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6 min
Muerte de un vividor - 9 - Alguien de fiar
Suspense |
28.09.20
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Sinopsis

La ciudad de Barcelona despertaba el interés de Dunaújváros...

La ciudad de Barcelona despertaba el interés de Dunaújváros.

Creía que se podría adaptar a su ambiente mediterráneo, sus bellas mujeres y las facilidades que daban a alguien recién llegado con dinero abundante. Alguien cómo él.

-Me gusta...-Dijo Dunaújváros viendo las bulliciosas calles de la ciudad desde la comodidad de la ventanilla del taxi. Se dejaba llevar.

Yosep conducía cómo si le persiguiera la policía. Rápido y esquivando los lentos coches que se interponían en su camino. Por una vez, no daba un rodeo para alargar la carrera. Éste era un cliente a cuidar.

-Llegaremos pronto...-Yosep había dado su palabra.

-Te creo.-Dunaújváros se agarró al asa de la puerta.

-No se preocupe que llegará de una pieza...-Broméo Yosep viendo la cara de tensión del pasajero. Era culpa suya al darle prisa.

-No lo dudo.-Replicó Dunaújváros arrepentido.

El taxista cumplió su palabra. Detuvo el vehículo enfrente del concesionario de coches a su manera. Chirriando los frenos.

-Llegamos.-Dijo el taxista canijo sonriendo divertido.

-Ya lo veo...-Dunaújváros suspiró aliviado. Sintió el peligro.

-¡No dude en llamarme de nuevo!...-Se despidió Yosep.

-Si puedo evitarlo, no lo haré...-Se prometió a si mismo. Entró en la explanada de cemento del concesionario “Gangas Pérez y Asociados”. Caminó entre los coches de segunda mano dirigiéndose a la garita de la oficina. Su descapotable estaba enfrente.

El vendedor no salió a recibirle lo que le extrañó. Tuvo que abrir el mismo la puerta de la oficina. Allí se encontraba Augusto Pérez, el propietario, disfrutando de su almuerzo de media mañana.

-Que aproveche...-Deseó Dunaújváros llamando su atención.

-Muchas gracias, señor...-Pérez no le reconoció.

-Soy Dunaújváros y vengo a recoger mi descapotable...-Le refrescó la memoria al despistado propietario.

-Ya recuerdo... Tengo aquí la documentación de su coche... Si hace el favor de firmar la compra...-Pidió Pérez dándole asiento.

-Y yo tengo su cheque por 250.000 pesetas de mi banco.-Dijo Dunaújváros sacándolo de su cartera. Esperaba acabar pronto.

-Perfecto. Aquí tiene las llaves y la documentación. Dispone de una garantía de seis meses. Espero que lo disfrute, señor...-Deseó Pérez acompañándole a la puerta de la oficina.

-Muchas gracias...-Dunaújváros puso en marcha el motor. La señal de reserva se encendió, cómo se temía. Por suerte, creía haber visto una gasolinera en el polígono industrial cuando le trajo el taxi.

Dio varias vueltas a las calles abarrotadas del polígono hasta dar con ella. Gasolinera Pérez y Asociados. Quizás eran familia, pero pronto lo averiguaría. Nada más detenerse al lado del surtidor se le acercó un operario con mono verde. Se parecía al otro Pérez.

-¿Lleno, señor?-Preguntó el operario con sonrisa falsa. Daba la impresión de no estar contento con su trabajo. Llevaba una colilla apagada colgando de los labios. Todo un personaje.

-Lleno, chico... ¿Puedo llamar por teléfono?

-Hay teléfono público al lado de la estación...-Lo señaló.

-Gracias.-Dunaújváros bajó del descapotable, se acercó al teléfono y marcó el número del taxista canijo. Necesitaba su ayuda.

-¿Dígame?-Contestaron al otro lado de la línea.

-Soy Dunaújváros... ¿Dónde puedo encontrar casas en alquiler en esta ciudad, Yosep?-Preguntó directamente.

-Puedo llevarle en diez minutos.-Se ofreció Yosep.

-No es necesario. Me he comprado un descapotable...

-Me alegro por usted...-Yosep veía desaparecer a su cliente.

-¿Dónde me aconsejas?-Insistió Dunaújváros con prisa.

-Vaya a la zona alta de Barcelona, a la montaña...-Respondió a regañadientes temiendo perder a un cliente fijo.

-Gracias, te lo compensaré...-Prometió antes de colgar. Pagó la gasolina y subió a su descapotable. Llamó al chico.

-¿Por dónde llego a la zona alta de Barcelona?

-Suba por el Paseo de la Zona Franca, luego sigo recto por la Rambla de Badal. No tiene pérdida. Irá a parar al barrio de los ricachones...-Aseguró el operario con ironía.

-Muchas gracias.-Dunaújváros abandonó la gasolinera rumbo al barrio de los ricachones. El paseo era ancho y de aspecto industrial, pero cambió al cruzar una gran plaza. Se transformó en una rambla amplia con árboles cuya sombra cobijaba a viejos ociosos.

Continuó conduciendo sin detenerse. Seguía siendo un barrio obrero y no era lo que buscaba. Él quería algo de más categoría. Una casa acorde con su nivel social y su abundante cuenta bancaria.

Conforme subía en dirección a la montaña, la calle cambió de aspecto. Se notaba la riqueza en los edificios. Dunaújváros seguía conduciendo mientras admiraba el paisaje urbano.

-Parece que estamos llegando...-Pensó al cruzar una amplia avenida llamada Diagonal. Curioso nombre. Se adentró en un barrio elegante con otro nombre original: Pedralbes. Recorrió sus cuidadas calles fijándose en las fachadas de las casas.

Circulaba despacio por la Avenida Pearson cuando vio un pequeño letrero escrito a máquina de escribir. Detuvo el coche en el vado de la entrada. Bajó y se acercó a la puerta para leerlo. Era él que buscaba.

-Se alquila chalet. Señor Puértolas. Teléfono.-Decía el escueto letrero sin indicar el precio. Llamó al timbre por si había alguien.

Al cabo de unos minutos, se abrió la puerta una mujer mayor vestida de criada con cofia incluida. Llevaba un plumero en la mano.

-¿Qué desea?-Preguntó con fuerte acento del sur.

-Quisiera hablar con el propietario.-Señaló el letrero.

-Lo siento, pero yo sólo vengo a limpiar... Tendrá que llamarle por qué no hay nadie más en la casa...-Aclaró la mujer.

-Muchas gracias por todo...-Apuntó el número en un papel.

-Tenga un buen día...-La ocupada mujer cerró la puerta.

Dunaújváros subió de nuevo a su descapotable. Necesitaba un teléfono y la mujer de la limpieza no le dio la oportunidad de entrar.

-Tendré que encontrar un bar...-Pensó en voz alta.

Tuvo que bajar hasta los límites del barrio de Pedralbes para dar con una cafetería de diseño llamada “Café de Brasil”. Estacionó su descapotable enfrente. Cruzó la calle andando y entró en el local. Casi todas las mesas estaban ocupadas por ociosas mujeres adineradas charlando entre ellas. Le obsequiaron con una mirada curiosa. Se sintió hombre objeto.

-¿El teléfono, por favor?-Pidió a la chica del mostrador.

-Al lado de los servicios, señor.-La chica miró a su derecha.

-Gracias.-Dunaújváros se dirigió al teléfono fijo ignorando las miradas femeninas. No era el momento de distraerse con ellas. Marcó el número y esperó varios tonos a que contestaran.

-Puértolas y Asociados. ¿Dígame?-Dijo una voz de hombre.

-Me llamo Bernát Dunaújváros y estoy interesado en el chalet en alquiler de la calle Pearson...-Explicó hablando español despacio.

-Soy el señor Puértolas. Deme media hora y nos vemos allí.

-Está bien, pero no me haga esperar.-Exigió.

-No se preocupe... Seré puntual.-Aseguró antes de colgar.

-Un café con leche, por favor.-Hizo tiempo. Salió a la calle y subió a su descapotable. Notaba sus miradas tras los ventanales. Dio alguna vuelta, pero consiguió encontrar el chalet en alquiler.

-Buenos días, señor Dunaújváros.-Un hombre con pinta de oficinista y maletín marrón le esperaba delante de la puerta principal.

-Buenos días, señor Puértolas.-Confiaba que su traje y el descapotable le convencieran que era un inquilino de fiar...

 

Continuará...

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Soy un currante de oficina, hago manuales de productos sin alma, pero es un trabajo que me da de comer, pago facturas y me permite vivir cada día pendiente de si el cielo caerá sobre mí... A parte de mi profesión, mi afición es escribir relatos donde dejar volar mi imaginación con tendencia a la ironía... Llevo publicados ocho libros en Amazon. Saludos cordiales, Rafael Núñez Abad

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