le preocupaba. El teléfono seguía sonando llamando su adormecida atención. Por fin, estiró el brazo para descolgarlo.

-Diga...-Acertó a decir con voz ronca. Aún dormido.

-Soy un amigo...-Aseguró una voz de hombre desconocida.

-¿Quién eres?-Preguntó Dunaújváros desconcertado.

-Mi nombre no importa...-Replicó hablando con prisa.

-¿Qué quieres, amigo?-Dunaújváros perdía la paciencia.

-Avisarte que tu mecenas ya no confía en ti...-Le advirtió.

-¿De verdad?-Dudaba del amigo sin nombre.

-De verdad. Vas a recibir la desagradable visita de sus hombres dentro de una hora... Si no quieres que te rompan el corazón, yo desaparecería rápidamente... Es un consejo de amigo...-Se oyeron unos ruidos de pasos de fondo. La voz anónima colgó el teléfono bruscamente.

Dunaújváros saltó desnudo de la cama. La advertencia era cierta. Su vida corría peligro. No tenía tiempo que perder. La bella mujer desnuda desconocida no le importaba lo más mínimo. Si quería salvar su pellejo. Se vistió rápidamente con el primer traje que vio en el armario. Cogió una bolsa de deporte negra del fondo. Allí guardaba su plan de escape. Tratar con un hombre de negocios turbios le hacía ser desconfiado. Nunca sabes cuando puedes caer en desgracia...

-Llegó el día de desaparecer...-Pensó Dunaújváros cerrando la puerta del piso que pagaba su mecenas. No miró atrás. Volvía a huir hacia adelante igual que salió de su Hungría natal.

Bajó las escaleras de dos en dos cómo alma a la que persigue el diablo. No se podía negociar con él sin perder algo a cambio. Su mecenas fue muy generoso con Dunaújváros. Sus conocimientos de química le abrieron las puertas de un mundo desconocido.

Un mundo del que huía para no pagar las consecuencias.

***

Dunaújváros se despertó sobresaltado, sudaba a mares, y con el corazón saliéndose del pecho. La habitación estaba a oscuras. No sabía dónde se encontraba. Encendió la luz. Se sentó en el borde del camastro intentando calmarse. Le faltaba el aire.

-Fue una maldita pesadilla...-Dijo al comprender que había revivido su precipitada huida de tres noches atrás.

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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